DON SAMUEL AGUIÑIGA DUARTE. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 15/VII/09

DON SAMUEL AGUIÑIGA DUARTE Un dólar bien vale un millón…

Era cosa de mañanear un poco, tomar el rumbo de Los Guanumos, subir por el amplio callejón entre las cercas de los potreros rumbo al Guayabo y las de los cercanos al arroyo, allí por donde don Froyla Maya, y ya está. Lo demás era subir y subir, fuese a pie, en pachorrudo burro, o a caballo trotador. Y de callejón en callejón, bordear El Rodeo, El Palo de la Llegada, el potrero de Juan Campos (don Juan Campos), el potrero de Trino Aguiñiga (don Trino Aguiñiga) y luego seguirse por El Cavulote , hasta las inmediaciones del Cerro del Metate, y más a la derecha, los potreros aún del territorio de Ziquítaro, rumbo a San Antonio Carupo. Pero si seguía uno rumbo a Caurio, debían cruzarse llanos, rodear algún mogote, otra vez callejones y ya está: Caurio de Guadalupe, el de la tierra colorada, el verdor de las cercanías de la sierra, refugio de ziquitarenses en tiempos difíciles, y la tierra de don Amador, aquel hombre tan atento, comerciante en ganado, buen ganado para volverlo jugosas carnes de reses de Ziquítaro y de poblados cercanos, lo supongo. Dije don Amador y cómo no lo iba a conocer, si él disfrutaba siempre de la hospitalidad de los serviciales y amables vecinos de la infancia, doña Altagracia Sepúlveda y don José Duarte, sus compadres. Era cosa de ver a don Amador (¿Espinoza?, no recuerdo bien el apellido), en su caballo ligero y protegido, creo recordarlo, con las chaparreras pegadas a la montura. Don Amador sí conocía bien, ese camino que nombré

. Pero no es cosa de uno detenerse en el camino, porque se demora el viaje y la llegada a la meta, a donde va uno. Si acaso sea conveniente detener el paso, darse un respiro en el camino, revisar si se va en la dirección correcta, y ya está: no mirar atrás si se va arando como dice el Evangelio, o caminando como es el caso aquí. Y esto, creo, es válido para personas y sociedades. De lo contrario, de no revisar las metas, caemos en lo oscuro de la barranca del desamor, del desentendimiento, de la violencia y del crimen. Como se ve, pues, desde esta mañana y a través de los medios. El regreso, desde donde me quedé, no es difícil. Es lo mismo, pero al revés, lo que me hace entender , y aquí está lo curioso, el ver las cosas al revés, o sea de aquí para allá y de ahora para’trás, tiene también su atractivo.

SALUDO AL MADROÑO DE PIEL TERSA, COMO DE MUCHACHA Porque no se trata solamente de desandar lo andado y volver al Cavulote, de paso saludar al gran madroño de piel tersa como de quinceañera y luego pasar de nuevo por el Potrero de don Trino, el Potrero de don Juan, inmediaciones del Palo de la Llegada, cerca de la Cueva del León, ya casi en El Guayabo, rozarle un poco al Rodeo, callejonear desde luego, volver a Los Guanumos y de allí al Llano, al barrio de la remembranza infantil. Desde luego desandar lo andado tiene su chiste, sobre todo si se monta uno en las alas del tiempo y regresa a los tiempos nebulosos (en el recuerdo solamente, conste) de la infancia campirana. Porque, es inevitable mencionar nombres, en este caso entreverados con potreros y los potreros con callejones y los callejones con nopaleras, encinares , casahuateras, huizaeheras, arroyos y peñascales y, otra vez, con el gran madroño de piel de adolescente perfumada. Después de todo, se vale porque, éste, pretende ser un trabajo con pretensiones literarias y no tanto periodístico. Literario por cuanto teje, en desilvanada red, recuerdos con datos, nombres con potreros, reminiscencias con nostalgias y hace de todo ello un homenaje al terruño y a sus personas. Periodístico, lo que también es literario, muy poco, por cuanto el acontecer escapa al trágico momento de estos días y de esta mañana en que escribo. Pero si hay un dato duro, mezclado con el recuerdo, como la existencia del terso madroño, válgase pues el recurso a la base de datos de la memoria. En todo caso, escribir por asociaciones puede tener la ventaja de que, en el caminar del texto, puede uno detenerse en cualquier lugar del camino y el pretexto del Potrero de don trino Aguiñiga, de paso para el Cavulote y el Cerro del Metate, o de regreso a Ziquítaro (el ombligo del mundo, dicho sea de paso), es muy pertinente para hablar de él, de don trino, el patriarca de una grande familia, la familia Aguiñiga Duarte.

UN HOMBRE DEVOTO A don Trino lo recuerdo ya de edad, alto, corpulento, pelo blanco terso aun cuando no muy abundante y espero no equivocarme en esto. Es un recuerdo de infancia y de juventud. En mis limitadas apreciaciones, apoyándolas un poco ahora con mis vivencias de adulto, me atrevería a decir que don Trino era de una personalidad consistente. Y devoto y tal vez por eso consistente. Llegaba a verlo en actos litúrgicos, siempre constante, al igual que muchos de su edad, entre otros mis abuelos y particularmente don Vicente Martínez del Río. Y qué decir de doña Lucita, doña Luz Duarte. Su figura menudita, bajita y bondadosa. Qué decir de ella, sino agradecer y bendecir, por aquella visita personalizada cuando falleció mi hermano Roque, en 1970. Ella, doña Lucita, días después del sepelio, acudió a donde la familia nuestra para hacer una visita de pésame. De esas visitas que vinculadas a un acontecimiento penoso, más que cortesías, son una oración viviente. Imposible recordar todo de personas, sobre todo cuando el trato no puede ser directo, por la barrera natural que se crea entre niñez, juventud y edad mayor. Pero sí recuerdo la sonrisa benevolente de Salvador, la presencia Vigorosa de Pedro, y menos distancia con los de la camada como Quico (mi tío político) y Javier. Pero de Trinillo (J. Trinidad Aguiñiga Duarte) hay qué decir algo. Pero no antes de contar una anécdota, por aquello de que Trinillo siempre me pareció de buen humor, que ojalá, ahora en su edad madura, lo conserve. No voy a contar sobre la primera vez que vi, conocí al monstruo llamado tren, o más propiamente su locomotora, su máquina, en Panindícuaro, el susto metafísico que me dio (en mi infancia, a lo mejor hasta lo equiparé a un dragón infernal). Pero esto que cuento, fue de seguro en las entrañas del dicho monstruo. Y no sé si en Panindícuaro, o antes en el trayecto a Zacapu. El caso es que coincidieron mi papá Chon (Encarnación Martínez) con Trinillo, dentro del tren. De donde venían, a dónde iban, no lo sé, supongo que a Panindícuaro y de allí a Ziquítaro, en otro medio de transporte, entonces a caballo, burro, o a pie y no había de otra si era en temporada de aguas. Si en secas, de seguro en aquellos camiones que sin prisa viajaban durante cuatro horas de Ziquítaro a Zacapu.

“NOMAS NO ME LEGAÑES, CANA”, FESTEJABA TRINILLO Mi posible lector, habrá adivinado de seguro que yo andaba allí. Lo ratifico al decir que, sea por alguna tragazón imprevista, o por lo que usted quiera o guste, ya me andaba. Fuera la poca práctica para ir al sanitario en un medio de transporte no muy común en el uso campesino, o haya sido lo que fuere, el caso es que me hice en los pantalones. Debió venir el regaño paterno, con mayor razón que, según contaban las crónicas, Chon, ya mero se caía del tren con todo y mí. Y ante el regaño, no me quedó más que replicar según dicen, con aquel famoso “nomás no me legañes, Cana”. Y debió haber testigos, porque durante muchos años Trinillo me saludaba con un sonriente y divertido: “nomás no me legañes Cana”, lo que de seguro le hizo gracia, como es propio reaccionar ante las ocurrencias de un pequeño. Donde no hay comparación, es en las convivencias, y en La Ciénega, por más señas. Ciénaga, se diría en lenguaje urbano. Nosotros simplemente le decíamos La Ciénega, y era aquel vasto terreno ejidal, plano, entre Tirímacuaro, La Luz y lo que se conoce ahora como Norica, por el rumbo de un venero denominado de Tierra Caliente. Por allí estaban las parcelas de mi papá don Encarnación Martínez, la de don Feliciano Ventura, Chanillo, la de don Trino Aguiñiga o sería del joven Trinillo Aguiñiga, no recuerdo. Tiempos de siembra del garbanzo, allá por octubre, o de su cosecha, allá por marzo; tiempo de siembra del trigo, o de su cosecha, en fechas parecidas. O simplemente su preparación, a la hora de la limpia del terreno, o del barbecho. Un terreno tan plano (y tan fértil con el limo bajado desde el cerro por los arroyos), y en el cual no había manera de recoger leña.

Por eso, a la hora de “bueyear”, temprana la mañana, en aquellos despertares del día junto a la barranca y luego del almuerzo para los bueyes: nopal blanco chamuscado para quitarle las espinas, y luego del primer encuentro con los tacos sabrosos que preparaba mamá Benita, a echarle unas barañas al burro para la hora del medio día, hacer la lumbre. Bueno, para no alargarla, para mi, sembrador de mi papá, o simplemente arriador de los bueyes o burros, según el caso, o temporada, la hora más importante, luego de andar explorando los terrenos en busca de bichos o de yerbas con qué entretenerme, era la hora de la comida. La convivencia del día, alrededor de la lumbre (de la hoguera, o fogata), donde se juntaban en ejemplar armonía, los ejidatarios vecinos y entre ellos, obvio es decirlo, Trinillo Aguiñiga. De plano, en mi interés no estaban las pláticas de los mayores, aunque se pegaba una que otra información, de esa propia de aquellos tiempos y lugares. Lo importante, digo, para mí, era investigar y ver de qué eran los tacos puestos en la fogata, al escrutinio de toda la concurrencia. Y no se requería mucha astucia para adivinar los respectivos contenidos, porque en eso se había adelantado la democracia varios lustros, la democracia económica, digo, porque la mayor parte de las veces, y que , me perdonen las subsiguientes generaciones, dominaban los tacos de frijoles. Eso sí, preparados los tacos de frijoles con diligente interés por las mamás, que siempre, siempre, acompañaban la servilleta con su buena dotación de chiles, fueran secos o verdes, según temporada, pero siempre también una buena dotación de sal en la esquina anudada de la servilleta, porque creo entender que no había saleros como los conoce la edad moderna.

EL QUESO, BUENA COMPAÑIA Claro, no era de desdeñar, también según tiempos y circunstancias, el acompañamiento de un que otro queso. Pero a este propósito, creo recordar que a veces mi marcado interés se manifestaba en aquellos tacos de queso fundido, y espero no me falle la memoria, y creo que debió atribuirse tal esmero a la cocina de doña Lucita. Claro, en una convivencia también existen ciertas previsiones, no faltaba más, ninguna democracia es perfecta y en aquella democracia de la fogata y la vecindad parcelaria, también había una pequeña restricción, aunque, como digo, no siempre, supongo, sino también según tiempos y circunstancias y depende también de lo que llevara dentro el taco. Es de mencionar que no era yo el único chamaco entreverado con la adultez rural, por lo que voy a decir y, curándome en salud, no me venía a mí el saco ni a Chon. Pero según decires, llegó a darse el caso de que cuando alguien, por aquello de campo libre para meter mano y dedos al fogón para recuperar algún taco, veía riesgo de cierta ligereza a la hora de meter la mano, decía simplemente: “esa es del muchacho”. Y creo que esa expresión hizo historia, como la generada por mi papá, años después cuando, en cierta reunión de convivencia, en Ziquítaro, claro, vio cierta lentitud a la hora del reparto de las ahora denominadas “cheves”, externó su protesta por el tal vez involuntario olvido, y dijo simplemente: yo también vine. Y en medio del regocijo de todos, fue desde luego subsanada la omisión, pero el dicho hizo historia, tanto, que yo mismo lo he utilizado como título de una sección de mis trabajos. Y con motivo de su paso definitivo, de mi papá Encarnación hacia nuestro Creador, escribí un texto que he denominado Carta Abierta y donde me hago eco de la observación de mi papá, que le dice a Papá Diosito: yo también bien. Y Diosito le contesta simplemente: desde luego.

DON SAMUEL Y EL DÓLAR DEL MILLON Bueno, y a estas altura de mi texto, algún posible lector podría objetarme, y con toda razón, a qué viene todo esto, si titulaste tu trabajo como Don Samuel Aguiñiga Duarte. Un dólar bien vale un millón…. Digo que la cosa no es tan complicada, puesto que hago mención en todas estas líneas de miembros de la familia Aguiñiga y aquí le toca su lugar a él, a Samuel. Espero que desde allá, desde donde está, me regale una sonrisa benevolente, y desde luego una oración, como dispensa de algún dislate que pueda yo escribir respecto a él o de su familia. De no fallarme la memoria, creo haber contado, hará poco más de medio siglo, durante aquel tiempo de mi escuelita improvisada en Ziquítaro, con Jorge y con Socorrito como alumnos. Y luego, durante mi paso efímero por los USA, recuerdo haber disfrutado de la hospitalidad de él , de Samuel y de su familia, durante las visitas que hacía a su casa junto con Roberto Duarte Sepúlveda. Guardo positivos recuerdos de Samuel y ahora, hará pocas semanas, tanto Pedro Aguiñiga Bucio, como Javier Aguiñiga Rodríguez , sus sobrinos, me comunicaron del fallecimiento de su tío. Datos que me proporcionó Javier indican que Samuel Aguiñiga Duarte, nació el 8 de marzo de 1920, en Ziquítaro y falleció el 19 de junio de este año 2009. En la época de los cincuenta, dice Javier Aguiñiga Rodríguez, Samuel emigró hacia los Estados Unidos con sus hijos, y su esposa Ana María Campos Serrato (QPD). Samuel Aguiñiga trabajó en los ferrocarriles, de donde se jubiló. Le sobreviven sus hermanos Francisco, J. Trinidad (Trinillo), Ana María y Javier Aguiñiga Duarte. Sus hijos, todos universitarios, Socorro (QPD), Jorge, Leticia, Héctor, Ana María y Jeanet Aguiñiga Campos. Con motivo de su fallecimiento, un gran número de familiares y amigos acompañó a Samuel, en memoria de quien se efectuó un servicio fúnebre, el 21 de junio, en la ciudad de Whittier, California. Allá por fines de los cincuenta, hará medio siglo, cuando este servidor, o sea yo, Silviano, andaba por allá en busca de mí mismo, de trabajo y aprendiendo en la escuela de la vida, coincidimos con Samuel, frente a la casa de Adrián Campos, en Mexicali. Samuel, de manera discreta, metió mano a la bolsa, sacó un dólar y me lo regaló. Los actos generosos nunca se olvidan y, por el contrario, siembran vida en quien los genera y en quien los recibe. Por eso, medio siglo después, termino la frase que empecé arriba: Un dólar bien vale un millón…de gracias.

DON FROYLÁN MAYA VARGAS. Silviano Martínez Campos

DON FROYLAN MAYA VARGAS Silviano Martínez Campos

A don Froyla lo recuerdo siempre calmado, ecuánime, abierto a las opiniones, respetuoso de los demás. Esas y otras muchas cualidades, habrán sin duda crecido más en su productiva edad madura. A don Froyla lo entrevisté hará poco más de un año. En esta plática manifiesta una profunda disposición a saber, a enterarse y a opinar sobre lo que lo rodea. Relata lo que ha escuchado, de testimonios, a lo largo de su valiosa vida, sobre el querido pueblito, su Ziquítaro. En ella queda expuesta el alma campesina, su ansia de superación y de paso, una riqueza irrepetible, por original, del habla campirana, el colorido de sus expresiones y la belleza de las construcciones en frases y palabras. Agrego al final un extracto de La Parentela sobre el apellido Maya en Ziquítaro, con la pertinente advertencia de que todos son datos provisionales, en espera de mayor amplitud de datos. Y, a manera de viñetas, pongo junto al texto fotos de él y de su bien cuidado barrio, Los Guanumos, que tomé durante una de mis correrías por nuestro pueblito. Enseguida, pues, la charla con este sabio campesino, don Froyla Maya, a quien acompañó en su vida una no menos valiosa persona, su compañera, siempre afable, siemrpe suave en el trato, doña Delfina Martínez Campos. +++++

—–¿Cuál fue su año de nacimiento, don Froyla? —-El año de 1922. Me registré el 5 de febrero de ese año. En Penjamillo. —Hasta qué año llegó de primaria. —No tuve más que treinta días de primaria. Fue todo lo que yo estudié, en los planteles que había en Ziquítaro. —Quién fue su maestro, o maestra —Pues u n señor que se llamaba Cruz, no me acuerdo del apellido. No supe de dónde sería, era de los primeros maestros que venían aquí, pagados por el gobierno. —Dónde estaba la escuela, o la casa do nde daba las clases. —La casa estaba en esa casa vieja de don Pedro Rábago, que allí después se hizo dueño de esa casa, Agapito Arroyo.

—Frente al templo viejo. —Allí mero —Unos cuantos días allí,, y unos cuantos días en la casa que ahora habita Amado Báez, allí estuve otros días en esa casa. —Yo recuerdo que esa casa era escuela, pero ¿en el tiempo de su niñez ya era escuela? —-En esos años precisamente porque no había escuela aquí, allí conocí yo los estudios. —Y por qué treinta días nomás, don Froyla. —Porque pues ya mis padres necesitaban ya mi ayuda, verdad, y no teníamos modo de sostener, en esos tiempos eran tiempos muy (no audible) para la gente y yo pos de ver a mi padre.

—Estamos hablando de los veinte, usted tendría siete, ocho años. —Por ay, siete, ocho años, si —Allí en esa casa de Amado Báez, allí estaba u na profesora, que lo único que nos enseñaba allí, era cantar y a cositas así de niñez, pero muy poco. —¿No sería porque estaban ustedes muy niños, muy chiquillos? –Pues yo creo, yo creo y sí también nos daba pues clases, que de la pura verdad yo allí de esa profesora no aprendí más que una pura cosa: cómo se pronuncia la “c” con las vocales, con la a, la o, la u, y con la e y la i. Fue todo lo que aprendí allí, con esa profesora.

—¿Treinta días? —Treinta días nomás. Serán unos dos o tres días más. —¿Y con el profesor Cruz? —Fue todo, el mismo, el mismo plazo, en los dos lugares. —¿Y de dónde era ese profesor, no recuerda el nombre? —No, no recuerdo, ya hace muchos años. —Bueno, pero usted aprendió a leer y a escribir, ¡Cómo le hizo!. — Mire, yo después, me dieron muchas ganas de estudiar. Yo ya teniendo como alrededor de unas 14, ó 15 años me dieron muchas ganas de estudiar, pero yo casi, lo que yo sé, las letras, me las estudió mi madre. Mi madre al pie del metate, donde ella estaba moliendo, allí me estaba enseñando las letras, que por cierto que… —Y cómo lo enseñaba. —-Me enseñaba: mira, así se hace esta, así se hace esta otra y así se hace esta otra, tanto que hasta me costaron muchos varazos de mi madre porque lo que es la letra “b”, la “p”, y la “d”, son tres letras, que tienen la vuelta diferente y eso era lo que me enseñaba, para poder entender cuál era una y cuál era otra ¿verdad?. Y me costaban varazos. —Su señora madre. Era el estilo de entonces, ya fueran padres de familia o maestros. —Sí, sí. —Me repite el nombre de su señora madre? —Se llamaba Jesús Vargas Cabrera —Y mi papá se llamaba José Maya Esqueda. —Pero aprendió usted a leer. —Entonces con ella, aprendí nadamás las letras, a leer, muy poquito. Pero después yo me interesé mucho, fui agarrando libritos por ái, y con eso yo me fui enseñando pues a leer tantito, ¿verdad?. pero a escribir no. A escribir, escribo poco pero ya después llegando a cerca de los 18 años, a mi me dieron muchas ganas de estudiar. Pero yo conocí que mis padres, estaban pues muy pobres, qué me gano con sacrificarlos yo, irme a un colegio. Pudieran aceptar ellos, pero no, yo considerando su pobreza. —A un colegio, dónde. —-En Morelia, a mi me daban ganas, dije, pero qué me gano con decirles, ellos están muy pobres. —Tenía 18 años. —Poco menos de 18 años. —Qué idea tenía del colegio al que usted hubiera querido ir. —A mi me gustaba, que si yo hubiera ido al colegio, yo hubiera sido ingeniero, porque era la profesión que me gustaba a mi. Tanto que hasta allá he llegado. Ahorita me gusta estudio de eso. Yo interpreto medianamente un plano, que hemos andado por ái con los ingenieros… Para enseñarme un poco de letras y números, en este solarcito de mi casa, llené libretas, escribiendo lo que me gustaba: y esta palabra es así, y esta palabra es así y numeración acabé libretas para poderme enseñar a sumar, restar, multiplicar y dividir. —Usted solito aprendió. Viendo algún libro —Bueno, los planteos no los agarré de libro. Mire, de multiplicar, mi comadre Elisa Martínez fue la que me enseñó a plantear una cuenta. Allí empecé con eso. Yo agarré la libreta, y ái estoy, así estoy, ái estoy: esto debe ser así, esto debe ser así. Mi padrino Pancho Vargas, un hermano de mi mamá, me enseñó otro planteamiento. Entonces aquí en una escuela después, estuvo un hijo de Adulfo Cerda, que era el más aventajado que había allí. Y yo, para enseñarme a dividir, le pregunté a ese muchacho. Por cierto que andábamos cuidando animales por allá en el potrero de don Trino Aguiñiga. —Y allá le preguntó —Y allá le pregunté: oye, cómo se plantea una cuenta para dividir —No, os así, mira es muy fácil. Y con aquello, agarré la libreta y ái estoy, ái estoy, ái estoy y medianamente conozco las cuatro reglas yo por eso. —Cómo se llamaba el hijo de Adulfo. —Jesús Cerda. Pos no me acuerdo la señora cómo se llama —¿Gómez? —Gómez, yo creo Gómez, sí —Usted mencionaba, cuando estuvo aquellos 30 días en la escuela, mencionaba libros. ¿Cuál fue el primer libro que recuerda usted haber visto? —Una gramática que todavía la tengo. Una gramática, que esa está escrita por Velarde y Marín. Ese es un libro. Y no recuerdo de qué otro autor agarré otro libro, para saber algo de eso. —¿Lo tiene a la mano?. —Por ái sí lo tengo, pero está en un beliz lleno de libros que tengo por ái. Bueno, yo para enseñarme, porque yo estudié ya después y aquí en México, con mi compadre Jesús Campos Cerda. —Eso fue muchos años después. —Sí, ya hasta a la última. Porque yo muchas cosas las vine estudiando por acá, cuando ya me casé. Entonces fue cuando yo vine estudiando la numeración, la aritmética, nociones de álgebra y geometría.Eso lo vine estudiando ya acá de macizo, yo me casé pues de 28 años. Con la esposa. —Delfina. —En 1950. Delfina Martínez Campos. Ni qué le cuento, ni la dejaba dormir yo por el interés que tenía yo de acabar aquel estudio. Entonces, de allí para acá puros libros, puros libros, yo llegué a encargar libros de Estados Unidos, creyendo que aquí en México no los había, porque allá estaba un hermano mío, contratado en Estados Unidos. De San Antonio, Texas, le mandé pedir un libro. —Qué libro. —Es un libro de matemáticas, que se llama, Aritmética, nociones de álgebra y geometría. —¿No recuerda al autor?. —Sí, ora lo verá, aquí nomás lo tengo. Jorge Quijano, profesor oficial de las escuelas oficiales y de la Universidad Autónoma de México. Ese es el libro que yo estudié. Por eso yo conozco algo de eso, verdad, y me ha servido mucho en la vida. —¿No le llamaba la atención leer literatura, dijéramos cuentos, poemas?. —Nooo, no me daba mucho por eso. Y ahora ya de macizo, ya de mucha edad, como que me quiso gustar algo eso, pero no, nomás un puro librito escribí de eso. —Usted ha escrito libritos, cuántos. —No, os orita ya tengo como unos diez o once libritos. Bueno, no son libros, como usted me dijo un día, vedá, que no eran libros, eran como una libreta. —Se pueden decir apuntes —Apuntes. —Apuntes, verdad, de lo que, entre ellos, algo sobre Ziquítaro. —Sí, puntos históricos sobre Ziquítaro, esa obra la he venido escribiendo yo desde el 1976. Puntos históricos de Ziquítaro, desde allí para acá todo lo que yo personalmente he visto y he oídu, y muchas preguntas que yo hici del pasado, porque me interesaba, hasta pagaba yo dinerito. Había un hombree aquí que tenía muy buena y era de mucho conocimiento de lo de atrás, vedá, se llamaba Francisco Aguiñiga, el violinista que le decían, no me acuerdo su otro apellido. Ese a mi me orientó mucho de muchos puntos históricos que yo tengo, verdá. —Hay aquí un árbol muy grande, de la Ojodeagua, el Sabino. —Yo lo sé. —¿No recuerda usted qué edad tiene ese árbol?. —Bueno, la edad no. Pero ese árbol tiene alrededor de trescientos años. Sí, ese árbol lo trajo el fundador de los Campos de Aquí de Ziquítaro, lo trajo de un pueblo que se llama Churipiceo, del Estado de Guanajuato. Ese árbol sí tiene alrededor de 300 años, porque el p ueblo de Ziquítaro se fundó en 1694. —1694. —1694. Para setecientos hago la cuenta que nos faltaban siete años, verdá, por ay así más o menos. Entonces, ellos ya… —Quién lo fundó, ¿algún hacendado?. —Eran siete los hacendados. —-Eran caseríos. — Las primeras siete casas, verdad. Tenían pues muchos peones a sus órdenes, verdá, porque este pueblo se fundó con gente acomodada, de negocio. Sus principales negocios era la arriería, en esos tiempos, arrieros. Eran de ese negocio. —Comerciantes pues. —Sí, comerciantes, que tenían hatajos de mulas, el comerciante que menos tenía, tenía como veinte atajos de mulas y las mulas el atajo más chico era de veinte mulas, pero había unos que tenían atajos de cincuenta mulas. —¿Comerciaban de aquí a la ciudad de México? —No, hombre, a toda la República. Iban hasta Mexicali, por allá a Veracruz, por allá hasta las otras fronteras de Sudamérica. —Qué llevaban de aquí, ¿granos?. — Lo que llevaban, todo lo que había qué llevar. Queso, claro eso yo no lo vi todo, a mí me lo platicó don Francisco. –Por allá en aquel tiempo. —Por allá en aquel tiempo. —Don Francisco Aguiñiga le platicó todo eso. —Sí, me platicaba todo eso, yo todo lo tengo en lo escrito. Entonces, ya le digo, la fundación en ese año, y ya de allí pa’cá, pues aquellos hombres que ellos ocupaban ái verdá para que les arriaran las mulas y fueran a vender y, llevaban y todo lo que se encontraban en el camino para llevar, lo iban recogiendo y también de allá para acá, lo mismo venían haciendo. —Y cuál era el centro de operaciones, Ziquítaro, o Penjamillo. —No, pues eso, como centro de operaciones. —El centro del comercio. Dónde se concentraban pues — A sus propias casas. Todas estaban bardeadas, entraban los filos de mulas, porque había algunas que unos iban saliendo y otros iban entrando. —O sea, eran haciendas. —Haciendas. No de campo. —Mi abuelo Pachito decía que había una de don Vidal Saldaña. —No esas sí ya fueron después, que se hicieron de los terrenos aquí. No esto es de muy atrás. Por eso da la cosa que aquí empezamos. Mire, los arrieros que ocupaban, se iban y en una de esas, Alvino se llamaba el fundador de los Campos, fue el que trajo ese árbol, fue la plática que empezamos, el tema, verdá. Entonces trajo esos árboles porque era arriero y en esos, se trajo ese arbolito. —De eso le platicaba don Francisco. —Sí, y los dos árboles que están en el atrio de Penjamillo, también los trajeron hombres que se ocupaban de la arriería, pero esos sí eran personal, ellos llevaban lo querían y lo que podían, ¿verdad?. —Pero esos árboles son más jóvenes ¿no?. —Pues también es de aquellos tiempos, nomás un poquito más. —Llamados truenos ¿esos duran menos, no? —Pos quién sabe, ya están, ya los descopetaron, los recortaron, ya están otra vez bonitos. Esos los trajo el fundador de los Salgados, de aquí de Ziquítaro. —Quién sería el fundador de los Salgados. —Pues no me acuerdo yo muy bien. A mí don Aureliano (Salgado) me platicó, pero no me acuerdo muy bien. También había un Jesús, pero ya también de los más avanzados. El meramente de los Salgados, también don Ignacio (Salgado)me platicó algo, pero no me acuerdo bien como se llamaba. —Y por el lado de Campos, el primero fue Alvino, que era arriero. —Se llamaba Alvino —¿Y de sus descendientes de entonces no recuerda?. Porque trescientos años es mucho. —Qué barbaridad, cómo no. Pues ahorita las generaciones de los Campos ya van como 13. —No recuerda, no digo de los hijos, los sucesores de don Alvino. —Don Marcos. —Pero ellos ya son del siglo pasado, de principios del siglo pasado, o fines del Siglo XIX. Usted me habló del Siglo XVIII, fines del Siglo XVIII, que vino don Alvino con el sabino. 1700 pues. —Entonces allí esté yo mal en lo que le estoy platicando, porque pues yo, de los descendientes del señor Alvino, entonces yo no los conocí. —Hay una laguna que no conocemos, pero entonces de los Campos, de la información que me han dado, don Marcos, tres o cuatro hermanos, entre ellos los papas de mi abuelo Pancho Campos. —Sí, sí. Sí, porque orita todo lo que sea campos aquí, de allá viene. —Desde allá viene. Permítame…Adelante don Froyla, hablamos del sabino, así es de que tiene por lo menos cien, unos doscientos años, ¿no?, si es de fines del Siglo XIX, éste, del XVIII. —Las pláticas que llegué a tener con algunos. Sí, está muy cerca de los trescientos años, a como me han platicado. Como yo agarré esos datos. —Se dirá lo que usted me está diciendo ¿eh?, nada más con el testimonio pues de don Francisco Aguiñiga… —Sí, y de todo eso, sí. Y ya le digo, tocante a eso, eso es lo que le puedo platicar. —Esta era una región maicera, ¿verdad?, y según dicen, todo este Bajío michoacano era región maicera. Y de primer orden. —Bueno, sí, siempre ha sido agrícola. Mire, ya después, porque también eran ganaderos los fundadores de este pueblo. También eran ganaderos. Había dos que tenían tanto ganado, que apenas no acababan de salir de los corrales, cuando ya iba llegando la punta del ganado allá, al Palo de la Llegada que nombramos, aproximadamente kilómetro y medio, pa’rriba, pa’l potrero. Había otro, de los Salgado, eso me platicó don Ignacio, don Ignacito. Se llamaba también Ignacio. Ese señor también era ganadero. Esos señores ganaderos, el día domingo, toda la leche que ordeñaban, el día domingo se la regalaban a todas las gentes que les servían, como peones. A sus sus familias. El día domingo regalaban toda la ordeña. Fue un hombre bueno, los Salgados y don José María Díaz, eran Díaz casi todos, don José María Díaz, don Joaquín Díaz, don Cayetano Díaz, don Miguel Díaz, eran cuatro casas de las primeras aquí. Y todos eran arrieros, nada más esos dos eran ganaderos. Se me pasaba otro, don Juan Báez, ese también fue de los fundadores aquí y también era criador de ganados. —Y los dos ganaderos que dice, de los que me nombró, ¿me repite los nombres?. ¿El señor Salgado?. —Sí, don José María Díaz y don Ignacio Salgado. —Ellos eran ganaderos, propietarios. —Y don Juan Báez también —Eso ya fue por acá, cuando ellos pudieron tener amplitud de terrenos para criar ganados. —En tiempo del porfirismo ( porfiriato). —Sí. —Pero entonces la población de aquí estaba concentrada en las haciendas. —Sí. —¿Y ya Ziquítaro estaba formado aún así? —Sí, así me lo cuentan, así agarré esos datos yo. —O sea, giraba la población en torno a las haciendas. —Sí, nomás únicamente que la gente de Ziquítaro por eso, yo creo que estamos mal, porque nunca fueron peones de hacienda. Nomás fueron sirvientes de los negociantes, en esa forma, de la arriería. —Cuál sería la diferencia. ¿En que no tenían lugar fijo de trabajo? —Eran arrieros que andaban para allá y para acá, sí. Y de eso vivieron pues mucho tiempo. Ya después vinieron otras generaciones que ya fueron conociendo, se fueron manejando de otro modo. Viviendo a su modo, buscando tierras para sembrar y en rato lo que podían. Porque entonces los años eran muy cargados (de agua) y las tierras que se cultivaban con yuntas eran muy pocas. Por qué, porque eran los años muy cargaos y no daban y se iban a los puros mogotes donde sí había esperanza de levantar cosecha. —Pero en los mogotes no podía entrar la yunta. —No, allí no. Nomás que algunos que sí se arresgaban, sembraban con yunta. Uno de ellos fue mi papá Francisco, mi abuelo Francisco Maya. En el Cerrito Altito es un pedregal, que me platican que le imponía el cuadril al arado, para ir haciendo volteadero de tierras porque estaba muy cubierto de tierra el terreno. Pero lo trabajaba porque solamente allí se levantaba maíz. —Don Froyla, independientemente del régimen de posesión de los potreros, de los terrenos, me llama la atención tantos nombres tan simpáticos. ¿Me puede dar una lista de todos los nombres de potreros, independientemente de quién hayan sido?. Las Margaritas, se me ocurrió el primero. —Sí, le puedo contar, ¿sean pequeñas propiedades o no sean? —Bueno, me dice: potrero fulano, pequeña propiedad, y los demás ejidos. —Bueno, en primer lugar le voy a dar nombres de potreros de ejido, y que son de ejido. Tenemos aquí muy cerca El Guayabo, que está aquí cerca del pueblo, colindando con el pueblo. Tenemos El Palo de La Llegada, tenemos a San Rafael, El Potrero Viejo, El Olvido, ese es de la dotación de ejido. —No importa cuando haya sido la dotación, nada más los nombres, siendo ejido. —Y hay otros de la ampliación, que le nombramos El Cerro, porque allí no se confundan dos nombres, del potrero del cerro, porque uno es pequeña propiedad y otro es ejidal. El Cerro, el Potrero del Cerro, Cerro de Carupo, que así le llaman, para saber de qué estamos hablando. Tenemos Las Golondrinas, Los Baices, La Leona, La Mesa de Sánchez, La Carámicua, El Potrero Falso, El Copalar, El Potrerito, Santo Domingo, El Consejo, La Mesa, La Ciénega. Son potreros ejidales. Potrero de las Cerdas, La Presa de los Pocitos, El Copalar, El Palodulzal. —Ahora, pequeñas propiedades. —La Loma Alta, La Loma Pelona, Los Olivares, El Potrero del Cerro, El Sobrado, La Cañada, El Jagüey que ahora es de San Antonio, pero anteriormente se trabajaba con gente de Ziquítaro, lo cultivaba don Jesús Mejía. La Tierra blanca, El Llano Grande, El Mirador, La Uña de Gato, El Rodeo, Los Potreritos, son varios, como tres, Buenavista. Los Prietos. —Y había una propiedad, atrás de la Tierra Blanca, por La Pila, para allá. —Pues es El Llano Grande —¿También?. Hay una cerca de por medio —La Tierra Blanca la divide una cerca, para arriba —Pero hay una Tierra Blanca que decían: Tierra Blanca de Juliana. —No, pos esa es la misma. Bueno, ahorita se divide ya en propiedades, La Tierra Blanca, anteriormente no sé, pero era de Don Manuel Campos, el papá pues de Tía Juliana. —-Hay otro pedacito para acá de Los Salgado, cómo se llama. ¿Barranca de Campos?…. —-….(Falta parte de grabación)

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(Los siguientes son datos tomados de La Parentela, Décima Versión, en torno al apellido MAYA. Como es obvio, siempre provisionales, abiertos a mayor información) …..

MIGUEL MAYA….. M A Y A

(De Degollado, Jalisco, el origen de la familia MAYA de Ziquítaro)—– ==== …..NICANOR MAYA….. (Como el segundo de los descendientes del señor Maya de Degollado) === ….. FRANCISCO MAYA CERDA —….. ESQUEDA…. HI= JOSE MARIA MAYA ESQUEDA LUISA MAYA ESQUEDA ==== LUISA MAYA… REFUGIO PEREZ…

HI= ROBERTO PEREZ MAYA (Enlistado en PEREZ) MIGUEL CAMPOS MAYA (Enlistado en CAMPOS ¿?) ==== ….. JOSE MARIA MAYA ESQUEDA— FRANCISCA CAMPOS… (Tijuana) HI= EZEQUIEL MAYA CAMPOS RAMON MAYA CAMPOS ALFREDO MAYA CAMPOS MARIA MAYA CAMPOS …… ====++++==== JOSE MARIA MAYA ESQUEDA— MARIA JESUS VARGAS CABRERA HI= FROYLAN MAYA VARGAS LUIS MAYA VARGAS ====++++==== FROYLAN MAYA VARGAS— DELFINA MARTINEZ CAMPOS HI= RAFAEL MAYA MARTINEZ JOSE LUIS MAYA MARTINEZ ANA MARIA MAYA MARTINEZ ====++++==== LUIS MAYA VARGAS— GUADALUPE CAMPOS GOMEZ ¿? HI= MARIA ELENA MAYA CAMPOS SOCORRO MAYA CAMPOS FRANCISCO MAYA CAMPOS BALTASAR MAYA CAMPOS GUADALUPE MAYA CAMPOS ==== GUADALUPE MAYA….— JESUS LINARES CABRERA ==== ……——LUPITA CAMPOS ….. —- ¿¿

HI= PASCUAL MAYA MA. REFUGIO MAYA AMADO MAYA ==== MA. REFUGIO MAYA…—- SANTIAGO VARGAS… HI= LUIS, FILEMON, ESPERANZA, ANITA (Enlistados en VARGAS) ====++++==== …..? H= CONCEPCION MAYA… AMADO MAYA… ==== AMADO MAYA….—- BENITA CAMPOS CERDA?

HI= SALVADOR MAYA CAMPOS BENJAMIN MAYA CAMPOS JOSE MAYA CAMPOS REYNALDO MAYA CAMPOS MIGUEL MAYA CAMPOS EULALIA MAYA CAMPOS GUADALUPE MAYA CAMPOS MARGARITA MAYA CAMPOS ANITA MAYA CAMPOS OTILIO MAYA CAMPOS ==== SALVADOR MAYA CAMPOS— RITA CAMPOS CERDA HI= GRACIA MAYA CAMPOS ROSA MAYA CAMPOS RAFAEL MAYA CAMPOS JOSEFINA MAYA CAMPOS DOLORES MAYA CAMPOS FRANCISCO MAYA CAMPOS LUCILA MAYA CAMPOS ==== BENJAMIN MAYA CAMPOS— RAMONA CARRANZA VARGAS HI= SILVIA MAYA CARRANZA OTILIA MAYA CARRANZA CARMEN MAYA CARRANZA FRANCISCO MAYA CARRANZA ARTURO MAYA CARRANZA ==== LUIS MAYA…—- MARTHA MALDONADO GUILLEN HI= ESTHER MAYA MALDONADO ADELAIDA MAYA MALDONADO DAVID MAYA MALDONADO ELISEO MAYA MALDONADO LUIS MAYA MALDONADO ALFREDO MAYA MALDONADO ==== ELISEO MAYA MALDONADO ISABEL CERVANTES TORRES HI= HERMILA MAYA CERVANTES ….. ==== HERMILA MAYA CERVANTES— JAIME MENDOZA… (Degollado, Jal.) HI= JAIME MENDOZA MAYA LUIS MENDOZA MAYA ENRIQUE MENDOZA MAYA HERMILA MENDOZA MAYA PATY MENDOZA MAYA ROSA MENDOZA MAYA (A enlistarse en Mendoza) ====++++==== GILBERTO MAYA…— MAGDALENA CAMPOS(¿)

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A L B U M

DON RICARDO MALDONADO GUILLÉN. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 1/XI/07

MI ZIQUITARO

DON RICARDO MALDONADO GUILLEN

Silviano Martínez Campos

¡Quién habría de decirme!, allá por aquellos meses lejanos de 1955 y 1956, que habría de escribir ahora, el 1 de noviembre de 2007, 52 años después, algo de don Rica, don Ricardo Maldonado Guillén.

Aquellas conversaciones con el anciano lleno de sabiduría, de Suave sonrisa, complaciente siempre con el entonces joven de 20, 21 años.

De esa edad era entonces y entonces como ahora, ya viejo, me gustaba y me gusta conversar también con ancianos y recibir de ellos de lo mucho que regalan: su visión de la vida, su paso por el tiempo, no importa dónde y cómo hayan transitado por él.

Bien recuerdo, hará también muchos años, mi conversación efímera con aquel anciano revolucionario en la capital, cuando me dijo: yo creo que a mí Dios no me va a perdonar. De inmediato le repuse: más tarda usted en pedirle perdón, que Dios en perdonarle.

Pero en el caso de don Rica, el encuentro era distinto, en escenario y hora. Casi siempre a la salida del sol, luego de la misa dominical.

Sentados sobre algunas piedras, él con su bordón a mano y yo junto a el. Frente, precisamente, a la sacristía del viejo, derruido, casi en ruinas y parte sin techo, viejo templo de adobe del cual conservé unas dos fotografías que tomé y las cuales ahora se encuentran en la página web Mi Ziquítaro.

Una de ellas, tomada desde el interior de la casa de mis padres, J. Encarnación Martínez Mejía y Benita Campos Cerda, a Roque, mi hermano adolescente, junto a la cerca del solar, frente precisamente a la sacristía del templo viejo, calle de por medio.

En aquel tiempo, porque el templo estaba a medio caer, las dos campanas (ahora en el templo nuevo) colgaban de las ramas del mezquite, en el patio de la casa que habían habitado los abuelos paternos Vicente Martínez del Río y Petra Mejía Campos.

Desde allí se convocaba en aquellos tiempos, con el tañer de las campanas, a las misas o doctrina; o a la queda, a partir de las 9 de la noche, por la partida militar que era autoridad entonces en el poblado, también en aquellos tiempos desde luego ahora superados.

Allí pues, frente a la sacristía, me gustaba platicar con don Rica, el benevolente anciano, benevolente en su sonrisa, sus expresiones y sus actitudes.

No eran tiempos, faltaban algunos años, para que quien escribe, o sea yo, incursionara en el oficio de escribir en el género literario llamado periodismo escrito.

Por tanto mi mente no iba encaminada a obtener informes de los interlocutores, pero sí a captar, a beber, a rumiar, a aprehender (aprender) de la vida, a través de la anécdota, la vivencia del otro, mayormente del anciano.

Así es que por eso ni por asomo tomaba notas ni era la intención elaborar informes o “notas” como le decimos en el gremio a los textos noticiosos, para los medios, particularmente, en los impresos, en los cuales me he desenvuelto durante ya 42 años; pero ahora también la incursión en esta página web Mi Ziquítaro, en la maravilla comunicativa de la herramienta Internet.

VIEJO SABIO Y ARTISTA POPULAR

Y la sabiduría de don Rica allí quedó, y espero haya asimilado yo su magisterio de viejo sabio y artista popular.

Porque sabía que don Ricardo Maldonado componía versos y, desde luego, había escuchado tocar a su conjunto de músicos, en fandangos caseros o fiestecillas comunitarias.

Fue, creo que mi papá Chon, a quien escuché aquellos versos atribuidos a don Rica, hayan sido de su autoría o no y él solamente intérprete. Decían que sí, que eran de él. Esos versos eran una cancioncilla a una tal musa, muy probablemente, llamada Fídula, o La Fídula.

Lo que recuerdo de ellos, es lo siguiente:

(Estribillo) Por ti mi amada Fídula

Por ti lo venzo todo,

Y si quieres este mundo de otro modo,

Te lo puedo componer (o transformar)

Yo me atrevo a bajar a los infiernos

Y a sacar a los diablos de la cola,

Dar a cada uno su pistola

Y traerte a Lucifer

Por ti mi amada Fídula, etc.

Yo soy teórico, retórico, apostólico,

Reirífico, letífico y científico

Por ti mi amada Fídula, etc.

Alguna vez, escuché un fragmento de estos versos, al denominado arqueólogo de la canción, Oscar Chávez y no recuerdo haber escuchado que le diera crédito a don Rica, por esos versos.

No lo he indagado, no soy académico, obviamente, mi oficio es el escribir periodístico, género literario expresado antes en la llamada letra de molde, periodismo escrito, desde luego, y ahora también la letra electrónica.

Pero soy admirador del campo académico, y para mí el autor de cada trabajo que leo, en torno a mis aficiones u oficio, es un maestro.

Digo esto a propósito de que llegó a mis manos un folleto, cuya copia me proporcionó Martín Campos Hernández, trabajo de la estudiosa Guadalupe García Torres, titulado “Los corridos de Inés Chávez García: Lírica de una leyenda moderna”.

Y dentro de ese trabajo académico, una reseña bajo el subtítulo de “Ricardo Maldonado Guillén, compositor de corridos chavistas”. Una referencia, pues, a don Rica, nuestro paisano, para muchos desde luego y para un servidor, de agradables recuerdos.

El trabajo de la estudiosa Guadalupe García Torres, al que hago referencia, viene incluido dentro de una serie denominada:

“AZTLAN, Series (¿) A JOURNAL OF CHICAGO STUDIES. Special Issue: El Corrido. Volume 22 NUMBER ONE SPRING 1997”, y con el título precisamente de Los Corridos de Inés Chávez García: Lírica de una leyenda moderna”, de Guadalupe García Torres.

CHAVEZ, PERSONAJE POLEMICO

Hace referencia el escrito a opiniones contradictorias entre historiadores en torno a si Chávez era revolucionario, o por el contrario bandolero, lo que se refleja en las narraciones y corridos.

Nació Chávez en Puruándiro, en el rancho de Godino, de la tenencia de Zurumuato en 1886 y sus incursiones con su grupo fueron en amplia región michoacana y en las cercanías de Jalisco y Guanajuato.

Al referirse propiamente a “Ricardo Maldonado Guillén”, compositor de corridos chapistas”, la estudiosa Guadalupe García Torres consigna que al investigar sobre Chávez en localidades michoacanas de Penjamillo, y sus comunidades de Ziquítaro, La Luz, Patambarillo, así como en Zamora, hubo referencias constantes al músico Ricardo Maldonado, “compositor de la mayoría de los corridos que narran combates importantes entre chavistas y fuerzas federales”.

Y menciona la información que le proporcionó el señor José Maldonado Madrigal, hijo de don Ricardo, que su padre cantaba cuando Chávez desertó del gobierno junto con su asistente, acampó en el cerro de Santa Inés y bajó al pueblo de Ziquítaro en busca de herrero.

Allí en Ziquítaro, la tierra de don Ricardo Maldonado, éste puso en contacto a Chávez con el compadre del primero, Federico Alvarez y mientras éste herraba los caballos, “Chávez los invitó a una cerveza y señaló los motivos de su deserción”.

Y “Una vez que el herrero terminó, Chávez dijo: Miren, yo era oficial del gobierno, pero me degradaron y yo me voy a rebelar contra el gobierno. Si algún día llego a ser alguien en contra del gobierno, aquí en Ziquítaro no voy a hacer nada, voy a protegerlo”. Según se asegura en el estudio mencionado.

Luego que Chávez regresó a Ziquítaro, se puso de nuevo en contacto con don Ricardo Maldonado, quien le tocó las canciones de su predilección, según el estudio de García Torrres, en el que se consigna que “Don Ricardo Maldonado era un compositor lírico. Analfabeto gran parte de su vida, aprendió a leer y escribir en forma autodidacta. Tocaba el bajo sexto, instrumento de dieciséis cuerdas y doble endosado o guitarra de seis cuerdas”.

Y fue así que dadas las habilidades del músico de Ziquítaro, Chávez le encomendó hacerle corridos de cada combate, según contó a la investigadora José Maldonado.

Y la señora Adelaida Amaya (así en el estudio: ¿será Maya?) Maldonado, expresó a la investigadora: “Don Inés sacaba a mi primo Ricardo y lo sacaba para aquel cerrito que está en aquella nopalera, del lao de arriba, por el camino que va al cerro del Metate, donde tenía la casa José Bolaños; era una nopalerita, todavía no había casas. Entonces como nosotros vivíamos en El Rincón, pos bien que se oyía. Decía mi mamá: –¿estás despierta, hija? –Sí mamá, estoy despierta, ¿qué oye?—Ay, pos a mi hermano, fíjate que le está cantando los versos a don Inés. Y los versos se los estaba cantando en aquella nopalera. En la noche, casi de madrugada llegaba ese hombre, pero no robaba, pedía tortillas y qué comer, pero era todo”.

DON RICARDO SE DESPIDIO DE CHAVEZ

Se refiere el estudio al paso de Chávez por Penjamillo y luego asegura que don Ricardo Maldonado, tuvo la oportunidad de despedirse de Chávez después del combate de Peribán, en 1918. Cuando pasó por Ziquítaro, le comunicó a don Ricardo que iba enfermo y herido y que se dirigía a Purépero. Esto dio lugar, según eso, al último corrido de don Ricardo, sobre Chávez.

“Años después, Ricardo Maldonado formó un grupo con su hijo José tocando la guitarra, Francisco Aguiñiga el violín, y Refugio Garnica el bandolón. Este grupo hizo viajes a Michoacán, por el rumbo de Apatzingán, popularizando los corridos de Inés Chávez”, asegura el trabajo de Guadalupe García Torres.

Y luego menciona los corridos que relatan los hechos de Chávez: “El Combate de La Piedad; Luis Cárdenas; El combate de Zacapu; Pueblo Nuevo, Degollado; Inés Chávez; Combate de Numarán; Los versos del Zapote; Los versos de Peribán o Los Versos de Nares; La muerte de Chávez”. Algunos de ellos son atribuidos a don Ricardo.

Entre ellos, el corrido los “Versos del combate del Zapote” o “Corrido de La Piedad”, que narra un encuentro entre chavistas y federales cerca de Numarán, el 30 de marzo de 1918. Y según el estudio, se canta en pueblos de Guanajuato, Jalisco y desde luego Michoacán, incluidos Ziquítaro, Patambarillo y La Luz, del municipio de Penjamillo.

Otro corrido chavista, atribuido a don Ricardo Maldonado, es el del Combate de Peribán, en el que se reivindica a los chavistas de Penjamillo, representándolos como hijos del pueblo que rescatan su dignidad armados y con valor, según el estudio mencionado.

Dice así: “Corrido de la Derrota de Chávez (versión de Lorenzo Mendoza):

Las columnas de Chávez cruzando

Por el Bajío pasan derrotadas

El gobierno los venía alcanzando

Varios soldados les venía matando

En Purépero pueblo lucido

Terminó Inés García su carrera

Desde entonces todo fue al contrario

Ni el talento disponía la guerra

En Purépero pueblo lucido

A su estado mayor recomienda

Que su cuerpo pues ai le sepulten

En lo más oculto de la sierra

Penjamillo en un tiempo pasado era

El odio de los carrancistas

Cuando Chávez había dominado

Como Nares con varios villistas

Luego los hijos del pueblo

En un tiempo fueron desterrados

Se llenan de valor y fuego

A su pueblo se vienen armados.

En el estudio de referencia, la mayor parte de los corridos chavistas se atribuyen a don Ricardo Maldonado, pero también se hace mención a corridos antichavistas del polémico personaje, de diversos autores. Algunos de esos corridos son: La Hacienda de Guaracha, Quitupan, Degollado Jalisco, Uriangato, Huandacareo, El Chivo Prieto Encantado y Peribán, algunos compuestos en fechas posteriores.

En una de las páginas finales del estudio, la autora se refiere a que “Las historias y corridos chavistas y antichavistas dejaron huella entre el pueblo campesino que en un momento dado llegó a aborrecer el movimiento armado por los abusos de las tropas del gobierno y de los alzados, rebeldes, chinacos o bandidos, como quiera que se les conociera”.

Y en el aparato de notas, Guadalupe García Torres se refiere a que para su trabajo, entrevistó en Ziquítaro a José Maldonado Madrigal, a Adelaida Amaya (¿Maya?) Maldonado, en Ziquítaro, en 1993; a Crispín Suárez Hinojosa, en La Luz, municipio de Penjamillo; a Luis Quesada y Josefina Murillo en La Luz también, en 1992. Y hace referencia, además, a las entrevistas de Adelaida Ayala (¿Maya?) Maldonado y a José Maldonado Madrigal, consignadas en su archivo personal. Y, desde luego, a muchas otras fuentes y a otras especializadas en historia de nuestro territorio michoacano.

Don Vicente Martínez del Río. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 4/III/08

MI ZIQUITARO, SEMBLANZAS

DON VICENTE MARTINEZ DEL RIO

Silviano Martínez Campos

Para entender a nuestros abuelos (bisabuelos o tatarabuelos para muchos, muchas, de ahora), habrían de entenderse sus tiempos que, obvio, no eran los nuestros. Entonces, el rasero para medirlos, si es que nos atrevemos a medirlos, es el de ellos y no el de nosotros.

Ni el mundo, ni México, ni Michoacán, ni nuestra región, ni nuestro municipio, ni nuestro Ziquítaro, son los mismos. Ni de Ziquítaro hacia el mundo, ni del mundo hacia Ziquítaro, también es obvio.

Y muchos de nosotros hemos vivido lo suficiente para poder entenderlo. Y a los muy jóvenes hay qué decirles, benevolentemente, para que juzguen con prudencia y con tolerancia y quizás con amor, a quienes debemos la vida, personal y social.

Juzguen, dije, una palabra cargada, con tintes condenatorios, lo que no es el caso. Queda mejor la palabra “crítica”, que nos lleva a discernir, a separar, como en los viejos harneros, la semilla de la paja.

Pero la crítica social, eso sí, debe hacerse con competencia y con responsabilidad. De no ser así, resultarían golpeteos pasionales que, si alguna vez enturbiaron la vida comunitaria, deberían, deberán ahora quedar desde luego sepultados en el pasado.

El tiempo de nuestros abuelos fue agitado y para muchos de nosotros resultaría incomprensible. El país, nuestro México, acababa de salir de una guerra civil, hacía pocos años, si acaso una década, una guerra civil como lo son todas, sangrientas: la Revolución Mexicana.

Estaba pues inmerso México —y nuestra pequeña comunidad de entonces por consiguiente—, en un clima social y  político muy agitados, de tanteos, de definiciones, cuando el poder establecido, el incipiente poder de los triunfadores en la contienda, se estaba afianzando.

Fue en aquellos días, de fines de la década de los veinte, cuando comenzó a tomar forma la nueva fisonomía territorial de Ziquítaro, con su reparto de tierras, resultado de la reforma agraria, tierras hasta entonces haciendas, como hizo memoria, mencionado en su respectiva semblanza, aquí mismo, en Mi Ziquítaro, don Francisco Campos Báez

El país no se pacificaba del todo aún, lo cual realmente sucedió, conforme lo relatan historiadores, en tiempos del querido michoacano, el Presidente general Lázaro Cárdenas del Río.

El ejido, en todas partes, Ziquítaro incluido, empezaba a tomar forma, mediante los decretos presidenciales de rigor y las primeras dotaciones de tierras, que en el caso fueron a fines de los veinte, concretamente en 1928 la primera.

Fueron los tiempos de don Vicente Martínez del Río y de muchos a quienes conocí en mi infancia o en mi primera juventud. Para mencionar algunos:  don Francisco Mora, don Gabriel Maldonado, don Francisco Vargas, don Feliciano Aguiñiga,  don Refugio Campos, don Delfino Aguiñiga, don J. Trinidad Aguiñiga, don Emilio Mejía, don Luis Mejía, don Luis Maya, don Ricardo Maldonado, don José Duarte, doña Altagracia Sepúlveda, doña Luz Duarte, doña María Cerda, doña Petra Mejía, don Amado Maya, don Ramón Carranza, doña Cleofas Serrato, don Emigdio Madrigal, don Trino Madrigal, doña Glafira Sánchez, don Pascual Aguiñiga, doña Martita Maldonado.

Y don Gil Maya, don Aureliano Salgado, don Ignacio Salgado, doña Juanita Silva, don Joaquín Mejía, doña Rafaela Arias, don José Nájera, don Refugio Garnica, don Francisco Bolaños, doña Luz Campos, don Luis Martínez, don Francisco Silva, don Francisco Ibarra, don Feliciano Ventura, doña María Pérez, don Eliezer Campos y muchos otros, muchas otras que con su presencia, su trabajo, sus acciones, hicieron al Ziquítaro que ahora conocemos.

Mucho de lo que sucedió en todas partes, aquí también, en nuestro municipio, en nuestra comunidad, tiene su explicación en los procederes del poder central que requería afianzarse y copaba fidelidades de personas y grupos, desde el triunfo de la facción dominante, en la Revolución Mexicana, hasta décadas después.

Necesitaba el sistema, y esto fue  por mucho tiempo, en casos, “hombres fuertes” a quienes toleraba, a veces contra las más elementales normas de la justicia, en una especie de toma y daca. Control pues, que por fortuna se está diluyendo y al rato quedará como reliquia de la historia.

Aquellos fueron, pues, los tiempos también de don Vicente Martínez del Río, buen escribano, de letra manuscrita bellísima, fuerte de carácter según se decía, pero pacífico y devoto. Resultado de la escuela elemental, de los principios de siglo, que enseñaba con energía y con sumo cuidado a leer y a contar. Llegaron a permanecer en la memoria maestros como don José Ríos y las señoritas Luisa y Luz Díaz, en fechas posteriores.

El contar que no pasaba de las cuatro operaciones fundamentales, tal vez, y el escribir con el arte de la caligrafía artística, que hacía de cada texto un poema en su forma, en contraste con los apresurados garabatos que muchos de ahora trazamos, aturdidos por la prisa y copados por la técnica primero de la máquina de escribir mecánica, y ahora por la computadora.

Difícil hablar (escribir) de un abuelo. Se cuelan necesariamente las apreciaciones subjetivas, pero vaya la justificación porque eso, y no otra cosa, es una semblanza, o debe serlo: una aproximación, siempre superficial, siempre provisoria, siempre provisional porque nadie podemos, ni debemos pretenderlo, entrar en la intimidad del otro más de lo que él quiera decirnos o su persona permita atisbarlo.

Bien recuerdo aquella fecha, creo que en mayo de 1946, cuando falleció doña Petra Mejía. Entonces el tío Talí (Neftalí) llegó frente al “Colegio Vasco de Quiroga”, en Penjamillo, montado en su caballo flor de durazno, a avisarle al sobrino que había fallecido su abuela.

Y el sobrino, según decían, llegó ante el féretro, con aquella espontaneidad propia del aún niño, haciéndose el representante, en el duelo, de don Encarnación Martínez Mejía, ausente en aquellos días de pleno bracerismo en los Estados Unidos. Claro, esa solemnidad del “representante” espontáneo, habría de causar alguna cariñosa sonrisa. Y en 1954, cuando el abuelo falleció, no habría de tener la oportunidad de acompañarlo en sus últimos días, aunque  lo vi,  meses antes, en la ciudad de México, con visibles muestras de deterioro.

Pero don Vicente, por cuyos buenos oficios, su influencia ante mis padres, pasé por el Colegio de Penjamillo, habría de confiar en su nieto, tiempo después, al entregarle un poema compuesto a doña Petrita, poema que los años habían de traspapelar en algún lugar. Pero quedaba en él, el dolor por la ausencia. La constancia en uno de los versos finales, que hacía referencia a un “tope” (beso) de despedida a la compañera y madre de su descendencia.

Don Vicente se traía los suyo y tal vez abrigaba en su nieto la esperanza de una vocación afianzada, por el lado del clero. Por eso nos acompañó a Ramón Martínez y Ramiro Quintana, de Penjamillo, y a mi, que escribo esto, la primera vez (fines del 47, principios del 48) que fuimos a una especie de escuela preparatoria para los futuros seminaristas en la ciudad de Puebla: la Escuela Apostólica de “Nuestra Señora de Guadalupe”, donde terminé quinto y sexto de primaria.

A este propósito, tal vez revele un poco indirectamente la relación con el entones párroco de Penjamillo, don Adolfo Guerrero, un comunicado a máquina de escribir,  que el sacerdote mandó a don Vicente los últimos días de 1947. Dice así: “Penjamillo, 31 de dic. De 1947. Sr. Vicente Martínez, Ziquítaro, Mich. Estimado amigo. No puedo ir yo a llevar a los muchachos a Puebla y  por este motivo es necesario que vayas tú, como me habías ofrecido. Los muchachos deben estar allá a más tardar el dos de enero, de modo que urge mucho que dispongas tu viaje y te vengas con Silviano para que aquí recojas a los otros dos. Ojalá que mañana mismo pudieras venirte. Afmo. y S.S. que te bendice (firma)”.

Y así fue como continué, con el aliento y los buenos oficios del abuelo paterno, mi formación en el ámbito cristiano, de la cual nunca me he arrepentido, a pesar de las drásticas y dolorosas revisiones que en el aspecto ideológico he realizado a lo largo de los años.

Tal vez por todo eso fue Papá Vicente tan tolerante cuando le “expropié” dos magníficas obras que de seguro consiguió en alguno de sus viajes a la ciudad de México. La memoria no fue fiel para conservar los títulos, pero se trataba de una geografía universal, o más bien alguna reseña de etnias, con bastante espacio para España, pero sin ignorar el resto del mundo.

Y una historia sagrada, de aquellos relatos tan edificantes con los que era uno instruido en la tradición creyente. Ambas obras tan magníficamente presentadas, desde luego leídas y releídas por el nieto, pero tan injustamente tratadas por el mismo, que no se supo donde terminaron. Al igual que el viejo diccionario del otro abuelo, don Francisco Campos Báez, obra obligada de consulta en las aulas de Puebla.

¿Por qué estas referencias tan aparentemente, por lo anecdóticas, insignificantes?

Porque el abuelo, sabio como era, pretendía tal vez trascender lo que para él no fue posible, una vocación realizada en un nieto. Vocación, sí, tal vez de clérigo, pero más que eso, tal vez el sentimiento de que la única manera de trascender la postración del campesino, más en aquellos tiempos críticos de indefinición y del nacimiento de un nuevo México, era la instrucción.

El, don Vicente, había sacado a la instrucción elemental de su tiempo, una bella letra, una bella caligrafía, al igual que luego su hijo, don Encarnación Martínez Mejía.

Y el nieto que escribe, no, desde luego, ninguna bella letra, pero sí, es de esperarse, beber en algún ejemplo del abuelo (diría, ampliando la idea, de los abuelos, de las abuelas) lo que, a fin de cuentas, vendría a ser lo definitivamente importante: el saber vivir de una manera nueva, no por méritos propios, sino por una cierta fidelidad a lo que se recibe, a la tradición, incluido el comportamiento familiar, pues.

El tiempo de don Vicente Martínez, fue pues el tiempo de la búsqueda de un México nuevo, en medio de tanteos, indefiniciones en una pequeña comunidad que no escapaba a la turbulencia de la época. A él tocó, por propios méritos, ser secretario de la jefatura te tenencia, cuando era el jefe, también por sus propios méritos, don Agapito Arroyo.

En aquel tiempo, fines de la década, por 1928, se dio en Ziquítaro la primera dotación de Tierras. Siempre es cosa de autoridades determinar derechos, u obligaciones, derechos a salvo, como se decía en la jerga jurídica, posesiones, beneficiarios.

Quien sólo esté interesado en centrar sus enfoques en personas y sus historias entrelazadas, no podrá dejar de mencionar a los beneficiados por la primera dotación. Fueron muchos de ellos nuestros abuelos (bisabuelos o tatarabuelos, para muchos, muchas de ahora):

Apolonio Aguiñiga, Francisco Aguiñiga H., Maximino Aguiñiga, Encarnación Aguiñiga, Pascual Aguiñiga, J. Refugio Aguiñiga, Feliciano Aguiñiga, Delfino Aguiñiga, Antonio Aguiñiga, Vicente Alvarez, Amado Arias, Luis Arias, José Arias, Porfirio Báez, Felipe Bolaños, Rubén Duarte, Francisco Duarte hijo, Benjamín Duarte, Benito Cabrera, José Camacho, Francisco Camacho, Jesús Camacho.

Además, Martín Campos, Enrique Campos Salgado, Rafael Campos, Luis Campos Guillén, Ignacio Campos Salgado, Juan Campos Cerda, Onofre Campos, Luis Campos Aguiñiga, Bernardino Campos, Ignacio Campos Puga, Joaquín Campos, Ramón Carranza, Encarnación Carranza,  Aristeo Cerda, Adolfo Cerda, Rubén Fernández, Epigmenio del Río, Cayetano Madrigal, Aristeo Cerda, J. Refugio Campos, Catarino Campos.

También  J. Refugio Garnica, Francisco Gómez Fernández, Francisco Ibarra, Ciriaco Ibarra, Rafael López, José López, Toribio López, Isaac Madrigal, Gabriel Maldonado, Rafael Martínez C., Ramón Martínez, Francisco Martínez A., Rafael Martínez C., Antonio Martínez, Pascual Maya H., Francisco Gómez Fernández, Joaquín Mejía, J. Guadalupe Madrigal, Santiago Montañez, Susano Mora, Francisco Mora, Tranquilino Montañez, Epifanio Mora, Benito Nájera, José Pérez, Refugio Pérez, José María Pérez, Florencio Mares, Margarito Pérez, Francisco Pulido, Luis Ojeda, J. Refugio Ojeda, Juan Ojeda, José Roa, Mariano Ríos, Leocadio Ojeda, Pedro Ojeda, Julián Roa, J. Trinidad Roa, Joaquín Ruiz Ojeda, Fidencio Rodríguez.

Y Juan Rodríguez, Joaquín Ruíz Vargas, Joaquín Ruíz Ojeda, Maximiano Ruíz, Miguel Ruíz, Francisco Silva, Antonio Sánchez, Agapito Zamudio, Francisco Zamudio, Atenógenes Zamudio, José Torres, Rafael Vargas, José Vargas, Genaro Vargas, Santiago Vargas, Francisco Vargas, Agapito Ventura hijo, Aniceto Ventura, Feliciano Ventura, Francisco Ventura, Florencio Mares, José Pérez.

Como don Vicente Martínez del Río y su compañera doña Petra Mejía Campos, don Francisco Campos Báez y su compañera doña María Cerda Carranza, don Ricardo Maldonado Guillén y su compañera doña Marina Madrigal Morales, mencionados en lo que va de estas semblanzas, muchos de nuestros abuelos (bisabuelos o tatarabuelos para muchos y muchas de ahora, vale decir de nuevo) le agarraron algunos años al Siglo XIX.

Su infancia transcurrió durante los días relativamente pacíficos de fin de siglo, en plena era porfiriana; y su juventud primera, la de su prolífica progenie de la cual venimos, en los años agitados de la Revolución Mexicana.

Y vendrían luego los años de la búsqueda, no siempre tersa, de la época postrevolucionaria, cuyas ventajas y desventajas empezamos ya a palpar los de las siguientes generaciones.

Mucho de lo que sucedió en aquellas épocas, lo sufrieron y padecieron ellos. Un mundo rural de hacendados, fue transformándose en un nuevo régimen mixto, el de la propiedad de la tierra y el del usufructo ejidal, con sus ventajas y sus fallas en cada caso.

Nuestros abuelos fueron los primeros ejidatarios y vendrían después muchos, muchos cambios, algunos de los cuales los de generaciones posteriores los hemos vivido.

No se entendería el pasado de nuestros pueblitos, como dije arriba, si no se entendiera que su vida social, política y económica, estaba supeditada a las decisiones del centro. Ese centro que a veces requería fidelidades de hombres fuertes en comunidades y regiones, a fin de sostenerse. Desde luego, con todos los claroscuros que ahora se conocen.

En ese ambiente nacieron y crecieron nuestros mayores. Sí, de ellos se heredaron penares, pero también lo que realmente vale, el amor al terruño, las aspiraciones de que siempre, siempre, los que los siguieran fueran mejores y que de peones se transformaran en hombres libres, pero más instruidos. Y, por qué no, conforme a su concepción, temerosos de Dios y respetuosos de sus hermanos los seres humanos. Como muy probablemente lo sentía y pensaba don Vicente Martínez del Río. Creo haberlo captado así. Y por ello, vaya hacia él mi recuerdo y mi homenaje.

Don Francisco Campos Báez. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 31/X/07

MI ZIQUITARO

DON FRANCISCO CAMPOS BAEZ

Silviano Martínez Campos

No, no: ni por asomo se me hubiese ocurrido una entrevista formal, a don Francisco Campos Báez, mi abuelo materno, quien junto con mi abuela Mariquita, doña María Cerda Carranza, estuvo en la cercanía del afecto por la convivencia prolongada, aún en mi caso de lejos, gracias a su por fortuna larga vida, hasta la ancianidad.

Y las vacaciones anuales eran ocasión para renovar el afecto del nieto mayor hacia los abuelos, afecto que de seguro recibían ambos de todos los nietos, pero cada quien con sus vibraciones o sus sintonías propias, como podría decirse ahora.

Con mis limitaciones, y muchas, que reconozco sin dificultad, me he considerado sin embargo periodista profesional por estudios y oficio prolongado, así es de que, en todo mi actuar, traigo metidos hábitos sean considerados buenos o no tanto, pero en todo caso funcionales, que hacen ver y vivir la vida desde el acontecer, estilo en el cual desde luego está incluida la gran curiosidad en el saber y en el informarse.

Por eso aquel día creo que de Enero de 1971, hará ya casi unos 37 (treinta y siete) años, se me ocurrió grabar una conversación con Pachito, como lo trataba, en aquella grabadora grande y pesada, de las primeras popularizadas, que más semejaba una máquina de escribir portátil, de las de entonces.

Pretendía saber de él, de su sabiduría de viejo campesino y de suprudencia en el trato con las personas, algo sobre Ziquítaro, el historial de nuestro pueblito, sus antepasados, la parentela propia.

Qué mejor ocasión, por lo tanto, que aquella convivencia matutina, en el patrio de la casa paterna, ante la presencia de familiares, entre ellos Chon, mipapá Encarnación Martínez Mejía, mi cuñado Amado Báez Aguiñiga y la gritería de la chiquillada, sobrinos por este lado.

La conversación derivó por supuesto, hacia asuntos de Ziquítaro, consignados en la breve charla, más que entrevista. Y por eso será pertinente unpar o dos de precisiones, para ubicar al posible lector de Mi Ziquítaro.

El tramo Salsipuedes, era entonces una subida pedregosa, entre El Chorro y Los Guanumos, que desembocaba precisamente en una calle junto a la casa de don Miguel Campos. Esa calle angosta seguía y sigue hacia el Sur, hasta desembocar en la no menos pedregosa, entre El Chorro y la ahora gran calzada central que baja de Los Guanumos y culmina en el paraje de la Ojodeagua del sabino.

LUGAR DE HACIENDAS…Y DE MANANTIALES

No tengo ninguna otra referencia del licenciado Chávez, dueño (o administrador) de La Pila, pero don Vidal Saldaña creo debió ser el señor padre de don Alfonso Saldaña, a quien conocí en Penjamillo, a mediados de los cuarenta, cuando estuve allí dos años en el colegio. Entre la familia de don Alfonso, se contaba un hijo de los mayores, si no es que el mayor, de nombre también Vidal.

No llegué a conocer ninguna construcción vieja en El Chorro, junto al manantial del mismo nombre, pero sí en La Pila y en La nopalera, paredes derruidas de lo que fue probablemente casco de las respectivas haciendas.

La casa de don Luis del Río y de doña Herlinda Campos (tíos) a que hace referencia Pachito, cierto que era grande, construida de adobe y, reitero, de gran amplitud. Allí nos permitieron, en 1955—56 a un grupo de jóvenes, albergar la banda de música incipiente que me tocó impulsar.

Las expresiones tarascos y raza que salen en la conversación, eran naturales en el tiempo de la conversación y ni por asomo apuntaba en ellas algún sentido peyorativo, como parece que de alguna manera se toma ahora en algunos círculos.

No le conseguí a mi abuelo Pachito el diccionario al que hice referencia en la conversación, pero bien que me llevé uno suyo, una edición muy vieja de un diccionario del español. Cuando estudiante adolescente, en el seminario en Puebla, como dando órdenes, pedí a mis padres me mandaran el diccionario de mi abuelo. Claro, de muy buena voluntad me lo mandaron y en el vaivén de los años, de plano ignoro dónde quedó tan valiosa edición.

La grabación de esta plática con Pachito, a pesar de los instrumentos rudimentarios con que se hizo, comparados con los de ahora, es clara. Salvo desde luego algunos trozos poco claros, tal vez debido al alejamiento del micrófono, o a una distancia mayor del mismo, de algunos de los presentes.

Va pues, tal cual, la conversación entre su servidor Silviano Martínez Campos (SMC) y su abuelo don Francisco Campos Báez (FCB), hace unos 37 años, semanas más, semanas menos. Le puse cabezas (títulos) intermedios, para facilitar la lectura.

……..(Inaudible, en la grabación)

—(FCB)…Trabajan pues mucho, por eso digo yo y aseguro que es más duro el trabajo mental que el muscular, porque el cuerpo antes se reforza más con el ejercicio, nomás que no se descompase.

—(SMC) La desventaja en este caso, el trabajo muscular en el campos, es la mala alimentación, no adecuada, una mala alimentación ¿verdad?.

—(FCB) Héy.

—(SMC) Pero pues, es la vida del campesino de México.

—(FCB) Héy.

—(Alguien, en voz poco audible) Estamos muy pobres.

—(SMC) Está muy alegre el día, el primer día del año. Está muy alegre.

—(FCB) Sí está bonito.

—(SMC) Por dónde se vino.

DE SALSIPUEDES, AHORA SE SALE MAS RAPIDO

—(FCB) Acá me vine por la casa de mi compadre Miguel (Campos)

—(SMC) Está fierísimo allí, por algo le pusieron Sal Si Puedes.

—(FCB) Puras peñas.

—(SMC) Sal si puedes. Habían dicho que iban a arreglar esa calle.

—(FCB) Pos sí, no más que pos no creas, solamente cuando el barrio se interesa. Que son (los que se interesan) los que trabajan más en cada barrio, los que son los vecinos de allí. Los demás no tenemos mucho interés en que se componga…(risas).

—(SMC) Cada quien por su barrio.

—(FCB) Y necesitan siempre ayuda, en una parte fea donde se necesita mucho trabajo.

—(SMC) Yo me acuerdo de otro “Salsipuedes”, que estaba allí por donde vive Carmelita (Campos Cerda), qué bien lo arreglaron. Era un peñascal.

—(FCB) Lo mismo acá por donde vive Aureliano Salgado, también estaba feo allí, pero allí ellos se interesaron mucho y hasta gastaron en pólvora (para los barrenos) y trabajaban de todos los días ellos allí, y los demás, pues una faena. Poco a poco se va componiendo…

—(SMC) No, el Ziquítaro de ahora no es el Ziquítaro de hace quince años.

—(FCB) No, no…

—(SMC) La luz eléctrica nos transformó ¿verdad?.

—(FCB) Héy. Sí, ahora tiene más vista, ¡Desde lejos se ve ya!.

—(SMC) Sale la gente (a USA), hay quién hace mejores casitas y ya circula más dinero.

—(FCB) Sí.

—(SMC) Desgraciadamente no es de todo mundo, pero hay.

—(FCB) Es que va creciendo la población y los habitantes son los que enriquecen los pueblos.

—(SMC) Oiga, usted debe saber cuántos años tiene Ziquítaro de fundado.

—(FDB) No, de fundado no sé. Apenas sé desde cuando fue Tenencia para acá. Quiere decir que me empecé yo a fijar y se me engrabó.

—(SMC) ¿Eran puras haciendas, no?

—(FCB) Pues sí, eran pequeñas propiedades…De cuando yo me acuerdo, aquí el Potrero del Guayabo y el Potrero de las Cerdas y todo eso, era de don Pedro Rábago. El tenía casas en Penjamillo pero creo que todo lo más vivía en La Piedad. Y lo demás, de aquí del Llano, no me acuerdo de quién.

(SMC) ¿Vidal Saldaña?

POTREROS, POTREROS Y MAS POTREROS

—(FCB) No, don Vidal tenía hay el Potrero del Cerro y el potrero que es ahora de Trino Aguiñiga y El Potrero del Rancho, esas eran las propiedades de él.

Y él tenía la casa aquí, háy donde vive Luis del Río, pero él estaba de administrador en Tirímacuaro y allá era onde asistía lo más. Y así sucesivamente.

—(SMC) Sí, porque estaba la hacienda de La Nopalera, esta de El Chorro, la de La Pila ¿Nadamás esas?

—(FCB) Sí, aquí, nomás…Y El Mirador. Y lo demás eran casitas, ranchitos de los peones….Mmmmmm.

—(SMC) ¿Usted llegó a ser peón?

—(FCB) Trabajaba todo lo más. Por allá en aquel tiempo llegué a trabajar en Bella Vista, aquí en San Antonio (Carupo), en Tirímacuaro, como peón.

Estaba yo mediano todavía cuando fui una vez háy a Tirímacuaro a que me dieran trabajo, y pues estaba chico todavíapara meterme de peón. Me dijo don Vidal, dijo: toma ese lazo y vete a buscar zacate pa’ los puercos (risas, risas) y hay ando yo pues me echaba tres o cuatro quelitones que había entre las milpas allí en el lazo y háy voy apenas. Llegaba, tenía una puercada, como unos cuarenta puercos allí en un corral y llegaba con el tercio, me lo querían quitar los puercos, se los aventaba y cuando levantaba el lazo ya se lo habían acabado.

Y en uno de tantos viajes que andaba echando, entró don Vidal. ¡Uh!, dijo, pues qué tercios de quelite, parecen nidos de avión (risas, risas).

—(SMC) Nidos de qué, ¿de avión, por qué diría eso?

— (FCB) Todavía no sé, si habría algún pájaro que así se haiga llamao, porque todavía los aviones de ahora ni pa’ cuando, todavía ni pa’ cuando se mentaran.

—(SMC) Comenzaron a principios de siglo pero aquí en México no había.

PACHITO VIO UN VUELO HISTORICO

—(FCB) Hé. No pus todavía en 1910 hicieron el primer vuelo, estaba yo en Pomona, California, hicieron el primer vuelo de San Francisco a San Bernardino, el primer vuelo de larga distancia. Y sí vimos, salió la gente, todo elpueblo, salieron en carros y a caballo y otros a pie, que iba a pasar por Nordpomona, es una estación de ferrocarril allí.

Y sípasó, llegó a San Bernardino y luego de regreso se mató el aviador allí en la sierra Teguesipie (¿? No claro en la grabación), ya no alcanzó a volver a San Francisco.

—(SMC) Estaban apenas en los comienzos.

—(FCB) Estaban en experimentos todavía.

—(SMC) Hasta después fue el vuelo famoso aquel sobre el Atlántico, Limberg. (Carlos Lindberg, el aviador norteamericano que en 1927 realizó la travesía Nueva York—París)

—(Amado báez, poco legible (audible) en la grabación, le pregunta si estuvo algún tiempo en USA)

—(FCB) Sí, duré algún tiempo. Como cinco viajes. Y siempre duraba allá

—(Trozos ilegibles (audibles))

—(FCB) La mata así de los de aquí, como mis bisabuelos, que vino de Guanajuato. Y después aquí, lo mismo que los Martínez, toda esta gente vino porque los trajeron los hacendados aquí, los dueños de la hacienda, esta de aquí del Chorro. Eran los que tenían allí ese haciendón.

Y traían gente de otras partes, igual que el licenciado Chávez cuando estuvo háy en La Pila, también estaba trayendo gente de por allá de abajo. Los Sánchez y todas esas gentes, los Ibarras, no son nativos de aquí los antepasados. Vinieron de otra parte y así se fue formando pues Ziquítaro.

—(SMC) No sé quién platicaba, parece que mi papá Vicente, que el primer Martínez que vino fue un muchacho que encontraron por allá por Amozoc, en el estado de Puebla, unos arrieros. Pasaban a llevar productos a Veracruz y entonces se lo trajeron y fue la mata de los Martínez ¿Usted no sabe nada?

—(FCB) No, de eso no sé. Nomás sabía que la gente asi se fue formando así Ziquítaro, con gente que traían de otra parte. Probablemente, como en ese tiempo han de haber sido los conquistadores yo creo que los dueños de la hacienda y ellos se traían trabajadores de donde los encontraban. Y de es modo. Aquí todas las propiedades que hay, según platicaban, ellos eran los que vendían los corralitos háy a todos los propietarios.

LOTES VENDIDOS, O REGALADOS

—(SMC) ¿Ah sí)

—(FCB) Héy, les vendían hay donde hicieran su casa. Se los venderían o se los regalarían, porque casi últimamente mi tío Catarino (Campos) me llegó a platicar que el solar ese que tenía él allí le había costado ocho pesos. Fíjate y ahorita pos…(risas).

—(SMC) Cuando menos dos, tres mil, cuatro mil. ¿Verdad?. En qué tiempo sería.

—(FCB) Pues probablementepor 1850 que haya sido.

—(SMC)¿1850? Sabe, lo que yo nunca he llegado a saber con toda claridad es qué significa Ziquítaro.

—(FCB) ¿No me platicaste que había dicho un natural que tarasco, que Ziquita era una cosa comouna tecata seca, una cosa seca, Ziquítaro y tu fuiste el que me dijeste que “ro” significa probablemente lugar?

—(SMC) Recuerdo que alguien me dijo que Ziquita significaba, algo así como cáscara seca de casahuate seco.

—(FCB) Y ahora después de que me platicaste tú me he fijado yo que aquí en Michoacán la mayor parte de los pueblos llevan la “re” al último: Panindícuaro, Puruándiro, Purépero, Zináparo, Tangancícuaro, quiere decir que significa seguro que es lugar donde había…

—(SMC) Lugar. La terminación “aro” significa lugar precisamente, por ejemplo Zináparo, quiere decir lugar donde hay mucha obsidiana, o sea “zinapu”, Zacapu, lugar donde hay muchas piedras, porque piedra en tarasco es Zacapu. Tirímacuaro, lugar donde haypozos, tirimacua, es pozo. De los pocos nombres que me acuerdo yo. Hay diccionarios especiales. Yo he tenido curiosidad por conseguir uno, pero la desidia, se me ha olvidado buscarlo, debe haber algún diccionario tarasco.

Si encuentro uno se lo voy a traer por curiosidad.

—(FCB) Sí, pues solamente así se pueden comprender lo que significan los nombres de cada lugar.

—(SMC) Acuitzeramo significa lugar donde hay muchas víboras, parece que víbora en tarasco es “acuitzi”, parece. Pero sí es lugar de víboras Acuitzeramo.

—(FCB) Y para acá para el Estado de Jalisco, “tlán”, es la palabra.

—(SMC) Sí, por que allá dominaba otra raza. En nuestra región, los tarascos, en Michoacán y parte de Guanajuato. En Guanajuato hay muchos nombres tarascos también: Pénjamo es nombre tarasco, Acámbaro.

—(FCB)Según los dialectos que tenía cada grupo, así eran los nombres de lugares, probablemente.

—(SMC) Allá por la región de México, Estado de México, Puebla, Tlaxcala, el Náhua, por los aztecas. Las terminaciones de los pueblos, son en “tlan”: Zacatlán, por ejemplo, quiere decir lugar donde hay mucho zacate, Apetatitlán, lugar donde hay muchos petates, y así.

—(FCB) Sí, así en eso me he fijado pues aquí en Michoacán “ro” y en Jalisco “tlan”: Ixtlán, Ocotlán. Llegue a andar con gente de Jalisco y el término era “tlan” al final de la palabra.

—(SMC) Pues los tarascos, aunque fueron de todas maneras dominados por los aztecas, permanecieron unpoco más independientes y posiblemente por eso no conquistaron aquí de plano y en ese caso se conservó cierta unidad cultural. Cómo es curiosa la historia de Michoacán. Estuvo leyendo un libro hace meses, muy ligeramente, sobre la obra de don Vasco de Quiroga, el señor español aquel famoso, después obispo, el que enseñó a losindígenas de la zona de Pátzcuaro, de Quiroga, de todo esas artesanías famosas. Pues en ese libro leí que en Numarán hacían rebozos y era un lugar muy industrioso, ya ve ahora qué muerto. Lo absorbió La Piedad…

MI CAMINAR. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 5/XI/06; 19/I/07 Mi Ziquítaro

MI CAMINAR

SILVIANO MARTINEZ CAMPOS

(Ziquítaro, Mich., México, 5 de Enero de 1935)

I.- EL PASO POR LA ESCUELA

1944-1945 Primeros años de enseñanza, en la Escuela Primaria Rural Federal “General Lázaro Cárdenas”, en Ziquítaro, Mich.

1946-1947 Tercero y cuarto años de primaria, en el Colegio Vasco de Quiroga, Penjamillo, Mich. 1948-1949 Quinto y sexto años de primaria en la Escuela Apostólica, de la Arquidiócesis de Puebla, en la ciudad de Puebla, Pue.

1950-1951 Primero y segundo años de “Latín” (humanidades), Seminario Conciliar Palafoxino en su casa de seminario menor en San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala.

1952-1953 Tercero y cuarto años de “Latín” (humanidades), en el Seminario Conciliar Palafoxiano, en su casa de seminario menor en Puebla, Pue.

1963-1967 Estudios de periodismo, en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García, ciudad de México.

1977-1978 Dos cursos intensivos (una introducción al estudio de La Biblia), equivalentes a dos años de estudio, denominados Seminario Bíblico, en el Instituto “Sedes Sapientiae” de la Arquidiócesis de México, ciudad de México.

1954 Curso introductorio, de un año, al idioma francés, en la Alianza Francesa, ciudad de México. 1967-68 Curso introductorio, de año y medio, al idioma inglés, en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales, ciudad de México.

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II.- CAMINAR EN EL PERIODISMO

1957 Paso efímero de 3 meses, por el Diario Zócalo, ciudad de México. Trabajos de reporteo en área cultural. Artículos.

1965-1967 Agencia Mexicana de Servicios Informativos (AMSI), reporteo.

1967 Breve temporada en el diario El Universal, ciudad de México, reporteo.

1967-1989 Diario Ovaciones, ciudad de México. Reporteo, mesa de redaccón.

1968 Diario La Prensa, trabajo en mesa de redacción.(Actividad paralela a la de Ovaciones)

1969-1971 Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), Chapingo, México, edición de material impreso. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1972 Instituto Mexicano del Seguro Social, Orientación y Quejas, trabajos de redacción. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1973 Revista Comunicación del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), ciudad de México. Artículos. (Actividad paralela a la de Ovaciones).

1989-1993 Diario La Voz de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna.

1994-1995 Diario Cambio de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993-1996 Semanario Etcétera, La Piedad, Mich, colaborador. Reporteo, artículos, columna.

1994-2001 Semanario Por qué? de Michoacán, colaborador .Reporteo, columna.

1998-2000 Diario El Financiero, ciudad de México, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993 a la fecha, Semanario Guia, de Zamora, Mich, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna, trabajos literarios.

2006 hasta este día, página web MI ZIQUITARO, impulsor, colaborador.

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III.- OTRAS VEREDAS

1954 Banco Nacional de México, casa matriz, ciudad de México, trabajo de intendencia, mozo.

1955-1956 Una escuelita, de iniciativa propia, en Ziquítaro, Mich.

1956-1962 (por temporadas) Obrero en la Aceitera Ejidal, Mexicali, Baja California. Esporádicamente, también, algunos turnos en la Despepitadora Ejidal, en las inmediaciones de Mexicali

1958-1959, trabajos del campo en el Sur de California, USA

1957-1961, Trabajos esporádicos en el campo, en el Valle de Mexicali, y en Ejido Eréndira, B.C.

1962 (Una temporada ,auxiliar de maestro en la Escuela Primaria Federal “Lázaro Cárdenas”, Ziquítaro, Mich.

1962 -1965 Almacenista de herramientas en la Fábrica de Dulces Bremen, ciudad de México.

1975 Clases en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”, ciudad de México.

Década de los noventa, clases en la Academia Comercial México, La Piedad, Mich.

1999—2000; y 2002—2003, Consejero Electoral (Titular) del Instituto Federal Electoral (IFE), Distrito 01 con cabecera en La Piedad, Mich.

2008, Consejero Electoral (Suplente) en del Instituto Electoral de Michoacán (IEM), Distrito 01 con cabecera en La Piedad, Mich.

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Nota: A la siguiente sección de MI CAMINAR, le he puesto una barrera, una tercia de paréntesis. No es que esté prohibido el paso. Lo que pasa es que es provocativa, pro-voca, o sea que llama, invita, a ver la otra cara de la Luna, la otra cara de la moneda, la otra faz, pues, de quien escribe. Lo invito, la invito, a que traspase la barrera y me haga el gran honor de leerme.

((( IV.- EN LA ESCUELA DE LA VIDA

En realidad, luego de MI CAMINAR, allá arriba, debí agregarle: A TROPEZONES, pero se hubiera embrollado la cosa. Mejor me reservo la apostilla, el agregado, para esta sección, con la advertencia de que es sólo un esbozo, una aproximación, porque desde luego quedan pendientes aspectos, muchos subjetivos, incluidas también las metidas de pata en baches, hoyos y a veces hasta barrancos, del caminar. Pero esos detallitos los reservo, si acaso, para el juicio final. De momento van, mi paciente y entretenido lector, lectora, unas pinceladas por si acaso le sirvan para situar sobre todo mis trabajos de fantasía, que yo he llamado, creo que con toda propiedad, literarios y, desde luego, si he de tener el honor de que los visite.

¿Consideraría usted relevante, importante, en mi autoconsideración tan alrevesada, tan rimbombantemente llamada biografía, pero que viéndolo bien conforme a lo que significa el término, en buena parte lo es, consideraría importante, digo, que comenzara mi caminar platicando un poco sobre mis primeras andanzas de vaquerillo, cuidando las vacas de papá Chon?. Creo que no, ni yo tampoco. Sin embargo, creo pertinente hacerlo, por lo que le voy a contar. Esas correrías, además de ser los primeros pasos en la exploración de mi tierra, fueron el principio para mis investigaciones sobre la Tierra en cuestiones de geología, orografía, hidrografía, botánica y zoología. Desde luego también, y no al último, en relaciones humanas. Estas pretensiones de hombre universal, requieren desde luego su explicación, porque lo primero que pudiera pensar usted, es que había en aquellos primeros pininos (pinitos) en el camino de la vida, una gran tendencia a la megalomanía, al delirio de grandeza. Y tendría usted razón, y así lo considero yo también: la había. Lo que sucede, es que en mi niñez la ciencia —mi conocer—, estaba integrada y me falta, a ese propósito, la astronomía, motivo para mí de tantos pesares; pero considero más bien oportuno, por la misma razón, dejarla para un análisis posterior.

Debo estar obligado, por mi método de exposición, o sea de prioridad, o sea porque enumeré, mencioné en primer lugar la geología, de referirme desde luego a ella. Lo que tal vez a usted desconcierte, sea el método para explorarla y la herramienta utilizada Porque no creo sea muy ortodoxo, no muy apegado a las prácticas comunes, inspeccionar un paredón, de sentaderas, ni mucho menos con pantalón nuevo de mezclilla, resultado de lo cual podría poner en aprietos a la economía familiar y dar más trabajo a la sobrecargada del mismo, mamá Benita. No es pues muy adecuado explorar las diversas capas de la tierra ni sentado, ni mucho menos de sentaderas, posaderas o cualquiera otra denominación que se quiera considerar para esa parte del cuerpo de la anatomía infantil. Hubiera estado mejor contentarse con observar los paredones en sus cortes transversales, con sus capas sobrepuestas de tierras, de sales, de piedritas, expuestas por el arroyo para la admiración infantil y en algunas barranquillas, para nidales del desaparecido cuiname. O contentarse con admirarse por los yacimientos de tizate, las formas que tomaba el tepetate antes de convertirse en piso, o en enjarre de la vivienda rústica; explorar las concavidades de la cueva en la mina de arena; recorrer cual chiva los peñascales formados por lo siglos en la barranca o percibir la diferencia y hurgar en el porqué de la tierra blanca, la tierra negra, la tierra roja. Y por qué una es buena para el garbanzo, otra para el maíz y otra casi para nada.

Ha de disculpar el lector me aparte de mi propio esquema y trate en seguida la ciencia hidrográfica, de mayor interés y ocupación, tanto en mis exploraciones como en mis vivencias. De allí mi admiración por los manantiales, las fuentes, las ojodeaguas. Y los arroyos. Por las barrancas no tanto, pero sólo en estos menesteres del agua, porque en lo demás, había y hay aún interés en esas exploraciones al interior de las cosas, aun cuando fallen métodos y haya, además, resistencias a aceptar lo que en ellas se encuentra. Y eso, lo sé por experiencia y vivencia, lo comprueba uno por sí mismo cuando adulto; pero estamos con la ciencia, la conocencia, la exploración infantil de la vida.

Soy consciente de mi indisposición contra las barrancas, pero sólo por una de ellas y en determinadas circunstancias. He de ser claro en esto y platicar por qué y cómo. Porque cuando no da uno razones razonables (¡mire usted qué redundancia tan razonada!), vienen los malos entendimientos, o sea los malos entendidos. Pero no es el caso aquí, desde luego. Así es de que debo comenzar por situarme, en uno de esos días de secas, detrás de La Loma, antes llamada Pelona, pero ahora no tanto, gracias a la reforestación que hizo en ella el anterior propietario, don J. Trinidad Campos Silva, dejando la repoblación silvestre a su ritmo natural, con lo cual se recuperó de manera espontánea, en pocos años, el hábitat para el tepame, el nopal y la huizachera. No digamos de la liebre, aun cuando de esto no estoy tan seguro.

Ya sea por imprevisión de no llevar suficiente agua en la botella o en el guaje, ya sea por alguna tragazón imprevista con consecuencias indigestas, el caso es que durante las correrías de vaquerillo tras esa protuberancia (lo digo para no repetir loma) ya me andaba de sed. Tal vez el trance me condicionó para olvidar si andaba solo, o con mi compañerito de correrías, Chame, Samuel Ojeda, con quien me ligó el afecto antes y aún depués de que lo matara el rayo, él ya en el cielo, yo todavía caminando hacia él. El caso es que ante aquel acoso estomacal, ardiendo la panza de sed, lo primero que se me ocurrió fue ir a buscar agua a la barranca cercana, en vez de regresar a casa por ella, pocos kilómetros hacia el poblado, Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso. Acepto que fue un error de cálculo, ir a buscar agua donde no la puede haber dado lo avanzado de la temporada de sequía, cuando por allí sólo corre, o corría el líquido durante las aguas y pocos meses después, mientras los manantiales del área alimentan el arroyo. Son lecciones de la vida, pero entonces no lo percibía, eso de buscar la satisfacción donde no se puede encontrar, trátese de las relaciones personales, o trátese de satisfactores tan elementales como el comer, beber, habitar y, a fin de cuentas, de todo el vivir. Porque el bajar sediento, ardiendo la panza, por la pendiente peñascosa de la barranca, no encontrar agua y tener qué subir de nuevo, no pasa de ser una tarugada, si se ven las cosas desde el sentido práctico. Pero es difícil se tenga sentido práctico, de ese que da sentido a las cosas, no sólo en la infancia, sino además en el curso de la vida. Genio y figura, hasta la sepultura, podría recordarlo cualquiera.

Pero aquí lo inconcebible, es que a pesar de estas desilusiones y fracasos, cierto que pasajeros, vuelva uno a cometer los mismos errores y sea muy cierto que los seres humanos no sólo tropezamos dos veces en la misma piedra, sino cientos. Digo esto porque llegué a cometer un segundo error y en la misma barranca, esa que conduce aguas con aguas, quiero decir cada temporada de lluvias, el agua a la Presa de la Luz, en las inmediaciones de Tirímacuaro, o más allá, hacia el Río Lerma, cuando el gran boquete de los cuarenta que facilitó, por cierto, que en su caja se cultivara el garbanzo por años. Aquí he de mencionar, aunque no venga mucho al caso, porque no era lo mismo la caja de La Luz, ahora presa, que la caja, el terreno, también perteneciente a Ziquítaro (dicho sea de paso el ombligo del mundo), junto a la compuerta blanca, camino a la comunidad de La Luz. Todo sea por buscar las fuentes de la vida, en el caso que mencioné, como es el agua. O pedir que el guayabo dé frutos entre peñascales y en tierra árida. Pero de eso, ahora, no estoy tan seguro, porque a lo mejor le exigía que diera fruto a mi satisfacción , en tiempo y forma como se dice, cuando el ritmo del árbol era otro. En otras palabras, como si hubiese pretendido que tuviera las frutas disponibles en el momento en que yo lo deseara. Así es la vida, considero, pero en aquel trance no lo entendí. No, desde luego no había abundancia de golosinas en mi tiempo y a decir verdad, tampoco en las secas había mucho dónde pepenar durante las correrías de vaquerillo. En las aguas, sí, desde luego, por lo menos tunas.

Aunque a este respecto, en el asunto de las tunas, he de decir que había una reserva, ante el abuso tuneril, por aquello que decían sobre el taparse con ellas. No tanto porque no fuera cierto, sino porque había de por medio la amenaza de que, si sucedía tal percance, el recurso supremo consistiría en hacer la operación de destape auxiliados con una aguja de arria, de esas de coser costales; o de plano encomendarle la tarea a un cúcuno. Regreso, después de aquel breviario médico-anatómico, al asunto de las golosinas y he de decir que, en las secas, habrá de ser justos, también había nopales; pero no se estilaba entonces, ni creo que ahora, arrancar la penca, pelarla, ponerle su sal, limón y chile, y dar cuenta de ella a manera de pepino. No quiero extenderme mucho en esto, ni mucho menos a costa del guayabo. El error fue mío y también el desenfoque, no del árbol. Pero sí he de decir que mis servicios informativos indicaban que en el fondo de la barranca, había un guayabo y que tal vez pudiera pepenarse de él una que otra guayaba. Era grande la tentación — no tanto como las que se presentan cuando adulto y no sólo en el plano erótico, que han sido las más famosas en la historia, sino las de otros órdenes derivados del tener, poder y gozar–, de ir a buscar guayabas y lo mas natural era buscarlas en el guayabo. Así es de que emprendí la excursión pendiente abajo, y todo sudoroso me encontré con el guayabo de tan verde follaje, plantado en el fondo de la barranca, en medio de las peñas. ¡Con cuánta avidez hurgué en su follaje, en busca del tesoro oculto, de la piedra filosofal, en busca de la guayaba madura! ¡Y creo que ni las había verdes!. No hay peor frustración, considero, que desandar lo andado luego de verificar, in situ, quiero decir en el mero lugar de los hechos, que las cosas no eran como uno las creía. Sin embargo, y a pesar de los contratiempos, como el hecho de subir la pendiente sin guayabas y con sed redoblada, siempre hay manera de comenzar de nuevo y de manera más plena. Porque en este caso no le pedía peras al olmo, como dice el dicho, ni tunas al guayabo, sino guayabas. Y la falla estuvo en que las busqué donde no y cuando no era oportuno.

Esto me lleva a considerar que las frustraciones traen a veces su desquite, si sabe uno aprovecharlas. Y bien que las aproveché, en el caso de las guayabas. Y fue tiempo después, al llegar la ocasión de pasar al tercero de primaria, porque en mi Ziquítaro en esas cuestiones no andaba la cosa tan regular. Por influencia, positiva desde luego, de mi abuelo paterno don Vicente Martínez del Río, mis padres decidieron enviarme a continuar el estudio en Penjamillo, en este caso en el Colegio Vasco de Quiroga. Era desde luego importante encontrar dónde hospedar al tal Silviano, durante los cinco días de clase. Porque sábado y domingo eran buenos para regresar a casa y entonces siete y medio kilómetros de recorrido a pie, entre los terrones o el lodo, según temporada, no eran gran cosa ni trastorno para quien estaba acostumbrado a las andanzas vaqueriles. Y qué mejor lugar al encontrado por la solicitud paterna, que la casa de unas magníficas personas, amistades, con ligas al Ziquítaro vecino, que las de la familia González- Díaz. Sí, la de don Ciro González y la de doña Luisa (Luisita) Díaz. Él carpintero de oficio, ella maestra de profesión. Y sus hijitas Raquel, Guadalupe, Etelvina. Otra, la Paz, la Pacita, en el estudio en Morelia. El niño montaraz conviviendo con niñas. Para mí “ranchero”, ellas pueblerinas y, en fin, con una familia a la que, si en aquel tiempo y luego de joven y por razones que no vienen al caso, tal vez retraimiento e intensa lucha por la vida (por la papa, para ser claro), no pude agradecer lo debido, ahora les rindo agradecido homenaje. Sé que nunca es tarde para reconocerlo, pero vuelvo al tema central, en este caso las guayabas. Porque en aquella casa de Penjamillo, no podía faltar la pequeña huerta de naranjales, limonares y mangos pero ¡Oh sorpresa!, poblada de guayabos.

De alguna manera debí entender que había huerta libre, porque sin pedir permiso la hice mía y no había quién me bajara de los guayabos, donde la única competencia para mí, eran los pájaros. Debe ser bueno el desquite, aunque en este caso saludando con sombrero ajeno, tanto la huerta como el guayabo, mientras el de la barranca era comunitario. Claro, en aquellos tiempos mi cabecita, aunque ya los captaba, no se hacía la vida problemática ni pesada en cuanto a las teorías sobre la propiedad privada. Cuantimás que durante las correrías por terrenos ejidales, cuando más o menos funcionaba el ejido, permitían a uno libremente agarrar de lo que se podía, y había. El recuerdo, pues, del solitario y austero guayabo barranqueño, había quedado en el pasado. Compensación, dirían los entendidos; pero en aquellos dos años de abundancia de frutas, entre ellas las guayabas ¡quién iba a interesarse en las cambiantes teorías en torno al comportamiento humano! Lo que sí sé decir es que a pesar de mis tragazones personales, el viernes por la tarde la benevolente familia me invitaba a que llenara la arganita para surtir de limas, naranjas y guayabas, a mis hermanas y hermano de mi Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso. ¡Cómo poder olvidar las bromas de don Ciro!, encaminadas siempre, ahora detecto muy bien su intención, a que mi vida fuera encausada, si no hacia las altas esferas eclesiásticas, por lo menos a cura rural. Claro que no faltaba el recurso a la vanidad latente del niño campesino, al asegurar don Ciro que al regreso del seminario, estarían recibiendo al padre Martínez a repique tendido de campanas.

Y esto, lo decía el bondadoso hombre, acompañado de una sonrisa, transformada en carcajada, que de momento desconcertaba, pero que pude interpretar después como amorosa. No fue así, es cierto. Pero con todo y todo, guardo un grato recuerdo de dicha familia. Mi agradecimiento a don Ciro, porque a petición mía me hizo una pequeña alcancía de madera. No, no nací para banquero, porque nunca logre llenarla. Más bien tuve el descaro de desclavarla cuando llevaba unos cuantos centavos, monedas, para sacarlos. Y fue a dar la alcancía a manos más previsoras y prácticas, como las de Mariquita, mi abuelita materna. Del cura frustrado, tal vez lo supo don Ciro. Pero de ahorrador fracasado, de seguro no. Porque ninguna alcancía, de madera, de metal o electrónica, pudo lograr de mí el hábito del ahorro. Si usted, amable lector, benevolente lectora, me ha seguido hasta aquí, lleva un diez y mención honorífica, en mi consideración, por lo que se refiere al interés y a la paciencia.

He de ofrecerle disculpas, sin embargo, porque el asunto de las guayabas desvió un poco las consideraciones de tipo hidráulico que me había prometido abordar, a propósito del interés por manantiales y arroyos. Sin embargo, es de justicia un par de menciones más a las guayabas, que dicho sea de paso, tienen fama de ser tan nutritivas como el limón en eso de la vitamina C, en la cual lo aventajan. Pero aquí no hay recriminaciones, nada sobra en la creación y todo salió bueno de Sus manos: debe reconocerse la versatilidad del limón en cuanto aderezo tanto de moles en su rica variedad, como de carnes, pozoles, menudos o “pancitas”, hasta la proletaria botana. Ni qué escoger, pero en eso de lo sabroso, me quedo con la guayaba como fiel compañera en su aromática crudeza, o en la dulzura de su postre después de haber pasado por el sacrificio del fuego para convertirse en guayabate. Igual que el alma, dicen, después de los desarraigos a que obliga la vida o tanto mejor cuando son voluntariamente buscados. Dije dos menciones, pero en realidad son tres porque no puedo ni debo terminar el ciclo de la guayaba sin dar cuenta de la vez en que tal vez esa frutita sacó de apuros a mamá Benita y a papá Chon y a mí me dejó medio frustrado. Pero ni a ellos ni a ella les guardo sentimiento, aunque me acuerdo y tal vez venga a ser lo mismo. El caso es que sí me acuerdo de don Lencho, don Lorenzo y basta el nombre aunque falten apellidos. En los archivos profundos , habrá muchos Martínez o López o Molina, pero cada Silviano, o José o Melesio en sí es original y será llamado desde el disco duro por su nombre, no apellido, mientras, en tanto al final reciba el nombre nuevo prometido. Don Lencho llegaba encaramado en su burrito, con dos chundes o cestos de carrizo atravesados con el sabroso pan, creo de El Guayabo, con aquellas semas de granillo, endulzadas con piloncillo que hacían buena pero muy buena compañía con la tibia leche. Pero más que todo, en los chundes iban también las aromáticas guayabas. Y era un peregrinar por conseguir el cinco, o el centavo, para abordar al viejo bondadoso y mercadear con él pan o guayaba. ¡Y quién podrá olvidar La Jamacua, surtidora de caña o de guayabas!. Era toda una aventura montarle al burro y emprender la marcha familiar por La Mesa, bajar la barranca en burro o en caballo, llegar al manantial tan generoso y recorrer la huerta de guayabas. Y en aquel calorón de temporada, volver cargados de caña y de guayabas frescas, de corazón rosa o amarillo, robustas, aromáticas, como una mujer en plenitud creativa. Nadie lo tome a mal, no es mi intención desfogar sentimientos soterrados, sino sólo hacer mención de algo muy chistoso, si ha de verse ahora en tiempos de abundancia, tiempos de consumismo y de derroche cuando de complacer a los críos se trata, en tiempos de fin de año, o de Los Santos Reyes. Porque no era uso común que los Reyes Magos, tan ocupados en las ciudades, pasaron por los pueblitos. Pero algo se sabía de su llegada, por lo que se atrevía uno a dejar el zapato, o el guarache, si de niño campesino de entonces se trata, por allí, por si acaso ellos los vieran. Pero esos reyes, agotados, habían vaciado ya sus bolsas en las ciudades y al rancho llegaban, si llegaban, con bastante retraso y ya sin nada. Por eso es que aquella vez por la mañana, acudí a donde el zapato, más bien el guarache, por si acaso y ¡Oh sorpresa!, encontré dentro de él ¡una guayaba! Pero eso no es nada, en otra ocasión encontré sólo un piloncillo. ¿Tendrán esas dos circunstancias algo qué ver en mi gusto por el guayabate?. No alcanzo a entenderlo, porque no hurgué en ello cuando me aficioné a leer sicología, buscando explicaciones más bien en torno al erotismo, o al sentido profundo de la vida.

Vuelvo pues a los manantiales, aun cuando los arroyos mantengan su atractivo, ya sean crecidos o secos. Mi desfortuna, en este caso, es que mi inclinación es igualmente marcada por el agua y la sequía, por lo verde y lo árido, por lo boscoso o por lo desértico. Igual admiro la obra de arte del Creador, en un mogote poblado de casahuates y nopales, que en un barranco peñascoso y seco. Lo mismo la noche oscura, tenebrosa y estrellada, con Luna o sin ella, que el día esplendoroso con su resolana y su Sol quemante. Ni de aquí, ni de allá, podría ser el resumen de toda vida, retomando el título de la chistosa película. Así, y todo, no puedo menos de recordar mi empecinamiento y tozudez, quiero decir mi terquedad en saber de dónde venía el agua en la Ojodeagua de La Pila. Y no me contentaba con admirar el arroyito del venero ruidoso que llenaba poco a poco las pilas para el baño, o para los menesteres del lavado de ropa, o la atarjea cercana para el ganado.

No escapa a mi pensamiento la idea de que alguna teoría interpretara ese interés por las profundidades, en un soterrado impulso de volver al seno de la madre, o de recorrer a la inversa el camino que ha seguido el mundo hasta llegar a mí. Me inclinaría por esto último, aunque viéndolo bien, podría pensarse también que el mucho hablar de sí mismo delata una inclinación narcisista a explicarse las cosas a partir de uno mismo. Y no faltaría razón, porque pienso y digo, de quién va a saber uno un poco más, en el maremagnun de interpretaciones, si no es de uno mismo. De todas maneras, no fue el caso de todas estas elucubraciones en aquella edad temprana. Es la ventaja de ser niño. Y es la desventaja de ser adulto. Entonces vives, y sueñas; ahora interpretas. Si vives, sueñas e interpretas, tal vez encuentres el añorado equilibrio. Puede que sea la lección de los manantiales, porque siempre hay la tendencia a hurgar de dónde viene el agua. Antes, in situ, en las ojodeaguas, ahora, in situ al asomarse un poco a los rumores de que puede haber algo en el fondo de los agujeros negros, tal vez otro Universo, o percibir la barrera “teórica” en torno al Big-Bang del que venimos. Pero en el caso de la Ojodeagua del Sáuz (Sauce), en El Llano Grande, no es lo mismo. Porque allí el venero era callado y llenaba desde abajo el pozo. Aquí sí también sabes que viene el agua, y a dónde va, pero no de dónde viene. Igual como el viento. Lo bueno que, en ambos casos, llegan y, a veces, cuando menos se espera. Como gotas, o como torrentes. Como caricias, o como huracanes. Dije sauce, en este caso, sabinos, en La Pila. Arbol, manantial juntos; peñas, cerritos, mogotes. ¡Qué interesante! Y con razón los antepasados fincaron allí cascos de haciendas. Como en La Nopalera, como en El Chorro, como en La Ojodeagua central más abundante, como en La Pila. Y hay más agua: El Ojito de Agua, en el barrio La Penca. Y Tía Tula, más modesta, pero no menos importante. Y El Pocito, un venero que sobrevívía, año con año, unos meses a las aguas, para que en él pudieran abrebar, beber, huilotas, conguitas y pájaros diversos. Y no se puede olvidar el venero temporal del Cerrito de la Santa Cruz, ni aquél muy efímero también surtido por una pequeña meseta por las inmediaciones de La Nopalera, pero cerca del Santamarillal, en terrenos donde don Emilio Mejía ponía sus chilares. ¿Se podrá desligar de la memoria la Ojodeagua central, de la misma vida de Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso?. Creo que no, porque sus aguas abundantes en tiempo lluvioso llenaban la presita que en tiempos rudos era bendición para el ganado y era todo un ritual bajar las vacas a abrebar en la tarde, con todo el bramadero de reses como saludándose unas a otras desde manadas vecinas. Y la atarjea de aguas más transparentes para facilitar la bebedera al caballo, o al burro. La Ojodeagua, centro de comunicación entre vecinas para transportar noticias de uno a otro barrio. Agua blanquisca para que en una de sus pilas la muchacha o el ama zambullera su cántaro, o el joven o el señor igualmente, pero en cántaros colgados en par en la burra de palo, travesaño de madera para equilibrar el peso, y el paso. O bien en el burro equipado con arames de Palodulce y cuatro orificios con asiento para los cántaros, cuando el viaje hacia Los Guanumos, Los Nopales Altos, El Llano y otros barrios, era obligado antes de los sesentas cuando llegó la técnica moderna del pozo profundo, el depósito en alto nivel y la tubería domiciliaria. Y la pintoresca noria de la familia Mejía, con el animalito, un macho, dando vueltas y vueltas en el cúmulo que remataba la noria, para surtir agua a la huerta de naranjales desde la presa cercana. Y desde ese cúmulo, el ingenio del primer amor improvisando lenguajes cifrados de señas convenidas cuyos secretos ingenuos se fueron al cielo, y se quedaron en la tierra. Lenguajes y señas que cruzaban la aroma de azahares de naranjos y flores encarnadas de granados para volar al otro barrio donde eran recogidos para, en juego convenido, regresarlos en retroalimentación bonita y así entretener la mente y el afecto en la transparencia del idilio campirano.

Esto que voy a contar ahora, no tiene parangón con el resto de mi biografía, si acaso cuando me agarraron en la maroma luego que le robé un palomar de lodo a José Duarte. O cuando aproveché al cien por ciento la llegada de divisas cuando papá Chon era bracero y la distraída mamá Benita ni cuenta…Lo cual, todo junto, me da a entender que de haber seguido por ese camino y no me hubiesen mandado al internado, pude haber terminado en político millonario. (José Duarte, Jose (sin acento y de cariño). Gratos recuerdos para él y para toda su familia, tan buenos vecinos, hay qué decirlo: doña Altagracia, don José, Poncho, Roberto, Toya, Alicia, Salvador, Consta y Fitos, todos pues sin que deba faltarme ninguno). Tampoco tiene parangón como cuando me agarraron en la maroma tras mi operación del apéndice, con una mentirilla impropia de “piadoso” seminarista; o cuando ví a un ángel, una bellìsima enfermera, tras la operación del oído, el definitivamente sordo. Eso no tiene nada de raro, pues en mi vida me he topado con un montón de ángeles y no sólo, por cierto, con ángeles de cofia. Pero esto que digo aquí, sería materia de otro ciclo si acaso, y no del niño campirano, lo cual es el caso. Hay cosas que rozan tanto la intimidad, que es mejor queden reservadas al amor propio, si es que en estas cuestiones hay amor, aunque sea propio. Lo digo porque de haberse sabido, ni imaginarse la pena que me hubiese dado con las niñas, ángeles pues, donde me hospedaba y no sólo con ellas. Después de todo, en esto, todos somos pecadores y la diferencia estará si acaso en reconocerlo. Pero por favor, que los demás no lo sepan. Digo esto porque ese día por la tarde, andaba en la plaza de Penjamillo. El turno para niñas en el colegio, era vespertino y para los niños, en la mañana. Así que buen turno ese para investigar, vagar, correr y qué mejor que hacerlo en la plaza, en el tan bello jardín de la cabecera municipal. No está usted para saberlo, ni yo para contarlo, mi posible amable lector, lectora: no recuerdo haber abusado de golosinas porque hasta eso, salvo huerta libre, no había manera: no abundaba el dinero para las compras, pero ni siquiera las golosinas chatarra como ahora, disponibles para todos los bolsillos infantiles. Sospecho que estoy retrasando el desenlace, por algún atavismo que me hace revivir aquel trance del cual, aunque tal vez manchado —porque mi plumaje sí se ha manchado en la vida, no lo niego—; pero a salvo de la crítica y el posible hazmerreír de mis compañeros de juegos, no digamos del desde entonces digno de tomarse en cuenta, el juicio crítico del bello sexo y me refiero a las niñas. El caso es que a media tarde ya me andaba. No había entonces, que recuerde, baños, sanitarios públicos, si acaso algún paraje solitario por el rumbo del arroyo, a unas cuantas cuadras de la plaza. Pero ni eso se me atravesó por la mente, ante tamaño trance, ante el temor de salir con mi batea de babas, o batea peor y hacerme a media calle. He de hacer aquí una consideración muy razonable ( a manera de paréntesis), porque desde entonces, mayormente ahora mayor de edad, es decir viejo, tengo en cuenta los sitios estratégicos para todo efecto de emergencia. Con mayor razón que en la zona urbana, una trasgresión voluntaria o involuntaria, puede ocasionar encarcelamiento, así sea momentáneo, por faltas a la moral. Ya ve usted que en esa materia la moral ha sido muy estricta desde siglos, no en otras cuestiones como latrocinios, homicidios, genocidios y masacres. Nunca me he creído con vocación de matemático, ni mucho menos de topógrafo, aunque en eso terminé ahora, midiendo calles, al volverme caminante, aunque comencé desde niño. Lo digo sinceramente, pero en ese caso comenzó a funcionar mi mente a las mil maravillas, pero sólo la mente, por lo que contaré enseguida. De seguro hice mal cálculo y creí que aguantaba hasta la casa, a unas cuatro, cinco cuadras si ha de tomarse en cuenta medida urbana, aunque en el poblado eran sólo dos largas, infinitas cuadras según lo recuerdo, y lo sentí entonces. Mal cálculo, digo, porque, en todo caso hubiese estado mejor tomar el atajo más corto, hacia el arroyo, conforme a la experiencia de vaquerillo, y así me hubiese ahorrado tantas angustias ¡y reservas!. Y hay cosas que son inevitables, según las leyes de la naturaleza o de la imprevisión humana, aun cuando se sea niño. Porque a medio camino sucedió, ¡Y sucedió!… Y no hay poder humano en esos casos para detener los acontecimientos. Aunque aquí la ventaja, si se han de sacar lecciones, fue mejor llegar a la casa con tambache que de otra manera menos digna. ¡Y qué huerta ni qué huerta, ni mucho menos treparse a los guayabos! Lo razonable fue llegar directo al lugar reservado para la condición humana desde siglos de siglos, hacer lo conducente y sepultar por siempre hasta el cuerpo del delito, para que no quedara rastro de aquel trance inoportuno, ahorrando investigaciones a quien pretendiera hacerlo.

Nunca aprende uno las lecciones, y lo digo por lo que debí aprender muchos años atrás de esa infortunada fecha del incidente al que me referí, allí mismo en Penjamillo. Cómo no recordar sus fiestas con la devoción mariana de Mayo, con sus vistosos y devotos arreglos en el templo, la entrada de la flor el día 30, aromas de pinos, frescura de los lirios, con sus pintorescas mojigangas y el día último la fiesta en grande, la banda de música de la sierra que se tupe ahora sones tan sabrosos como el Juan Colorado, o Arriba Pichátaro, y en aquellos días la Casita de Paja, La Virgen Morena, o Guadalajara. Pero no hay mayor estropicio para las reglas que soltarle al niño campesino, por lo general deseoso de golosinas, abundancia de dinero. Y si no le dan, lo busca, como entonces, poniendo en juego todas sus artes de pediche, entre la parentela, hábitos que se adquieren y a veces no terminan sino con la vida. El caso es que en una de esas fiestas no hubo sandía, aguacate, plátanos, mangos verdes, perones y dulces que no llegaran a pasar por la panza de Silviano, entonces de unos ocho años, o tal vez uno menos. Debo reconocer mi gusto por los mesones de entonces, estancias de vieja herencia con su amplio corral, cuartos para el hospedaje de los viajeros pueblerinos, depósitos para la pastura de caballos y burros, el pozo y, por qué no decirlo, más que hoteles de cinco estrellas para el cansado huésped, sobre todo después del ajetreo sin fin durante el jolgorio de una fiesta patronal. Y esto explicaría, soy sincero, la admiración fantasiosa del adulto por los mesones españoles, pero los de la literatura cervantina, allá llamados Ventas, con todo y Maritornes.

Por eso el reparador, así se dice, descanso de la turba familiar donde pudiera tenderse, acomodarse, y no había poder que pudiera despertarlos de su bien ganado y merecido sueño, después de disfrutar de cuanta diversión era posible, en aquellos tiempos de austeridad forzada. Dije que no hay poder, pero debo retractarme, porque hice entonces, a media noche o comienzo de madrugada, un despertadero con el poder de mis gritos. Y no era para menos: se me había abultado la panza y la alarma entre el vecindario familiar era razonada: Silviano estaba sofocado. ¡Denle yerba del haito!, decía una, recomendando una de las recetas preferidas, recuerdo, de la tía Conchita; pónganle un lavado, decía creo que la tía Chuche. No, cósanle el estafiate, parecía decir otra, en referencia, claro, en eso del estafiate, a la yerbita medicinal usual en estos menesteres. Y creo que la consulta, en debate abierto de la concurrencia, terminó en lavativa, se haya cocido (con “c”), o no cosido (con “s”), el estafiate, lo que en honor a la verdad, de plano, no recuerdo. Cierto, entonces, en la edad de la inocencia, no había tanto amor propio. Pero luego, en la edad de la conciencia, como en la aventura tan bochornante de la plaza, antes referida, ya afloraba el sentimiento tan difuso como indefinible, del respeto humano. Igual que en el mundo de ahora, pero, de seguro, hoy en grande. Insinué algo parecido a corretiza desde la plaza, con aquello de la urgencia que terminó en borrar todo rastro, en la casa del hospedaje, en el lugar reservado. Aunque viéndolo bien, más fue autocorretiza, porque no había factor ajeno que la hiciera, sino las leyes de esta naturaleza que llevamos a cuestas, y a mucha honra.

Pero es momento de referirme también a otras dos corretizas, una tal vez ilusoria y otra más real, pero ambas motivadas por el miedo. Las correrías infantiles no eludían, desde luego, los peñascales, fueran en barrancas o en arroyos secos, por lo que aquella vez, arribita de El Chorro — barrio, paraje y manantial, que los tres significados abarca–, muy cerca de la casita de mi tía Rafaila Cerda y de la casa de mi tio Pancho Mora, fui víctima de la corretiza primera de las dos a que hice referencia. No sé qué diantres andaba haciendo por allí, en el arroyo entonces seco, pero que en tiempo de aguas forma un poco adelante una cascada, en la Barranquilla de donde nace, de un costado, el manantial de El Chorro. Allí se llenaban cántaros utilizando una penca de maguey, aunque después se construyó un depósito, a la moderna, frente a la casa de mi tío Pancho y en la falda Oriente del cerrito de La Santa Cruz, ahora fincado por ese y por otro lado. En aquel tiempo yo no estaba tan influenciado por pasajes bíblicos, como los relativos al Paraíso Terrenal, donde las víboras hasta hablaban. Menos iba a creer entonces que hasta corrían dando saltos sepenteantes (esto literalmente, porque también son serpientes). Y fue el caso, que en un momento dado vi al animalito, le digo así de cariño no tanto porque sea de mi particular devoción, sino porque a pesar de todo es criatura del Señor.

No sé si ese miedo vino antes o vino después de que un travieso muchacho, no digo nombres porque esta es una página amigable, me puso de corbata una víbora muerta. Así le fue con mi mamá Benita, pero el susto nadie me lo quitó. Por eso tal vez imaginé que la víbora del peñascal no sólo iba serpenteando en vertical, sino me iba correteando. Lo confieso, eso de que caminaba está por verse, a lo mejor aquella que dije ni tampoco hablaba. Pero en todo caso, son animalitos a los que, junto con el zorrillo, aun cuando en este caso por razones no tanto visuales sino más bien olfativas, mejor no me les acerco. De haber practicado cuando joven y aún como adulto, carreras de obstáculos, por lo menos termino en algún estadio olímpico y cosechando medallas, porque la carrera que emprendí en el peñascal, dizque correteado por la víbora, no envidiaría a nadie ni en velocidad ni en destreza. Y eso de que el miedo no anda en burros, está por verse, aunque ni por asomo me comparo con el manso animalito, al que admiro por sus dos grandes antenas. La otra corretiza pendiente de platicar, fue más realista y más a lo humano, no faltaba más. Sé que a veces son más de confiar los animales que los hombres y no es cosa de devanarse los sesos para entenderlo: los animalitos están diseñados con un propósito propio al que son fieles, y los humanos también diseñados con un propósito, pero en el que participan y por eso pretenden ser libres, y al buscar cumplir su propósito se cruzan con los propósitos ajenos. Pero eso no implica, por supuesto, coincidir con el Kempis en aquiello de que en la medida en que convivivió con los hombres, se sintió menos hombre. Por el contrario, en la medida en que conviví con los hombres (sobre todo mujeres), me sentí más hombre. Y habría qué ver qué se escoge, si ser devorado por un fuego atómico, o por el contrario acogerse a la caricia liberadora de un cuerpo humano. Pero esas no son consideraciones de niño y allí radica la inocencia. ¡Cómo no voy a acordarme de Toño Gómez!, si junto con otros vaquerillos cuidábamos el ganado paterno, fueran dos o cinco reses, no es el caso de cantidad, sino de calidad. Por eso andábamos de potrero en potrero y en una de esas Toño me enseñó a hacer hondas, echando mano de ixtle sacado de costales o hilos y de popotes cosechados en la barranca de El Consejo, de la plantita que llamábamos soromuta, si no se me cuatrapea el nombre con otra llamada tacari, propia para rellenar colchones rústicos. Por eso conocía yo más o menos el manejo de las hondas, la apantallada que daba uno a los demás haciéndola chasquear con la pajuela, al lanzar la piedra y, no se diga, los efectos si daba uno en el blanco. Ni por asomo hubiera imaginado yo el poder destructivo de las bombas inteligentes de ahora, pero en cuanto a las hondas, sabía que no sólo eran juguetes de vaquerillo.

Por eso y por no sé qué diferencia, alguna expresión tal vez con involuntaria carga de sentido, como a veces lo hace uno ya entrado en el viejo oficio del periodismo (y aún ya viejo el oficiante), un compañero que aun cuando recordara el nombre no lo diría porque esta es una página amigable, entabló pleito conmigo. Creo que no medí fuerzas, porque era más grandulón que yo, así que, en un momento dado, opté por el retiro estratégico, no sé si con honda o no en la mano y acogiéndome un poco sin darme cuenta, a la sabia sentencia de más vale que digan aquí corrió que aquí quedó, la emprendí corriendo loma abajo, rumbo al poblado y a la casa paterna. Lo que es cargarle la mano a uno, en este caso la honda, porque en la corretiza, ésta sí provocada, me llovían las pedradas que, por fortuna ninguna dio en el blanco, porque de haberlo dado, ni lo estuviera contando. No logré averiguar si el contrincante, sacando ventaja de estatura, edad y tecnología, haya disparado sólo balas (digo piedras) disuasivas, o haya tirado a dar. No tuve tiempo de averiguarlo, porque en la corretiza cuesta abajo, hasta olvidé las vacas. Creo fue desde entonces que comprendí: mi fuerte no son las armas y, salvo agresiones verbales que no faltan en el curso de una vida a tropezones, he preferido las batallas que usan como herramienta la razón , aunque aún así no son tampoco polémicas (batallas) sino razonables, discursivas, porque en estos terrenos, como en amores o afinidades, los zapatos entran mejor sin calzador. Y siempre, siempre, es mejor con-vencer que vencer a secas. La imposición tiende a aplastar: la persuasión tiende a levantar. Y hay su diferencia entre quien conquista y quien libera.

Llego aquí a mi descubrimiento central, el Cosmos. Y aunque pudiera parecer presumido, por aquello del “descubrimiento del Cosmos”, debo precisar que mi primer conocimiento profundo del mismo no me vino por horas y años en alguna universidad de prestigio ni en algún observatorio astronómico, sino me llegó gratis. Y es natural que un niño campesino, en su despertar a eso de los seis o siete años a lo que lo rodee, se encuentre con que hay grillos que cantan. O estrellitas que relumbran. Otra cosa será cuando percibe que las estrellitas cantan y que los grillos relumbran. Y para el caso, en su primer saber campirano en torno al Cosmos, es lo mismo: la estrella que canta, el grillo que brilla. Y ambos, al unísono, son en sí mismos el Cosmos que se expresa. Y claro, el gran poeta laureado, el mexicano, dirá lo mismo de su experiencia adulta y hasta le compondrá al suceso un pequeñito poema. Y así es que se nos dirá lo mismo, seamos niños o adultos. ¿Tendrá eso relación con el gusto, el placer de contemplar el cielo estrellado, el Camino de Santo Santiago (la Vía Láctea) tendido de espaldas sobre un manojo de rastrojo luego de haber consumado al rústica cena, que culmina en “postre” con un toqueri tostado en las brazas de la hoguera, de la lumbre, una noche de noviembre durante la vela del “montón” (de maíz) tras su cosecha en la milpa de El Guayabo?. ¡Quién sabe!: pero no es desestimable haya nacido allí el gusto por lo grande, lo grandioso y el toque por el misterio que rodea la existencia, que hace, en los años de juventud, capturar aquella frase de un salmo en un libro que no sé por qué decía en italiano “cieli narrano la gloria di Dio”, luego leída en su versión latina también: “caeli enarrant gloria Dei”, o sea “los cielos proclaman la gloria de Dios”. Y de allí, llegar en la madurez a la verdadera megalomanía, sentirse grandioso porque eres y formas parte, de ese formidable proyecto creativo que nació con el Big-Bang y culminará ¿cómo?. Con un nuevo nombre, con un nuevo ser para todo. Pero esto me lleva a otro gran descubrimiento, mi limitación y mi incursión en la gran herencia recibida, la cultura en su expresión del pensamiento cristiano. Podría, si estuviera en mi mano, proporcionar a mi paciente lector, lectora, no sólo diez y mención honorífica, sino diplomado, o algún otro grado en el saber, luego de aguantarme hasta estos renglones, en los cuales parece que desbarro y sobre paso límites con temas o vivencias fronterizas. Y tiene razón, desbarro porque he llegado a una zona límite, en la que comenzaron mis penas y empezó al mismo tiempo para mí, la verdadera riqueza heredada: el don de la palabra y tal vez, con modestia lo digo, el Don de la Palabra.

Y fue en el Colegio de Penjamillo, donde pasaron por mis manos y mi vista, aquellos textos de la Historia Sagrada (FTD) o de la liturgia, mismos que, en honor a la verdad, junto con otros como los relativos a historia, capturaron mi interés. Llego, luego de tanto rodeo, a mi remembranza de la Madre Francisca, la bondadosa religiosa y maestra. Debió su sensibilidad maternal verme un poco desnutrido, no sé, o algo amarillento de mi faz, lo que me hace temer haya correspondido a la realidad, a juzgar por algunas exclamaciones del público (digo de compañeros de aula), a la hora de la hora. Y esa hora de la hora, era a media mañana, cuando la madrecita, con una imperativa pero amorosa seña o mirada, me mandaba a la cocina. Allí estaba siempre Marina, la cocinera, que preparaba desde luego al interfecto su tacita de caldo de frijol sancochado. Debió la madrecita saber de alguna cualidad nutritiva del caldo, porque tenía qué ser de frijol y sancochado. Pero no se crea que el tentempié matutino se reducía siempre al frijol, porque de vez en cuando la dieta de las monjitas–maestras incluía pollo, por lo cual el no muy grato caldo rutinario, se convertía en el más agradable de gallina. Si algún especialista pretendiera darme lecciones sobre cómo nacen los complejos, bien podría decirle, en réplica, que muy a tiempo lo supe. Porque todo era que la madrecita hiciera la seña consabida y el estudiante de tercero encaminara sus pasos hacia la cocina, para que alguna que otra voz celosa comenzara a maullar como si dijera: “hái” va el gato. O el epíteto del limón amarillento. No debo terminar mi ciclo del caldo, sin mencionar lo realmente importante: fue allí, con la madre Francisca, cuando recibí mi primer curso, mi primer tratado de teología sistemática, si se me permite usar para el caso, términos académicos sin que por asomo pretenda atribuirme en ello competencia. La madre amorosa puso, pues, en mis manos, la Instrucción Religiosa, librito famoso entonces bajo el subtítulo de “El Cristianismo. Sus dogmas, Oraciones, Mandamientos y Sacramentos”, 375 páginas según una reimpresión que adquirí muchos años después en una librería de viejo en la ciudad de México. Pedagógico, o no, para un niño de once años, el caso es que me soplé el librito de pe a pa: la tradición de mi Iglesia en unas cuantas páginas. Fue de cierta manera, el librito, el principio en un proceso de “intelectualización” de la fe. Por eso me habrían de hacer después un Concilio, a fin de revisar todo eso y llegar al “aggiornamento”, a la puesta al día en la cual aún estamos. Luego seguiría por mi cuenta en la literatura repectiva. Por eso digo, y a pesar de que el desandar lo andado ideológico trae sus pesares, bendita la madre Francisca que me abrió el paso hacia lo recibido comunitario, la tradición de mi Iglesia. Esa tradición, mi contemplación del firmamento, el convivir con bichos, peñascos y matorros y las vivencias de niño campesino, aunque no sólo, fueron la gran escuela de mi vida. Y de alguna manera todo ello se refleja, también, en esos breves trabajos que he llamado Fantasías. Y si tuve el honor de que me siguiera hasta aquí, lector (a) amigo (a), espero tener también el honor de que las visite. Habré quedado convencido de que, a pesar del caminar mediante tropezones, algo pudo quedar, entre el caer y levantarse. De ser así, por mí, se lo regalo)))

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NOTA BENE: No sé si lo anterior sea primera, o última parte. El caso es que, ni por asomo, está debidamente agotado el ciclo de la infancia. Prometo, de ser el caso, un agregado con matices subjetivos de la misma. He de hacer notar, sin embargo, que en el terreno laboral, práctico, ya adentrado en la vida urbana, mi caminar comenzó allá por el 53, en México. Mi interesado lector (a) habrá de saber que mi primera incursión en ese mundo interesante, antes de ser contratado por el Banco, fue allegarme al taller automotriz de mi primo Chente. Él, benevolente, a fin de que me ganara unos pesos, me pidió cambiar la llanta en el carro de uno su clientes, tan decentito que hasta vestía traje. Hice todo el propósito de cambiar la llanta. El bondadoso cliente captó el trance, me ayudó a cambiar la llanta y me “pagó” el servicio: dos o tres pesos…¿Crisis de un adolescente, de 19 años recién desempacado del exilio campirano?. No, crisis de civilización: el joven inexperto, de mentalidad campirana; el ex internado de mentalidad monacal, incapaz de adaptarse a las primeras de cambio a la práctica urbana de la vida moderna. Y ahora al revés, la mentalidad tecnológica superacelerada, destructiva, cibernética y virtual, incapaz de recuperar su origen: la convivencia con yerbas, bichos y el trato directo, transparente que da el contacto con la vida y el alma campirana…

SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI. Silviano Martínez Campos

SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI. Silviano Martínez Campos

Publicado el abril 29, 2011 por silviano  | Editar

SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS, VI.

Silviano Martínez Campos

M E T A F O R A S D E U N E N S U E Ñ O

Y VARIACIONES SOBRE UN MISMO CANTAR

(Fotos de Silviano. En caso contrario, se indica)

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. (NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc) Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Al individuo aquel (smc) Silviano Martínez Campos, por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, a la vez que regocijante experiencia, a pesar de las décadas transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante: ”en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Pero especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer bien podría también llevarlo a encajar aquel versito en la gran crisis de la que ahora era testigo en de alguna manera; porque al fin y al cabo todo indicaba se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le hacía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no llegaba a tanto en un plan adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo, más gratificante, éste de la vida “real”, en todo caso, que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él, de aquel individuo). Había llegado a la convicción de que a ese Dios soberano, Quien sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa donde la firma personal es definitiva, según así parece. Y esto , por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe, cuantimás desde las profundidades del sí mismo humano. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo humano , en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien, como El sepa, o a través de sus mismas criaturas, dé mensajes al hombre atribulado y con su poder los haga extensivos a todo el Homo Sapiens, a quien sus errores históricos le han hecho hacerse merecedor también, en los últimos tiempos, de Homo Demens, por cuanto él mismo se amenaza con el propio suicidio contaminador y depredante. Pero aquel individuo habría de considerar también que, como se dice, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer. Porque después de todo, el poeta (Hölderlin, en Patmos), puede tener razón, entre más grande el peligro, más cerca está lo que salva o también ahora podría decirse: entre más grande el riesgo de la hecatombe planetaria, más cercano está Quien salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Y les dio de comer, el pan diario, pero también el “epiousios”, el supersustancial, el de allá, el de otras dimensiones, como dicen los sabios de la Tierra. Pero no, desde luego, el que con sus engaños pregonan los poderosos que también contribuyen a destruir con sus químicas a la trama de la vida, y al pan de los pobres, de los limitados. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarlo, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla por y donde quiere. Porque, su Espíritu agita no sólo las aguas turbias de hombres destructivos, sino también comunidades o multitudes o continentes, siempre que haya un soplo, entre todas ellas, de espíritu vital que busca la plenitud de todo lo viviente. Pero también convulsiona y agita, a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Sería también porque clavó demasiado sus ojos en el suelo utilitario, o porque los fijó demasiado en las lejanas estrellas. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, el cual es, en rigor, el planetita extraviado. (26—IV—011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: ante la debacle universal, aquel individuo sonreía al recordar aquello de hacía 35 años, que probablemente haría también sonreir al señor Jung. De todas maneras y a riesgo de bordar en lo nebuloso de las profundidades del sí mismo, se echó su rollo improbable, inverosímil, desconcertante, suculento y asaz “sicodélico”, conforme a la mentalidad de aquella época. De todas maneras corrió el riesgo y soltó su rollo de la siguiente manera: al bajar la escalinata de sus pequeña morada, vio en el borde un paquetito de Sal. Habría de caminar por Edison en mañana soleada y en la banqueta, aquella efervescencia (los cristalitos iluminados por el Sol) que él interpretó como estrellas y luego como lindas muchachas. Habría de cruzar la Alameda, todo atolondrado, rumbo a la avenida que parece aún se denominaba Niño Perdido. En todo caso, luego fue Lázaro Cárdenas. Pasó por el templo de San Francisco, el bello templo a donde a veces acudía a contemplar aquellas grandes pinturas de motivos franciscanos, el templo dedicado a Francisco. No recordaba si pasó a orar y si de plano en aquel tiempo no oraba. El caso es que aquel individuo siguió la caminata por Madero, rumbo a Bolívar. Poco antes de esta calle se sintió transformado en un ser bellisimo, luminoso con los colores del oro, tornasol su cuerpo y tachonada su frente de diminutas joyas y desde ellas y desde la diadema que coronaba su cabeza, recibía los destellos de lo alto. Ante tanta belleza, creyó no perder el buen juicio porque no cruzó la calle antes de la señal del semáforo. Creyó haber escuchado al de la voz que le dijo: respeto sus reglamentos. Fue un momento, giró hacia la izquierda, hacia Tacuba y frente a la casa perfumada creyó que el mensaje también era para los de la opulencia para que dejaran de destruir la Tierra. Llegó a una banca de la alameda y escuchó, objetivamente, claro, música folclórica mexicana que surgía de un conjunto colonial donde había un museo, o conjunto artesanal. Luego al caminar hacia el Poniente, un colega zamorano le habría de preguntar en torno a un sonado accidente en el Metro, del día anterior, tal vez. SUCULENTO EL RELATO, pero aquel individuo llegó a pensar que la vida se defiende, lo que es para uno es para todos y el hombre tiene futuro sólo que conforme a su libertad y dentro del respeto mutuo, deberá arreglar su mundo y hacerlo, mientras tanto, también habitable. Habría de afirmar después su convicción (se le había dicho haría más de dos mil años), que siempre hay lugar para la Esperanza. (3—III–011)

((( Silviano Martínez,

Mosaico

Viernes, 04.03.2011, 09:24pm (GMT-5), En GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México.

LA PIEDAD, 3 de Marzo.- AQUELLOS GRITOS, MÁS bien ladridos, más bien ahullidos, eran lastimeros. Y lo hacía por las tardes, y casi todos los días.Por eso, tratando de interpretar los sentimientos de “El Chango”, pensabamos que su dolor por la ausencia era tan grande, tan grande, que lo expresaba en forma de lamentos. Si humano, hasta le hubiésemos atribuido una especie de lamento-oración, para que Chon, su amo, regresara a consolarlo. Pero no, El Chango no era humano, sino perro. Y su amo, don Encarnación, meses hacía que andaba por los “Iunaites” de bracero, cuando había contrataciones. Tiempo después andaría fuera de contrato, y cuando según contaba, al tratar de librar un tren, al caminar sobre un puente, saltó y se dislocó un brazo. El, tan trabajador, continuaría luego los cultivos de su “pedacera”, sus retazos de tierra ejidal, en Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso. EN ESE OMBLIGO y en todos los ombligos del mundo, digo rancherías, poblados y aún zonas urbanas de nuestra región, el fenómeno de la emigración hacia los Estados Unidos se volvió común. Y no es por demás decir que según estudiosos, el fenómeno de la migración es universal, extendido e imparable. Causas económicas, necesidad de sobrevivencia, desde luego, pero no sólo. Pero en nuestro México, obviamente, lo mismo pero además la cercanía fronteriza con el país más rico y poderoso (hasta ahora) del mundo, según se dice. Y qué decir de su influencia cultural (a veces nos mandan lo peorcito) y las relaciones tan estrechas, que se ha llegado a decir, sobre nuestra dependencia, que llega a más del 80 por ciento en lo económico. Pero claro, la interdependencia es obvia y tal vez por eso ha cundido el temor por allá entre grupos, de que la invasión de la raza morena sea tan apabullante que se sientan amenazados. La invación a la inversa, pues. CUANDO CANDIDATO, UNA vez que le había ganado a Creel,Felipe Calderón Hinojosa preguntó por aquí, en referencia a la migración, que quiénes tenían parientes en los USA y que levantara el dedo el que sí. El fue el primero. Problema envolvente, pues. Y ahora, este tres de marzo, anda por allá el Presidente y, probablemente, además de otros asuntos bilaterales candentes, abordará con el Presidente Obama el tan reiterado, por real y acuciante, problema de la migración. CUANDO LA DESINTEGRACIÓN del sistema soviético, fines de los ochenta y principios de los noventa, se dijo que sus réplicas durarían unos 25 años. No sé si dentro de esas réplicas se incluya la actual convulsión en el Norte de Africa y en el Medio Oriente. En 1991, en su informe “La Primera Revolución Mundial”, el Club de Roma decía en su primer párrafo del capítulo VI, sobre “El Malestar Humano”: “Las ondas expansivas por los drásticos cambios de la gran transición no están respetando ninguna región ni ninguna sociedad. El cataclismo ha quebrado un sistema de relaciones y sistemas de creencias heredados, sin ofrecer ninguna guía para el futuro”. Claro, ahora todos lo vemos, no sólo quienes estudian el fenómeno, el “bailoteo” del Planeta nos envuelve a todos. Hay, sin embargo, pero en otros ámbitos de nuestra realidad, dijéramos dentro del gran motor del sentido, aquel que mueve al ser humano hacia la utopía del más ser, la inconmovible Esperanza. SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: ante la debacle universal, aquel individuo sonreía al recordar aquello de hacía 35 años, que probablemente haría también sonreir al señor Jung. De todas maneras y a riesgo de bordar en lo nebuloso de las profundidades del sí mismo, se echó su rollo improbable, inverosimil, desconcertante, suculento y asaz “sicodélico”, conforme a la mentalidad de aquella época. De todas maneras corrió el riesgo y soltó su rollo de la siguiente manera: al bajar la escalinata de sus pequeña morada, vio en el borde un paquetito de Sal. Habría de caminar por Edison en mañana soleada y en la banqueta, aquella efervescencia (los cristalitos iluminados por el Sol) que él interpretó como estrellas y luego como lindas muchachas. Habría de cruzar la Alameda, todo atolondrado, rumbo a la avenida que parece aún se denominaba Niño Perdido. En todo caso, luego fue Lázaro Cárdenas. Pasó por el templo de San Francisco, el bello templo a donde a veces acudía a contemplar aquellas grandes pinturas de motivos franciscanos, el templo dedicado a Francisco. No recordaba si pasó a orar y si de plano en aquel tiempo no oraba. El caso es que aquel individuo suguió la caminata por Madero, rumbo a Bolívar. Poco antes de esta calle se sintió transformado en un ser bellísimo, luminoso con los colores del oro, tornasol su cuerpo y tachonada su frente de diminutas joyas y desde ellas y desde la diadema que coronaba su cabeza, recibía los destellos de lo alto. Ante tanta belleza, creyó no perder el buen juicio porque no cruzó la calle antes de la señal del semáforo. Creyó haber escuchado al de la voz que le dijo: respeto sus reglamentos. Fue un momento, giró hacia la izquierda, hacia Tacuba y frente a la casa perfumada creyó que el mensaje también era para los de la opulencia para que dejaran de destruir la Tierra. Llegó a una banca de la alameda y escuchó, objetivamente, claro, música folclórica mexicana que surgía de un conjunto colonial donde había un museo, o conjunto artesanal. Luego al caminar hacia el Poniente, un colega zamorano le habría de preguntar en torno a un sonado accidente en el Metro, del día anterior, tal vez. SUCULENTO EL RELATO, pero aquel individuo llegó a pensar que la vida se defiende, lo que es para uno es para todos y el hombre tiene futuro sólo que conforme a su libertad y dentro del respeto mutuo, deberá arreglar su mundo y hacerlo, mientras tanto, también habitable. Habría de afirmar después su convicción (se le había dicho haría más de dos mil años), que siempre hay lugar para la Esperanza. (www.lapiedadymiregion.wordpress.com; www.ziquitaromipueblito.wordpress.com, www.silviano.wordpress.com).

Silviano Martínez Campos)))

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SUEÑO GUAJIRO, RÚSTICO: Aquel individuo no supo ni de dónde venía tan tremenda advertencia cuando el de la voz le dijo: le vamos a cambiar el código genético. Su confianza permaneció invariable, porque esa expresión metafórica, o acaso real, de provenir del de la voz, no podía ser más que biofílica. (7—IV–011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO.  Aprovecho para invitarlo a que lea mi fantasioso trabajo denominado LA INVASION, primeramente publicado en GUIA y que puede encontrar en los blogs mencionados abajo. De él, extraigo un pequeño texto, en homenaje al burro y sus antenas:  “—Duros, drásticos son, bichos malvados. ¿Quién a ustedes encomienda defensa de los reinos? Rey de la selva, al león reconocemos, al delfín animal inteligente tras nosotros; como fiel servidor al perro, nuestro amigo, y dócil criado nuestro al asno laborioso. Pero ustedes microbios del demonio, sólo dolores y penurias causan. Torpes, faltos de entendimiento tuvieron que escoger los ojos par manifestarse cuando a nuestro gran cerebro pudieron revelarse. —Dos razones te damos, mentecato. El león, rey de la selva, claudicó de su reino entre nosotros al dejarse enjaular y ser hazmerreír en circos y festines; negóse el delfín temeroso a dejar seguridades en sus mares y correr en tierra la carrera que ganaste; el perro fiel prefirió la garantía de su comida al lado tuyo y el impráctico borrico escogió ser tu esclavo, pero no olvides que con sus dos grandes antenas, más disponible está para oír las señales de los astros”. (10–II–011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:   A aquel individuo se le mostró de tal manera la plenitud que le esperaba, que “protestó” y dijo lamentándose: no sólo yo, no sólo yo. El individualismo había sido derrotado en él. (3—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo captó estas expresiones: soy intuitivo. Amo afectivamente. Pero aquel individuo no sabía discernir si dichas expresiones provenían del de la voz, o por el contrario eran expresiones de la propia introspección en la hondura del sí mismo. O de plano, si ambas consideraciones eran válidas igualmente, sin mezclarse ni confundirse. Aquel individuo,  al haberse sentido capturado por el “crescendo” de El Barbero de Sevilla de Rossini, llegó a entender que el lenguaje de la música es más pleno, abarcante y profundo que el intelecto, para “entender” el mundo. (20—I—011)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:  aquel individuo llegó a comprender que el intelecto no tenía la última palabra en la explicación del mundo. Porque de alguna manera, el individuo aquel fue sorprendido por destellos de plenitud, al presentársele como medio para captar algunos de esos destellos regocijantes, mediante el animado “crescendo” de la obertura El Barbero de Sevilla del músico Rossini, o una “melodía” infantil improvisada de sus tiempos de infancia. (13—I–011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS:  en el umbral de su ancianidad, aquel individuo llegó a comprender algunas cosas, pero algunas otras, las más, bordaban los enigmas de las profundidades del sí mismo. No dejaba por ello de extrañarle aquel “interrogatorio”, ni sus finalidades, interrogatorio desde luego a cargo del de la voz. En todo caso, por la índole del contenido, no dejaba de admirarse de que no hubiese ningún asomo de presión o agresión, contrariamente a lo que sabía por terceros o por las sublimaciones del arte,  a que llegaba la infamia humana contra un ser indefenso (a) que caía en las garras de los sádicos de la Tierra. Así es que el de la voz le Espetó, debiera decir le pro-vocó al  individuo aquel, la pregunta de ¿es usted justo?, pero el individuo echó mano del recurso consignado en algún Evangelio de “Sólo Dios es bueno”,  pero sin palabras desde luego, tan sólo una referencia a sugerentes destellos, benévolos, por cierto, que provenían de no sabía dónde; ¿es usted un chingón?, preguntaba el de la voz. No soy la mamá de Tarzán, repuso aquel individuo. Dígame eso en términos más “intelectuales”, repuso a su vez el de la voz. Por qué cambió de ruta,  “preguntó” el de la voz, pero el individuo aquel no supo qué contestar; quién le dijo que se suicidara, planteó el de  la voz, pero el individuo aquel no logró articular respuesta; ¿lo acepta como líder?, planteó el de la voz, pero aquel individuo tenía el prejuicio contra líderes manipuladores y tuvo sus reservas de aplicarlo a  Quien consideraba libre de apetitos de poder y de dominio.   (6—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: en las profundidades de sí mismo, aquel individuo se dio cuenta de la enormidad del paquete, que lo sobrepasaba. Había alcanzado a entender una especie de mandato en el sentido de que no se diga por la palabra, lo que no se recibió por la palabra. Aquel individuo habría de recordar nociones tan comprometedoras como aquellas encerradas en la palabrita Pantocrator (Dios todopoderoso, por soberano), los misterios de Dios son inescrutables y el Espíritu sopla donde quiere. Aquel individuo era invitado, si se puede expresar así, a dar un mensaje, necesariamente de paz, por lo que objetó al de la voz y le “dijo”: para qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas. Y, de plano, aquel individuo parecía rajarse cuando “dijo”: por qué no escogen a un intelectual. Al fin se dio por vencido y aquel individuo simplemente, en las profundidades de sí mismo, atribulado, “dijo” con sentimiento: me dono, me dono. Y prefirió pasar como loco, antes que fallarle, a quien consideró amoroso, con la suficiente autoridad como para hacer tan tremendas y esperanzadoras propuestas. Porque en algún “momento”, el de la voz le había dicho algo así como: no me conocerá más que por la… (y aquí, por alguna asociación, se sugería el nombre de una persona llamada Encarnación). (23—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO:  aquel individuo no sabía mucho de beisbol, pero se le sugirió en el tablero del partido, el “score” donde siempre, siempre, a la larga, ganaba el mejor partido: el de la vida (se suponía que con todas sus valoraciones como justicia, paz, encuentro y etcétera). (16—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell.  Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol era más gratificante que las oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RÚSTICO: Usted conoce toda mi vida, le dijo aquel individuo al de la voz. Usted me la está contando, repuso el de la voz. (2—XII—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS:  A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla. (25—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la hacen los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (19—XI–010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se quedó desconcertado cuando el de la voz le dijo, algo así, como: “Pendejo, por qué hiciste eso”. El individuo no negó que había cometido muchas pendejadas, pero no le agarró la hebra a cuál se refería el de la voz. Pero luego pensó que también el Homo Sapiens (demens) había cometido pendejadas y en esas estaba, ahora, corrigiéndolas, je je. (11—XI–010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo no sabía cómo interpretar la inquietante visión: aquel signo “suástico”, no necesariamente luego en negativo, se levantó de sus cenizas de la central Europa, en veloz carrera pero a medio Atlántico se convirtió en guerrero azteca luminoso, tomó vuelo desde muy adentro del país vecino, y desde allí, cruzando México, se remontó hacia las estrellas; aquel individuo, en la postración en el abismo del sí mismo, creyó “oírle” al de la voz, la expresión aquella, del “soy intuitivo”; aquel individuo creyó escucharle al de la voz aquella expresión de “amo afectivamente”. La cosa se volvía peliaguda, tanto si tales profundidades eran fruto de la introspección, como si no. Porque quién era, aquel individuo, para poder atribuirle tales expresiones al de la voz. (7—XI—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: la resistencia de aquel individuo fue dura, pero cuando se dio cuenta que aquello era bueno y valía la pena (y además no había de otra), le dijo, con sentimiento y convicción, reiteradamente, al de la voz: “me dono, me dono…” ; pero “antes”, aquel individuo puso una más de sus objeciones: “pa’ qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas”: no obstante, “antes”, aquel  individuo recibió del de la voz tremenda pregunta: “quién le dijo que se suicidara”, y el individuo, en las oscuridades del sí mismo, no supo qué contestar. (28—X—010)

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SUEÑOS GUAJIROS RUSTICOS: ante el acelere en los torbellinos de las profundidades del sí mismo, aquel individuo fue invitado a poner los pies en la Tierra, porque el de la voz le dijo: no me conocerá más que a través de… y se le presentó la imagen o una referencia de una persona que se llamaba Encarnación; el individuo aquel se admiró de la grandeza prometida al ser humano y le dijo al de la voz: a poco hasta en eso somos libres; lo que de ninguna manera entendió aquel individuo fue cuando se le dijo: le vamos a cambiar el código genético. Porque al de la voz no lo podía atribuir nada, nada, nada, contra el hombre. (21—X—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: “Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos. ¡Sí se puede”!, dirás, ¡sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario” (De A2K o El Error del Milenio), en las direcciones web abajo anotadas); aquel individuo estaba en lo más profundo de la oscura caverna del sí mismo de tal manera que sólo le quedaba una pizca de razón y por eso se decía, a sí mismo, aquello de El que me lo dio (el mensaje para salir) no falla, y no falló; aquel planetita extraviado estaba precipitándose a gran prisa en la oscura caverna de las profundidades del mundo sideral, pero unos caporales al parecer “extraterrestres” lo lazaron y lo volvieron a la luz de la superficie, a la luz de la Vida; aquel individuo se había precipitado en la caverna oscura del desencuentro, pero su Tierrita fue rescatada para ponerla junto al Gran Fuego y hacerla así el Corazón del Cielo (14—X—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: cuando al individuo aquel se le hizo ver de alguna manera el porvenir (personal y comunitario) que le esperaba, estalló de asombro. No sólo yo, exclamó ante el de la Voz, a quien le dijo: me voy a volver loco. Pero el de la voz sencillamente le repuso: nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. (7—X—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. ¿Quién le dijo que se suicidara?, se le  preguntó al individuo aquel, por quien tenía autoridad para hacerlo. El individuo luego habría de entender que no se trataba sólo de él, sino la pregunta cierto que abarcaba mayores horizontes. (26—VIII—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo se confrontó con el de la voz y, ante alguna eventualidad de juzgar a alguien, le dijo: yo no los juzgo. Pero el de la voz simplemente repuso: ellos (¿los seres humanos?) se juzgan solos. Y de ser así, pues nos estamos juzgando, y está pesado nuestro juicio histórico, je. (11—VIII—010)

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DADO QUE NUESTRO mundo humano (no el astronómico) está totalmente alrevesado, ahora comienzo este MOSAICO al revés, o sea alrevesado. Con dos sueños guajiros, pues, pero de esos sueños comunes, no de esos sueños más profundos, de las oscuridades del sí mismo. Y los cuento, tal como “me los contó aquel individuo”. Resulta que el individuo aquel llegó a un monte rodeado de penumbra, a la cima que más parecía una zona arqueológica. Porque allí estaba un monolito (de piedra, claro) con un dibujo en relieve, de un ave con sus alas extendidas. El individuo aquel, curioso, quería saber quién era, o a quién representaba, aquel diseño artístico puesto allí por no sé quién. Miró hacia arriba y se encontró en las alturas con un pequeño sol, dorado, que le envió el mensaje telepático: es diosa. El enigma estaba descifrado. El otro sueño es más enredado porque, le adelanto, se trata de una rápida, vertiginosa carrera, rumbo al “sueño americano”. Aquel individuo se situaba en un llano, en medio de la penumbra y de pronto sintió el apremio de huir, porque alguien a quien no identificaba, le daba una corretiza. Pero en un momento, si aquí puede hablarse de momentos, se le unió Salvador (un amigo de la infancia). Ambos continuaron la carrera, llegaron a una especie de tobogán, de resbaladilla de esa de los parques infantiles, se deslizaron por ella y llegaron a una estancia elegante, como despacho de abogado, con las paredes adornadas con motivos cuadrados. Ya la hicimos, como que pensó aquel individuo, una estancia muy apropiada para el reposo, con libros para leer muy quitado de la pena, huido del mundanal ruido. Pero no, vino otro apremio y hubo necesidad de lanzarse contra las paredes elegantes, romper una de ellas, salir y continuar la carrera. Individuo y guía, que lo conducía hacia el país de la abundancia, llegaron a un estanque oscuro, se echaron ambos un clavado y se sumergieron en las aguas negras (nada más de color, no de olor). Allí se perdió el guía, y el individuo se encontró en otra estancia, con un sillón ejecutivo de cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo de esos que dicen “Dios llega al Hombre” y un grupo de mujeres enlutadas, una de ellas que lo esperaba. Esa era la meta, y no el llamado sueño americano. Yo no sé qué diría el señor Jung de todo esto, pero lo que sí sé decir es que mejor cambio de frecuencia, luego de afirmar que en estas cuestiones el individualismo sale sobrando, porque se trataría, en todo caso, de una aventura compartida. (27-V-010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla.

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. Aquel individuo pareció entender que, el de la voz, le proponía, a un determinado Personaje, como su dirigente y por eso le preguntó: ¿lo acepta como líder?. Pero el individuo dudó, puesto que la idea de líder estaba totalmente contaminada por el poder de un sistema manipulador y corruptor. Aquel individuo pareció entender que el de la voz le hacía una propuesta sorprendente: usted me enseña el lenguaje campesino, y yo le enseño el lenguaje de las (alturas). Aquel individuo se agarró haciéndole preguntas al de la voz, hasta llegar a una fundamental ¿a poco hasta en eso somos libres?. No hubo respuesta, pero parece que la misma vida se encargaba de responderlas. Aquel individuo, ante tan insólitas propuestas, se atrevió a decir: sé distinguir los planos. Eso le daba a entender que el mensaje de vida era para todos, en un respeto completo, total, a la libertad del hombre y de sus reglamentos, y de sus instituciones. Aquel individuo cedió, fue lanzado a las profundidades del sí mismo y fue cuando escuchó el grito liberador: ¡Viva la vida!, coreado regocijadamente por el equipo de vivientes. (1—VII—010)

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SUEÑOS GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la haccn los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. 28—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: A aquel individuo se le mostró de tal manera la plenitud que le esperaba, que “protestó” y dijo lamentándose: no sólo yo, no sólo yo. El individualismo había sido derrotado en él. (3—II—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: En el umbral de su ancianidad, aquel individuo llegó a comprender algunas cosas, pero algunas otras, las más, bordaban los enigmas de las profundidades del sí mismo. No dejaba por ello de extrañarle aquel “interrogatorio”, ni sus finalidades, interrogatorio desde luego a cargo del de la voz. En todo caso, por la índole del contenido, no dejaba de admirarse de que no hubiese ningún asomo de presión o agresión, contrariamente a lo que sabía por terceros o por las sublimaciones del arte, a que llegaba la infamia humana contra un ser indefenso (a) que caía en las garras de los sádicos de la Tierra. Así es de que el de la voz le Espetó, debiera decir le pro—vocó al individuo aquel, la pregunta de ¿es usted justo?, pero el individuo echó mano del recurso consignado en algún Evangelio de “Sólo Dios es bueno”, pero sin palabras desde luego, tan sólo una referencia a sugerentes destellos, benévolos por cierto, que provenían de no sabía dónde; ¿es usted un chingón?, preguntaba el de la voz. No soy la mamá de Tarzán, repuso aquel individuo. Dígame eso en términos más “intelectuales”, repuso a su vez el de la voz. Por qué cambió de ruta, “preguntó” el de la voz, pero el individuo aquel no supo qué contestar.; quién le dijo que se suicidara, planteó el de la voz, pero el individuo aquel no logró articular respuesta; ¿lo acepta como líder?, planteó el de la voz, pero aquel individuo tenía el prejuicio contra líderes manipuladores y tuvo sus reservas de aplicarlo a Quien consideraba libre de apetitos de poder y de dominio. (6—I—011)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo no sabía cómo interpretar la inquietante visión: aquel signo “suástico”, no necesariamente luego en negativo, se levantó de sus cenizas de la central Europa, en veloz carrera pero a medio Atlántico se convirtió en guerrero azteca luminoso, tomó vuelo desde muy adentro del país vecino, y desde allí, cruzando México, se remontó hacia las estrellas; aquel individuo, en la postración en el abismo del sí mismo, creyó “oírle” al de la voz, la expresión aquella, del “soy intuitivo”; aquel individuo creyó escucharle al de la voz aquella expresión de “amo afectivamente”. La cosa se volvía peliaguda, tanto si tales profundidades eran fruto de la introspección, como si no. Porque quién era, aquel individuo, para poder atribuirle tales expresiones al de la voz. (4—XI—010)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la hacen los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (18—XII—010)

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. SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS. Aquel individuo pareció entender que, el de la voz, le proponía, a un determinado Personaje, como su dirigente y por eso le preguntó: ¿lo acepta como líder?. Pero el individuo dudó, puesto que la idea de líder estaba totalmente contaminada por el poder de un sistema manipulador y corruptor. Aquel individuo pareció entender que el de la voz le hacía una propuesta sorprendente: usted me enseña el lenguaje campesino, y yo le enseño el lenguaje de las (alturas). Aquel individuo se agarró haciéndole preguntas al de la voz, hasta llegar a una fundamental ¿a poco hasta en eso somos libres?. No hubo respuesta, pero parece que la misma vida se encargaba de responderlas. Aquel individuo, ante tan insólitas propuestas, se atrevió a decir: sé distinguir los planos. Eso le daba a entender que el mensaje de vida era para todos, en un respeto completo, total, a la libertad del hombre y de sus reglamentos, y de sus instituciones. Aquel individuo cedió, fue lanzado a las profundidades del sí mismo y fue cuando escuchó el grito liberador: ¡Viva la vida!, coreado regocijadamente por el equipo de vivientes. (1—VII—010)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010).

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell. Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol, era más gratificante que los oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010). SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo revivía en lo profundo del si mismo, imágenes de aquella guerra perpetua en la ficción de la novela “1984” de George Orwell. Sin embargo, aquel enredo “cibernético” no fue perpetuo y regresó a la “superficie”, a un mundo de flores, insectos, cerros y arroyos. La nueva salida del sol, era más gratificante que los oscuridades del desencuentro de los anteriores horizontes. (9—XII—010).

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo no sabía mucho de beisbol, pero se le sugirió en el tablero del partido, el “score” donde siempre, siempre, a la larga, ganaba el mejor partido: el de la vida (se suponía que con todas sus valoraciones como justicia, paz, encuentro y etcétera). (16—XII—010).

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SUEÑOS GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo creyó entender la pregunta del de la voz, que le inquiría: qué opina de la revolución mexicana. Y por eso contestó: es un proceso terminado. Y aquel individuo luego extrapolaría, hacia otras revoluciones, que siempre apuntaban hacia algo realmente nuevo, porque la historia la haccn los hombres, pero con una ayudita. Pero no había duda, de esa ayuda, porque aquel individuo había percibido que estaba en la frontera del país de la libertad. (18—XI—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: En las profundidades de sí mismo, aquel individuo se dio cuenta de la enormidad del paquete, que lo sobrepasaba. Había alcanzado a entender una especie de mandato en el sentido de que no se diga por la palabra, lo que no se recibió por la palabra. Aquel individuo habría de recordar nociones tan comprometedoras como aquellas encerradas en la palabrita Pantocrator (Dios todopoderoso ,por soberano), los misterios de Dios son inescrutables y el Espíritu sopla donde quiere. Aquel individuo era invitado , si se puede expresar así, a dar un mensaje, necesariamente de paz, por lo que objetó al de la voz y le “dijo”: para qué les sirvo como robot, permítanme poner en juego mis potencialidades creativas. Y de plano, aquel individuo parecía rajarse cuando “dijo”: por qué no escogen a un intelectual. Al fin se dio por vencido y aquel individuo simplemente, en las profundidades de sí mismo , atribulado, “dijo” con sentimiento: me dono, me dono. Y prefirió pasar como loco, antes que fallarle, a quien consideró amoroso, con la suficiente autoridad como para hacer tan tremendas y esperanzadoras propuestas. Porque en algún “momento”, el de la voz le había dicho algo así como: no me conocerá más que por la… (y aquí, por alguna asociación, se sugería el nombre de una persona llamada Encarnación). (22—XII—010).

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SUEÑOS GUAJIROS, RÚSTICOS: A aquel individuo lo conmovió la pregunta del de la voz: ¿quién le dijo que se suicidara?, porque no entendió nada, nada. Aquel individuo se precipitaba en la oscuridad de las profundidades del sí mismo pero en cierto “nivel” del precipicio, lanzó el grito salvador de “Viva la Vida”, y fue entonces cuando un coro regocijado se hacía eco desde las “alturas”, desde donde no se sabe mucho: “Quién como Dios”. Y aquel individuo habría de confiar luego, porque llegó “después” a afirmar: el que me lo dio (el mensaje de paz), no falla. (25—XI—010).

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((( FANT3

ENCUENTROS CERCANOS

Silviano Martínez Campos

— Entiendo que anda usted con dificultades.

—Ando, y no encuentro la puerta, ya no siento lo duro sino lo tupido; hacia donde quiera que dirijo mis pasos, topo con barreras a tal punto que creo encontrarme en un callejón sin salida.

— En qué puedo ayudarlo, creo me llamó usted.

— Lancé un S.O.S. (Save Our Soul, salve nuestra alma), a las cuatro direcciones del Universo; mi ser atribulado se encuentra como una tempestad marina, que debe ser espantosa, según cuentan quienes han experimentado las furias del mar. Usted respondió a mi lamento. Cualquiera que sea su planeta, gracias señor extraterrestre.

— Confía usted en los extraterrestres y está bien, aunque los pinta monstruosos, guerreros, conquistadores y hasta chupasangre. Es bueno confiar en alguien aun cuando mejor sería confiara también en usted mismo.

— ¡Quién nos salvará de esta hecatombe de no ser ustedes los extraterrestres! Porque déjeme contarle, si usted no lo sabe, es interminable la letanía de nuestros males. Las leyes de este planeta, sabrá usted, determinan que nos comamos unos a otros. Me refiero desde luego a seres no movientes y a los semovientes: unos ni se mueven del lugar donde nacen y otros pisan cualquier lugar aunque no sea suyo. Entre estos últimos nos contamos los inteligentes y estamos a punto de “cuando el destino nos alcance”, comernos también entre nosotros, en forma de galletita.

—…

— Creo que no me entendió, su silencio lo dice. El caso es que muchos seres inteligentes, unos mil millones, tienen dificultad de comerse a los no movientes y a algunos de los semovientes.

— No sea rebuscado, tortuoso, retorcido. Por qué no dice claramente que hay hambre en su mundo, los bienes son mal repartidos, el SIDA los acosa, los flagelos del narcotráfico, violencia, terrorismo los desquician; cambios climáticos los asustan; treinta guerras dan idea de su desequilibrio global y, en su ombligo del mundo, su México, se acabó el desarrollo estabilizador, unos veinticuatro muy inteligentes se quedaron con la parte del león, los volvieron a saquear y tampoco pudieron defender el peso.

—Sí me entendió, conoce parte de la historia, pero no ha terminado la letanía: las cosas están de tal manera descompuestas, que muchos de esta Tierra creen que es acabamiento de mundo y al dos mil no hemos de llegar.

—Así decían el sesenta ¿recuerda?, y muchos apresuraron su casorio. Debe ser igual ahora. ¿No cree que la vida amenazada por defenderse más tiende a difundirse?; pero vamos con el acabamiento de mundo, ¿No cree más bien que el mundo que ha conocido ya se acabó y usted no se ha dado cuenta y todos esos grandes gemidos de su letanía no son sino estertores que anuncian nueva vida?

—No entiendo, señor extraterrestre.

—Voy a llevarlo de la mano, vea y entienda cómo es ahora su planeta. Tome su directorio y verá que puede comunicarse por el aparatito a cualquier lugar del mundo (“o casi”); vea su noticiero preferido, haga a un lado manipuleos interesados y entérese de las catástrofes de cualquier rincón del mundo (aquí sin “casi”); vaya al aeropuerto internacional más cercano y desde allí viaje a cualquier lugar; no se lo recomiendo si no lleva visa y una talega de dólares, pero allí está la posibilidad al alcance de su mente.

—No siga, para saber eso no requiero consultar a extraterrestres. También sé que ya pisamos la Luna, pero en vez de plantar la bandera de la Tierra, izamos la de un país pionero en la astronáutica. El mundo se encamina a su unidad, pero hasta ahora la ONU rehúsa la forma de gobierno mundial democrático y participativo que deje a un lado pretensiones hegemónicas de los viejos imperios o pretensiones de dominio por los dineros de potentados financieros.

—Volvamos pues a lo pequeño. Vuélvase contemplativo. Siéntese junto a un hormiguero, o junto a una colmena o un avispero, no tan cerca, por supuesto. Observe a los animalitos, cómo todos trabajan, todos tienen su lugar, todos comen del aporte común y no hay jerarquías dominantes sino de función y de servicio. Pero no calque su modo de vida a la suya social, porque sus ciudades se vuelven inhabitables. No olvide que la lucha a muerte contra la propiedad terminó con la muerte del sistema. Pero tampoco desestime que la propiedad sin coto ni medida también puede terminar con el sistema y de paso con la Tierra.

—Eso también lo sabemos, nuestra inteligencia clasifica día a día ensayos, estudios y serias consideraciones en periódicos, libros y memorias electrónicas.

—Volvamos pues a lo grande. Vuélvase contemplativo. Mire de vez en cuando hacia arriba, cuente las estrellas de su galaxia y luego cuente las galaxias sin olvidar, desde luego, la descubierta el otro día y verá cuán grande y variado es, qué bello y qué asombroso su Universo. Esa es su casa.

O mire hacia abajo a lo pequeño y vea hasta sus confines donde se borra el tiempo y dé gracias porque hay límites en su mundo y en usted, así está mejor porque no se pensará omnipotente, reconocerá sus límites y así será plenificado.

—Ya lo sé, pero eso no es noticia, perdí el sentido del asombro.

—Creo haber detectado la causa de sus males. Su pequeñez lo apena y siéntese marcado por la grandeza del mundo descubierto; y se refugia, para sentirse grande, en las arcas de sus cajas fuertes, en la madeja de su poder; lo indigestan sus juguetes tecnológicos o la abundancia de su mesa o se aturde con ruidos e imágenes. Su miedo lo ha hecho más violento. Es cuando olvida lo que es compartir, cuando la ley fundamental en su planeta es donarse los unos a los otros, los no movientes y los semovientes, como quiso explicarme, para que todos coman del pan propio y del ajeno.

—También eso lo sabemos los inteligentes, sólo que no ha bajado de la idea al afecto ni el afecto ha motivado la mano que comparta.

—Puesto que ya lo sabe todo, debo decirle sólo que bajé del reino de los sueños para ayudarlo a usted, el homo sapiens. Misionero soy del país de la vida, yo mismo ángel, reina coronada, si prefiere, o un hada bienhechora. Destellos rojos, verdes, amarillos, tornasoles visten el arcoiris que es mi cuerpo y a través de mi cuerpo mi mensaje. Soy reina o rey si prefiere y la diadema que a mí corona es receptáculo de lenguajes cifrados venidos de más alto, o de más profundo si prefiere y cada luminiscencia es una caricia para usted, el homo sapiens, en conspiración amorosa, acordada en las estrellas. Somos en mi planeta luminosos, dotados de luz fuerte, vigorosa, aun cuando su colorido iridiscente no lastime. Tachonada nuestra frente de joyas diminutas en destellos ordenados. Reflejamos con ellas lenguaje inteligente y en él afirmamos nuestro ser y nuestro estar vivos y damos gusto y regocijo a quien regocijo y gusto nos prodiga. Razón, gusto y afecto, alegría de ser que chocan con mundos y universos donde tal vez sólo domina el intelecto. Capaces somos de recibir los secretos máximos del mundo en la cadencia de una frase musical, pero también palpamos el misterio en la barrera diminuta de un bemol.

Satis mirari nequeo, señor extraterrestre, no puedo admirar bastante y disculpe el latinajo ya en desuso, que sea bello, radiante su planeta, ¿De cuál, de cuál procede, señor extraterrestre? ¿De Alfa Centauro o tal vez la Tau Zeta, Epsilon Eridani, Sirio, la estrella más cercana, o acaso la última lejana?; ¡Será usted habitante en Tauro, bella Orión, el Cangrejo o tal vez alguna de las Osas! ¿Y si es una galaxia, cuál, la próxima o aquella, Andrómeda tal vez, Magallanes será, M 3 ó la Z 24?

—De tu mismo planeta procedemos, el bello, rutilante, multiforme, viviente, el astro azul llamado Tierra, bendecido, tal vez con otros muchos de tu Cosmos, en el don prodigioso de la vida. Entiéndelo mejor, somos tú mismo, cuál eres ya por dentro, muy adentro pero no tanto que puedas negarte a escuchar lastimeros los ecos de tu SOS. Verás así que estamos cerca, encuentros cercanos surgidos de lo alto podrán ayudarte y junto y amoroso con todos mis hermanos, arregles desde ahora tu morada en justicia y la PAZ que te regalo. Tempestades vendrán, qué duda cabe, tormentas provocadas o espontáneas, pero encuentros cercanos con tu alma bien podrían ayudarte a esperar y hacer esperando la casa que viene hasta tu encuentro, hermosa, plena y solidaria. Tu pregunta respondo, al fin contento: los contactos cercanos que apeteces contigo mismo son, y yo tu HERMANO, soy tu mismo, el HOMBRE iridiscente del futuro. )))

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas, Págs. 7B-8B, 14/V/1995. y en ETCETERA, semanario de La Piedad, Mich., el 15/V/1995)

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Martínez Campos, 28/IV/011

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 28 de Abril.- EN ESTOS TIEMPOS desquiciados y desquiciantes, es bueno, a fin de sobrevivirlos, agarrarse de algo. Pero no es lo mismo agarrarse de un bastón a fin de sortear un tropiezo, o una caída, que agarrarse de un clavo ardiente, como se dice, con el riesgo consiguiente de terminar tatemado. En el caso personal, pues depende cómo agarre uno la vida; pero en el caso más amplio, el social o el comunitario, depende como le presenten el bastón, o en su caso el clavo. Digo esto, porque estos días a los amantes del espectáculo se nos presentan dos casos espectaculares para agarrarnos, en la fantasía, o en la devoción. La boda de Guillermo y la beatificación de Juan Pablo (no de Karol, por lo que se ve). SERÁ POR EDAD o será por convicciones, creo estarme volviendo más respetuoso y tolerante de las tradiciones (ajenas, claro) y creo que allá por los setenta se alborotaba el avispero bajando del pedestal estatuas e imágenes, en lo que estoy de acuerdo, pero esto poco a poco. En lo personal, ni tengo qué decirlo, asumo mi propia historia , incluidas mis fijaciones en mi ombligo del mundo, dicho sea de paso mi Ziquítaro. Pero creo no ser este el lugar para reminiscencias tan agrestes y campiranas, por lo que me veo obligado a cambiar de frecuencia. POR LO MISMO, debo decir, en el caso de “la boda del siglo” (¡Cómo le harán para saberlo, si apenas llevamos de él once años!), muy respetable la tradición británica que a estas alturas acepta a su nobleza. Eso sí, a veces la desnuda con sus críticas y los paparassi no se detienen ante nada para hurgar en busca de fotos. Para nosotros no pasa de ser espectáculo y para ellos, además tal vez un negocio colateral, porque si gastan millones de libras, de seguro las recuperarán con el turismo. Y EN CUANTO a lo de Juan Pablo, es otra cosa. Nadie niega que la gran inversión de la municipalidad para cuestiones de seguridad y orden, será compensada po r los millones (aquí no libras sino liras) que llevarán los millones de visitantes. Y por acá, entre nosotros y en otras latitudes, las transmisiones en vivo y en directo tendrán también su recompensa, por lo que significa meterle, entre prédica y prédica, el “mensaje” que deja también millones en ingresos publicitarios. PERO AQUÍ CAMBIO de frecuencia, pero por otras razones. Recuerdo cuando vi a Juan Pablo, en la esquina de Reforma e Insurgentes, en la ciudad de México. Entonces en vehículo totalmente descubierto, sin “papamovil” blindado como luego del atentado en su contra. Desde luego que para el creyente y seguidor del Papa, como dirigente (pastor), su figura impone. No hay qué desestimar, sin embargo, que en la realidad (lo leí en una novela donde el Papa de ficción llevaba consigo la forma eucarística) lleve la ostia y que, desde luego, siempre bendiga en nombre de Jesucristo. El caso es que según crítica de fondo, la explosión devota del pueblo mexicano durante el primer viaje y los subsecuentes de Juan Pablo II, fue una vivencia mística. Así lo creo. Por eso e independientemente de los manipuleos mediáticos, el pueblo mexicano sí estará en espíritu con el nuevo Beato, quien por lo demás en el Estadio Azteca, luego, de hecho se proclamó mexicano. EL MISTERIO DE todo esto es por qué ahora nosotros estamos en convulsión, presas de la violencia, del desencuentro, de la insania. ¿No será que los amaneceres luminosos siempre se anuncian por las noches más oscuras?. ¿Y esto también, a niveles globalizados?. Pues quién sabe. MUY BIEN QUE los mexicanos estemos representados en la beatificación, por nuestro Presidente y por los turistas que pueden hacerlo. En lo personal, sin dificultad, pero no sin sufrires por la movida de tapete que significan los cambios drásticos, estaría de acuerdo en una Iglesia desclericalizada, con sacerdocio femenino, desburocratizada al grado de volverse más comunitaria y menos masiva, porque nuestro mundo desquiciado necesita más y más su voz (la de su Maestro); pero las tradiciones de siglos o de milenios, no se acaban así porque así, sólo porque uno lo desee. Tal vez aquí también funcionen leyes evolutivas, en caso copadas o fomentadas, a según, por las burocracias cerradas o las mentes abiertas. PERO DE QUE hay otras quemazones, no tan metafóricas como en el caso de conservadurismos regresivos, las hay y las hay. Los incendios forestales tan destructrivos en buena parte de nuestro territorio. Sequía, altas temperaturas, vientos, irresponsabilidades, se mencionan como causas. Y por allí debe andar, medio oculto pero real, el tan llevado y traído cambio climático. EL MENSAJE DE fondo: una partecita de la homilía del Jueves Santo, del obispo auxiliar de Morelia, monseñor Carlos Suárez Cázares, oriundo de La Piedad: “…Es necesario hacer de la Eucaristía nuestra vida, pero también hacer de nuestra vida una Eucaristía, sobre todo con el ejercicio de la caridad al prójimo, en la lucha contra el hambre, hay tantos pobres en el mundo, en la construcción de una sociedad nueva donde se refleje el mandato que hace Jesús, que todos sean uno, como tu, Padre y Yo, somos uno. Hemos recibido y lo que hemos recibido debemos transmitirlo”. Y la exigencia del Jueves Santo, lavarnos los pies los unos a los otros. El obispo habría de encabezar el rito del lavatorio, que no se entiende aislado de la misa. El significado, pues, de la Eucaristía, don de Dios, Dios que se entrega, para hacerlo don entregarlo a los demas en el servicio, y esto clérigos y laicos y familias, según lo expresó y es de entenderse. (www.lapiedadymiregion.wordpress.com; www.ziquitaromipueblito.wordpress.com; www.silviano.wordpress.com).

FANT.5- LA INVASION

[editar] LA INVASION

Silviano Martínez Campos

—Pst, pst, pst, somos nosotros, ganamos la guerra. Ganamos, ganamos, hey, mira, frente a ti, frente a ti. ¡Hey!, humano, aquí, aquí, nos tienes enfrente. En tu cabeza, arribita, pst, pst.

((— ¡Eso me pasa por transgredir la austeridad y cenar de más!, ¡no vuelvo a entrevistar al diablo! ¡Sólo eso faltaba, no niego que haya oído voces, pero eso fue hace más de veinte años!)).

— ¡Mirhaciarriba, de frente, por los libreros!, donde guardas empolvados pensadores y uno que otro músico.

((— ¡Ya caigo!, no que no. No que eran mudos, con mentalidad sólo histórica e inmortales pervivían solamente por sus obras y por su pensamiento plasmados en libros y en partituras. ¡Les seguiré el juego!)).

—Sí señores, ¡cómo no!, hermanos poetas, hermanos músicos, hermanos cuentistas, hermanos filósofos, hermanos pensadores. De acuerdo, ganaron la guerra, a mí, ávido en el buscar y torpe en el encontrar. He de confesar, sin embargo, que en cada libro puse un afecto, una duda, una pregunta y disculpen la propia dispersión. Doctorado en vida y de seguro porque anduve a tropezones; pero algo debió quedar de ustedes en la mente: alguna obra, un capítulo, algún párrafo, tal vez un pensamiento o la huella de una palabra solitaria.

Mil disculpas a usted señor Platón, mil disculpas a usted señor Aristóteles. Si no he logrado terminar sus obras, no es porque falte el interés, sino más bien entretuvo mi mente el arte de su pueblo y ¡cómo me divertían las travesuras de sus dioses! Y en nuestros propios monumentos admiraba los que sus artistas diseñaron.

—A ese paso, no te alcanzará el resto del milenio para el mea culpa en el recuento de tu ignorancia. ¡De frente, en tus ojos! —Ya caigo, “los cassetitos”. ¡De usted, señor Mozart, he aprendido que a los niños no se les debe colmar de honores (ni de vituperios), eso despierta celos que lastiman y corta las flores antes de que plenamente fructifiquen. Pero comulgo con su música y estoy de acuerdo en que la inspiraron ángeles.

Qué habría de contar a usted, señor Beethoven. Los sufrimientos también pueden ser fecundos. Y su quinta, desde joven, me enseñó a dar cauce a las nostalgias; su pastoral confirmó el gusto campirano por escuchar la orquesta en tempestades y su coral hizo también extender la mirada en más amplios panoramas.

— ¡Huy Narciso, con razón te caíste en el estanque!. Ve de frente, en tus ojos, como cuando miras a contraluz tenue del día. ¿Qué has observado?

—Una como galaxia en el ojo izquierdo y, en los dos, como puntitos relucientes danzarines, semejantes a minúsculas estrellas. Defectos oculares, no lo niego, o quién sabe qué cosas naturales; pero alguna vez me incliné a ver en ellos, fantasioso, ánimas diminutas de difuntos vagando en nuestra tierra.

—Ni lo uno, ni lo otro. El garabato de tu ojo, uno como cordel entrelazado, es el Ebola. Puntitos luminosos ambulantes son los virus del SIDA. ¡Ganamos la batalla!, estamos en ustedes y somos parladores, les hemos invadido su organismo.

—Bichos infames, me trambuluquearon. Y yo, ingenuo, imaginaba se había estrenado nueva dimensión en nuestro mundo y dialogábamos con los inmortales.

—Tú, homo sapiens, naciste en África, según crees, y nosotros también allá nacimos; te extendiste por la tierra y asimismo nosotros; nos declaraste la guerra y estás correspondido.

—Animalitos del Señor, si no son malos, respetamos el milagro de su vida, pero respétennos también. Y no sean mentirosos, ni han salido de Africa ni han ganado la batalla, pero sí causan estragos entre hermanos, ahora de pronto allá, en un rincón del continente. ¿Por qué están enojados?

—Porque tú, homo sapiens, con los ensayos de tu química puedes ocasionar la muerte de todos los vivientes. No expertos en guerras como ustedes, hemos montado ejércitos potentes. Microbios, gérmenes, bacterias, virus, bacilos, en ordenada mezcolanza preparados estamos para los frentes de batalla. Cólera, tuberculosis, tifo, tétanos y rabia, viruela, polio, sarampión y gripe proletaria, convencionales armas son; armamento pesado el SIDA y el Ebola, más los que abramos en la marcha del conflicto: hoy por sobrevivir nos federamos.

Y ya que ustedes repudian esta bella Tierra, nosotros venceremos, dueños d’ella; reyes de la creación nos declaramos, pues dejó el trono quien no supo llevar digna corona. Gracias de todos modos por su paso, maestros del pensar, nos enseñaron, mas no se dieron cuenta por su prisa, que en cada especie muerta se corta al Creador un pensamiento y al Universo todo un latido de su pulso.

—No es para tanto, bichos maldicientes. Un pacto y podremos entendernos.

—Déjennos vivir y vivir los dejaremos.

—Vuelvan a los changuitos, a quienes no hacen daño, nos dejan en paz a los humanos y por siglos de siglos convivimos. Pero dennos tiempo, bichitos, una tregua; seguiremos simulando nuestra guerra, ustedes perdedores, pero al perderla, ganan.

Por principio de cuentas, los aislamos, mas no olvidamos a nuestros hermanos invadidos. Ángeles de cofia y ojos relucientes, cuidan a nuestras víctimas caídas. Generales y tropas de blancos uniformes armados de jeringas impiden que perdamos las batallas.

Doctorados científicos sacados a empujones de viejos laboratorios de la guerra, inventan nuevas armas que detecten, neutralicen, bichitos, a sus tropas. Brigadas portadoras de alimentos construyen las murallas defensoras porque sólo donde hay hambre y miseria llegan las huestes ebolinas.

En tanto se organizan las naciones, las Naciones Unidas se organizan, arman sus burocracias de la vida y entablan batallas planetarias. UNESCOs promotoras de cultura, educan en el uso de los bienes, educan en el uso de las letras; Obreros Mundialistas Sanitarios que limpian las cloacas de la Tierra y dejan relucientes sus estanques; Fecundos Agraristas Observantes cultivan en el campo los maizales; Unidos Numerosos Integrantes de Clubes Entusiastas Federados, rescatan a los niños de la calle.

La tregua de la guerra simulada, treinta años podría durar, ejércitos sidianos y ebolinos; paz concertada con huestes microbianas, es la propuesta de la humana raza.

—Ora sí te atrapamos, homo sapiens; muy en serio rey de la creación te titulaste y no sólo disponías de nosotros al ponernos nombre según condición y apariencia, sino en el curso de vida depredante fuiste acabando especie por especie y, al paso que vas, si te dejamos, quedarás como rey solo y desnudo, pero sin corte viviente que inciense tus grandezas, pero tampoco que te vista y alimente.

—Duros, drásticos son, bichos malvados. ¿Quién a ustedes encomienda defensa de los reinos? Rey de la selva, al león reconocemos, al delfín animal inteligente tras nosotros; como fiel servidor al perro, nuestro amigo, y dócil criado nuestro al asno laborioso. Pero ustedes microbios del demonio, sólo dolores y penurias causan. Torpes, faltos de entendimiento tuvieron qué escoger los ojos par manifestarse cuando a nuestro gran cerebro pudieron revelarse.

—Dos razones te damos, mentecato. El león, rey de la selva, claudicó de su reino entre nosotros al dejarse enjaular y ser hazmerreír en circos y festines; negóse el delfín temeroso a dejar seguridades en sus mares y correr en tierra la carrera que ganaste; el perro fiel prefirió la garantía de su comida al lado tuyo y el impráctico borrico escogió ser tu esclavo, pero no olvides que con sus dos grandes antenas, más disponible está para oír las señales de los astros.

Otra razón, no menos convincente, expresamos a ti, gran homo sapiens. Tu cerebro está más bien que sano, has logrado por él remontarte al principio de las cosas, a penetrar las entrañas de tu Cosmos y a medir el tamaño de su esfera. Has palpado fronteras del misterio y a través del cerebro pensar el Universo.

No es pues a tu cerebro al que queremos. Nuestras huestes conspiran defensivas a posesión mayor, donde tú sabes: al corazón que malquerencias trama, al corazón que a razonar se niega, al corazón que de temor enferma. Allí está tu maldad, no en el cerebro. Tus tendencias nocivas allí anidan.

—Bichitos parlanchines, causan risa. ¿Quién instruyó a bacilos moralistas, quien a los virus que prediquen vida? No todo corazón está podrido, abundan millonarios en largueza, ONGos pululan defendiendo al hombre, yerbas y bichos abogados tienen; casas, asilos, hospitales y orfanatos cuidados son por ángeles de cofia, salvan al mundo las Teresas de Calcuta. Treinta años de tregua nada más o perecemos o salvamos todos. Nada es tan simple y basta de locuaces mandatarios, su palabra esperamos, punto y cambio.

—Mandatarios lo somos, tú lo has dicho. Mandatarios de todo lo viviente. Olvidaste de pronto que tu origen, conforme a tus científicas razones, en microbios está y no en gigantes, ya sean hombres, elefantes o torpes dinosaurios. Por lo demás no lances ultimatums, ultimatums nosotros los ponemos. Nunca punto final hubo en tu historia, sí nuevo comenzar: punto y aparte. Si en materia de puntos discutimos, estaríamos en puntos suspensivos.

¡O paras tu rápida carrera, legislas desviaciones del progreso, unes al mundo y todas las naciones, calmas tu corazón de tempestades o nos vemos al término del pacto! Treinta años no es mucho, no seas tonto, un futuro de ensueño te deparo: tu nueva Tierra, aquí, por miles de años y la tierra de allá, por siempre nueva. (Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas 4-B-5-B. 11/VI /1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 5/VI/1995)

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FANT.6- LA MUSA

[editar] LA MUSA

Silviano Martínez Campos

—Pase usted, señora, cuánto gusto, ésta es su casa. Tiempo hacía, tal vez meses, no me visitaba. De seguro había notado algún desaire. Pero, a pesar de mi pobreza, le aseguro, la cortesía me impide rechazarla y póstrome de nuevo a sus aladas plantas.

—Mira muchacho, q’eso no te queda: tu párrafo primero está falseado. Cuarenta y cinco palabras he contado y de ellas 5 y 40 son vacías. Tratas de dar miel a la antigüita, pero te sale hiel a la moderna. Si acaso mi pobreza sea muy cierta. Pobreza de lenguaje: ocho hiatos, lugar común en número de cinco, disonancia final y poca simetría. Como que sale verso sin esfuerzo.

—A esas exigencias no me gana: hiatos al por mayor le he detectado y bien que sean de moda reprimendas gramaticales en altos niveles poderosos, pero eso no autoriza exigir melodía cuando usted sólo indicó el ritmo.

—Allí está la cuestión o sea el detalle. El ritmo lo palpaste a maravilla, desde el canto infantil aquél que sabes y luego tu tañer del tololoche con un palo y cordeles fabricado. Pero faltó la melodía, ¿recuerdas?, y tuve qué ponerla yo, tu musa, 35 años después o más o menos, con ayuda del músico Rossini.

—El ritmo lo enseñó don Chon, cuando tocaba en fiestas pueblerinas, escalas refrescantes del trombón y en los jarabes los compases del bajo improvisaba. Pero también doña Benita, cuando de joven era cantadora. Las alegres canciones que entonaba mientras hacía tortillas, las medía con el rítmico son de la palmada. A mano estamos, mi musita linda, tú también me fallaste con el tiempo: veintitrés años ha, si lo recuerdo, que pasó el Kohoutec por estos cielos. Entonces me decías del Thecel Phares (Mane también), como anuncio, en la cola del fúlgido cometa, que ni se vio, por cierto, pero la fantasía indicaba lo contrario.

—Puede tengas razón, bien lo recuerdo. El argumento se basaba en esto: es tal la confusión en el planeta, que un cometa agorero nos visita. Aparecen los signos en su cauda, las naciones lo miran temerosas. De los cuatro rincones de la Tierra comienzan los informes cautelosos, sin que hubiera “Internets” ni celulares, “vipers” ni redes ni correos satelitales.

—Los científicos arguyen sus razones, astrónomos escrutan los espacios, se juntan comisiones de estudiosos y concluyen de pronto con premura que ningún observatorio del planeta llegó a registrar los signos tales que a todos auguraban los tres ayes: tus días, tus días, tus días , están contados.

Un fenómeno tal, obvio es decirlo, no dejó satisfechos a los hombres, con las razones de los hombres sabios. Otros sabios también se dedicaron, por encargos precisos de la ONU, a estudiar por su cuenta los sucesos y echando mano de las ciencias varias, sobre todo las ciencias humanistas, concluyeron por fin muy cautelosos, que de signos aquellos, Thecel Phares (Mane también) sólo alucinación había ocurrido.

La guerra de Vietnam era una causa, dos guerras mundiales otra d’ellas, tensiones por doquier acumuladas, habían sobrecargado la memoria de violencias sin fin y eso, claro, que ni Ruandas, Yugoslavias o Chechenias aparecían por tanto en el planeta.

Entonces los gobiernos presurosos en la ONU por fin se concentraron y jefes de gobierno y los de Estado, una junta por fin recomendaron. Días de debate fueron y tensiones. Pero todos llegaban al consenso: una sola familia componemos y ante signo ominoso del cometa, no nos queda otra más, nos federamos.

Un gobierno mundial por consecuencia, había nacido ya tras el cometa, que según las noticias de la gente, tuvo su aparición el día primero, brilló por Navidad y un día 28, el de lo Santos Inocentes, manifestó esplendor, para dejar la Tierra en primeros de febrero.

—Cuánta razón te asiste, musa mía, la música faltó, qué duda cabe. Una novela quise hacer y darle al ritmo, versátil melodía llamativa. Mas te faltó decir que eran treinta años el plazo que se daban las naciones y eliminar las armas destructoras, derribar de sus bases los misiles y luego convertirlos en tractores.

El cuento contemplaba, por supuesto, organizar la ciencia y la cultura, salud, educación, la siembra y la cosecha: almacenar graneros previsores, reorientar la técnica hacia el hombre. Hurgar más las entrañas de la Tierra. Y todo en libertad de pueblos y naciones, en era universal inaugurada.

—Vergüenza debe darte confesarlo, ni siquiera el esquema terminaste. Pero la realidad te adelantó y los jefes de Estado y de gobierno, ciento cincuenta o más comienzan a reunirse, en Naciones Unidas con motivo de su cincuenta aniversario.

Veremos si ellos ponen como meta, organizar el Foro y, en treinta años, ponerle el parchecito al agujero de la capa de ozono desgarrada; terminar con las guerras de locura, prevenir a su tiempo los temblores; formar las Internet humanitarias; inventar artefactos bienhechores; regar por todos lados la semilla del trigo, del maíz, del arroz y los frijoles, para saciar el hambre de millones.

—Una cosa omitiste, muchachita, a no ser que me falle la memoria. Que el Kohoutec ya había pasado por la Tierra, dos mil años antes, al comienzo de esta historia.

—No juegues con el tiempo y con los signos, ya bastante penuria te atosiga. Dedícate mejor, si bien te place, a escribir sobre flores y jardines, con el estiércol que dejan las noticias de sismos, homicidios y masacres y ponte el saco que diseñan quienes lobos son al dar consejos a la luz de las estrellas en llanos cultivados entre montes, fervientes defensores de utopismos pregonados por locos fantasiosos tocados por las musas de los vientos.

—Si musa de los vientos te acreditas, sopla donde tú quieras, eres libre; pero dame tan sólo, te lo pido, el ritmo terciario o cuaternario y me pongo después sombrero ajeno, te saludo con él y yo te canto, la canción infantil de “La Paloma”. Pero ya adolescente, crecidita, podré cantarte un canto de mi pueblo y podré repetirte muchas veces, que tu cara es muy linda, “Eres Bonita”, que tu cara es muy bella, muchachita.

—Si a esas vamos yo también te canto, la primera canción que se me ocurra, porque todas me sirven para amarte; aunque podría ser la que tú escojas, te pido aceptes esas dos estrofas, de la bella canción : “Adolorido”.

—Desde luego que sí, con asegures, si ese canto y esa letra tú la extiendes a los seres que sufren y se angustian por los mil estertores del milenio. Sólo así comprendemos el sentido de voces y lamentos y plegarias que ofrendamos a diario los humanos, en casas, templos, catedrales o en las calles.

—No pides imposibles, lo aseguro; santo y seña te doy pa’ que me escuches. “Si a tu ventana llega una paloma, cuéntalo por seguro que es mi persona; si a tu ventana llega un burro flaco, trátalo con cariño, que es tu retrato”, como decía en sus cantos tu mamita. Si en la banda de Ichán o de Ocumicho, Numarán, Santa Fe, Cruces de Rojas, La Cañada, escuchas esos ritmos pegajosos, no olvides que en el bajo está la clave. Ta, Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta; Ta Ta Ta: Sol La Si Do.

Intenta comprender –¡si un niño entiende!— la clave te la da naturaleza, el solfeo repetido de las aves, sonsonete cansado de los grillos, el compás sosegado de las ramas y el ritmo que te dan las estaciones.

Pero si quieres música tremenda, que linda en las fronteras del misterio, entonces de la dan las tempestades, los gritos repentinos de los rayos, lamentos que resurgen de la Tierra, en huracanes, sismos, terremotos.

—Parece que capté, no mucho, ¿sabes?, pero empiezo a entender la tonadilla del canto aquel que te brindó Francisco. Pero también aquella, que en noches de Luna cándidos chiquillos entonaban y te devuelvo, con ligera versión modificada: “Una Paloma Blanca,/ que del cielo bajó,/ con sus alas doradas y en el pico una flor. De la flor a la lima,/ de la lima al limón/vale más mi muchacha/ que los rayos del sol.”

—Te dejo este paquete de tarea, por hoy es todo y hasta luego. Preparo mis maletas pa’ la ONU, a ver si alguien recibe mis susurros en temas importantes del dinero. Temas de enfermedad y del desarme, hambres, pestes y pandemias; cambios de clima y capas de ozono, mirar al sol en busca de energía. Si acaso quieran pueblos y naciones bailar al son que toco, pero que todos canten por sí mismos la letra de su propia melodía: costumbres y culturas, tradiciones, tejidas a lo largo de su historia. (Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich. México, Las Ventanas, Pág. 5-B, 28/X/1995. Y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich. 16/X/1975)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS (I)

[editar] SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS

Silviano Martínez Campos

(NOTA:Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Web. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña (despierto, por supuesto, ya sean grandezas, quimeras o imposibles) se le atribuyen “sueños guajiros”. Y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos los sueños fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo. Sacadas un poco de contexto, pero aún así dichas pinceladas subterráneas pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o se perdieron en la desmemoria, en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos. Pero ya aparecerán.)

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CAMBIO DE FRECUENCIA para citar un propio sueño guajiro, rústico: “Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos”…”¡Sí se puede, dirás, ¡sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario”. (“A2K o el error del Milenio”, GUIA, Febrero 28 de 1999, 3-B, Mi Ziquítaro y ahora El Taller). ( 14 de Abril del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:36 11 jun 2010 (UTC) como que le reclamaba “al de la voz”, a la manera de Job, que “si sabías que me ibas a hacer esto para qué me creates”. El de la voz de alguna manera replicó que “si no les gustó como lo hice, háganlo a su manera”. Tal vez el de la voz apelaba a la responsabilidad y qué cada cual la asuma, porque aquel individuo alcanzaba a decirle “perdóname”. Pero como única respuesta, el de la voz sólo decía: AMO, AMO, AMO…Sea como sea, parece que el individuo se dio por vencido, porque tal vez “después” alcanzó a “decir”: “el que me lo dio, no falla”. Conclusión del sueño guajiro: ¡ Siempre hay lugar para la Esperanza!.…(5 de Mayo del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO, que apunta “hacia arriba y hacia adelante”: Aquellos cuatro seres míticos, antropoformos, se congregaron , corriendo de prisa, desde todos los confines, en medio del caos y la penumbra y confluyeron frente a un altar, cuyo sagrario apuntaba hacia lo oscuro del misterio. No sé “dijo”uno, cuando yo vine, ya estaba, aludiendo al misterioso altar. Lo que sugiere que así estamos hechos, necesitamos algo, a Alguien que, no puede ser menos que amoroso, nos supere…Si no, nos invade el miedo violento (7 de Julio del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: De que se enredó, se enredó: estuvo dura la cáida del caballo. Pero aquel individuo no se mareó con las profundidades, sino con las alturas; no con lo oscuro, sino mas bien con lo luminoso; no con lo feo, sino por el contrario con lo bello; no con lo “banal” sino con lo grandioso; no con el “presente” trágico, sino con el “futuro” gozoso. Así es de que le dijo al de la voz: “me voy a volver loco”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz”.(21 de Julio del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: A veces decimos que entendemos, pero no entendemos nada. Lo que pasa es que hacemos afirmaciones perentorias, “definitivas”, “irrefutables”, contundentes, sobre todo en cuestiones políticas, ideológicas, y nos cerramos a la razón del otro. Y resulta que aun cuando lleguemos a la conclusión del sabio griego en aquello de que “sólo sé que no sé nada”, no lo aceptamos, por lo menos en público. Por eso aquel individuo de plano se enredó en “la dimensión desconocida”, más truculenta que en la serie cinematográfica del mismo nombre. Y eso por haber naufragado en las profundidades del sí mismo. Fue así que se encontró con, o fue encontrado, por alguna Presencia. Y fue entonces cuando le preguntó al de la voz: “¿En qué me vas a convertir, en cucaracha?, nada más que no pierda mi conciencia”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “Se quedará a ayudar al Homo Sapiens”.(24 de Noviembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo no supo cómo interpretar la visión y si su contenido era amenazante, o por el contrario previsor: Una caverna dorada, con matices amarillentos y rojizos poblada de seres semirrobóticos, humanoides, maquinales, con armaduras sofisticadas, no medievales, más bien de entidades astronáuticas, todos moviéndose lenta, lenta, pausada, pausadamente. Dentro de uno de ellos, su estructura era un esqueleto…El símbolo de la muerte.(8 de Diciembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se vio de pronto envuelto dentro de un Universo Robótico. Seres maquinales, luminosos en matices amarillentos y rojizos, equipados con cascos a la manera de astronautas. Su penetración en la mente sugería proporcionar informaciones sobre las medidas de lo real, tan grandes o más, que las usadas por astrónomos en sus mediciones de parsecs y kiloparsekcs, Algo tan grande, algo tan inmenso, que el individuo prefirió el tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella, el tararear una tonada infantil o un motivo clásico, que escudriñar el infinito. Y aquel individuo descubrió después el valor de ser vivo, de ser hombre. Y luego agradeció y adoró. (5 de Enero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo creía que ya todo, todo, se había acabado, pero de pronto apareció una Nueva Tierra: grande, redonda, luminosa, blanca y azul como fue vista por los astronautas desde la Luna. Blanca y azul como La Inmaculada, morena como La Guadalupana. (12 de Enero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo de plano se enredó en sus propias profundidades. Fue cuando la voz benevolente, que lo hacía apuntar su ser hacia algo bello y plenificante, por lo mismo indecible, le “dijo”: Dios no existe: somos todos nosotros. Pero el interpelado le repuso: sí existe: somos todos nosotros. ¡Cómo enreda la dialéctica!, porque el interpelado no quería decir que “somos todos nosotros”, sino que “sí existe”. En estas cuestiones lo mejor es ser humilde…( 2 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se encontró en los sótanos del sí mismo. Y de alguna manera entendió, o le fue dado entenderlo, que en el fondo no hay poder que lo haga atentar contra sí mismo, porque el máximo valor es la Vida. Por eso “gritó” cuando se despeñaba: ¡Viva la Vida!, mientras algún coro festejaba la conocida expresión de ¡Quién como Dios!, en reconocimiento a Quien de veras las puede y no falla.. Y el individuo siguió viviendo…(16 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo creía que todo se puede preguntar y que se pueden llevar los estilos del oficio a planos indecibles. Por eso el de la voz le dijo: no haga preguntas. Pero el individuo sacó de inmediato su “carnet” de periodista, es decir, creía que allí se podía también preguntar. Y sí, sí tuvo respuestas. Pero todavía no alcanza a digerirlas…Porque en esos planos, no funciona la curiosidad sino todo, todo, tiene sentido pedagógico y no se pueden lastimar las conciencias de los débiles…Porque allí, sí se ama.(23 de Febrero del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, al haber traspasado la dimensión del discurrir centrado en el sí-no, hacia el discurrir comunitario, “cibernético”, se dio cuenta que en aquella red se podía regresar a una base de datos más amplia y podía detectarse, en la “computadora” compartida, por ejemplo, santo y seña de un ancestro del Renacimiento, verificar con la información actual y luego expresarlo, traducirlo, a diferentes lenguas y signos. La “red” subjetiva de la que hablan parasicólogos (Oscar G. Quevedo), más “poderosa” y más humana y plenificante que la entrelazada por los satélites y las máquinas de los guerreros que lanzan con ellas sus tremendas bombas “inteligentes”. La red, que tal vez espere, siglos o milenios más delante, al ser hombre si éste sobrevive a sus propias locuras….(2 de Marzo de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no quería queso, sino salir de la ratonera, cuando penetró en el intrincadísimo mundo simbólico del sí mismo. De alguna manera tal vez lo atrapó la angustia, mala agorera de tanto problema, aquí sí que planetario, porque algún resquicio de Esperanza le quedó. Así es que su Planetita se despeñaba hacia el abismo, pero unos “caporales” con escafandras al estilo extraterrestre, sacando sus reatas lazaron a la Tierrita para rescatarla. No sé si allí, en esa dimensión simbólica, haya antes o haya después, el caso es que ante tanta calamidad, apareció una Tierra nueva, azul y blanca como la Inmaculada, reluciente, así como la veían los astronautas desde la Luna. Es de suponerse que una Tierra regenerada, capaz de albergar de nuevo arroyitos donde los niños campesinos tomen agua durante sus correrías campiranas. Y donde los ciudadanos de la “civitas”, ciudad, de la “urbs”, de la urbe, confíen de nuevo en el agua entubada. ( 9 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibió dentro del abismo del sí mismo, una como chispita de razón, pero mezclada con la angustia vital de que no pudiera alcanzar el puntito rojo que lo abrigaría. Al fin lo alcanzó y se perdió en él. A lo mejor gracias a ello luego descubrió la maravilla del estar vivo (26 de Abril de 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo tuvo un sueño “real”, normal, no de esos sicalípticos que ocurren con motivo de enfermedades, crisis síquicas de fondo, o algo por el estilo. Sueño arquetípico, dirían los estudiosos, de esos sueños que vienen y se quedan. Al dicho individuo le daban una corretiza por un llano, debió ser en su ombligo del mundo, porque no hallaba la puerta y buscaba escapar de los perseguidores, invisibles por cierto. En un momento dado se le allegó Salvador (así se llamaba) como guía y se le sumó en la carrera, en busca del sueño americano, es decir, de la tierra prometida. La idea era llegar a los USA, desde luego, así es que se sumergieron “migrante” y guía (suena feo decir pollero), en una especie de tobogán, como de esos juegos de los parques, que llaman resbaladilla. Pero no llegaron a la tierra prometida sino a una estancia elegante, sobria, iluminada, como un despacho de abogado. Lugar a propósito para instalarse, supongo que con libros y todo. Pero no, alguna premura hizo que el individuo rompiera las elegantes paredes (supongo que de madera) con motivos ornamentales cuadrados y siguió la corretiza, pero no se veían los perseguidores. Ambos, individuo y guía, se sumergieron enseguida, mediantne una especie de clavado de nadadores expertos, en un estanque oscuro. Allí se perdió la noción y también el guía. El individuo llegó a una estancia de otro nivel. Un sillón de ejecutivo con cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo, que contenía La Palabra, un grupo de mujeres enlutadas, de entre las cuales le esperaba una. Esa era la tierra prometida, y no los USA…¡Apa sueñitos! A lo mejor significan que la condición humana está “diseñada” para algo más que los pleitos por la vida y los pleitos callejeros por el poder. (27 de Abril de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: El Gran Hermano de la novela y de la fantasía, pretendía controlarlo todo y hasta hacía la guerra para conservar la “paz”. El Gran Hermano, el de la realidad, hacía hombres libres, tanto, que el interfecto le preguntó admiradísimo al de la voz ¿a poco hasta en eso somos libres? No hubo respuesta, pero desde luego se avizoraban grandes sorpresas. (20 de Junio del 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: para quien dirigía la competencia, era muy importante el centro delantero, pero no desestimaba el trabajo de conjunto, el actuar de todo el equipo…(P:D. …”la democracia es el modo menos imperfecto de organizar la vida pública…debió decir en el anterior MOSAICO, en lugar de perfecto. (22 de Junio del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, TUSTICO: aquel individuo de plano se sentía desorientado. Habitaba un planeta que estaba a punto de caer en el abismo, pero unos caporales con escafandras de astronautas extrarterrestres, lazaron la Tierrita y la halaron para evitar se despeñara. Las máscaras que cubrían tanta infamia planetaria se precipitaron en el abismo. Y sea como sea, en su momento surgió una nueva Tierra, reluciente, blanca y azul, como la vieron los astronautas terráqueos desde la Luna (27 de Julio de 2006)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no sentía lo duro sino lo tupido, al encontrarse en la dimensión desconocida, en la película de la interioridad del sí mismo. Por eso le preguntó al de la voz, con cierto humor: ¿en qué me vas a convertir, en cucaracha? nada más que no pierda mi conciencia. Pero el de la voz le repuso: se quedará a ayudar al “homo sapiens”. Lo que es para uno, es para todos, podría decirse. Y habría qué ser humildes: ni uno solo descompuso el mundo, ni uno solo, lo va a arreglar. Es una tarea titánica, sí, pero comunitaria. (10 de Agosto del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo de seguro reclamó algo al de la voz, tal vez en torno al funcionamiento del mundo, porque el de la voz le replicó: si no les gustó como lo hice, háganlo a su manera. A poco hasta en eso somos libres, dijo el reclamante. No hubo respuesta. Es el precio del gran don de ser libre… (23 de Noviembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo quedó atrapado, en su inteligencia, por el Universo Robótico. La máquina pensante lo llevaba, a través de todos los puntos cardinales, a medirlo con los años luz, parseks y kiloparsecs que utilizan como escala los astrónomos y ni por eso aquello tenía fin. Aquel individuo comprendió lo gratificante de que su Tierrita fuera colocada frente al gran fuego y así la vida dentro de ella fuera valorada como una amorosa invención. Comprendió el valor del sentimiento y que de momento era más importante tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella. (7 de Diciembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo fue el primero en sorprenderse, desconcertarse, caer en la total ignorancia de saber quién era, al verse transformado, en plena calle y en plena gran urbe, en otro ser, entre humano y ángel, revestido de luz iridiscente y coronado (a) de una diadema, a través de la cual eran recibidas inefables señales amorosas de lo alto. Habría de entender después cuánta razón tienen las prédicas milenarias (universales por plurales) que apuntan hacia el insondable valor del ser humano, a quien se regala, pero no sin él, una realeza que trasciende las miserias del poder, del tener, del creer saber y del miedo, que lo hacen resistente a la grandeza prometida. (21 de Diciembre del 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo no hallaba la puerta, compungido, arrepentido de lo que había o no había hecho. Tuvo qué pedir perdón, pero el de la voz no lo lanzo a las tinieblas y sólo le dijo: “amo, amo, amo”. (4 de Enero de 2007)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibió que todo en la naturaleza y en la obra humana estaba cifrado en vistas a su plenitud y su trascendencia. Lo mismo el ritmo terciario, o cuaternario de una canción ranchera que la sinfonía u obertura de un gran músico. Y que era tarea humana descifrarlo, en la admiración, el gozo, o la acción que promueve, no la que esclaviza.(25 de Enero del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no sentía lo duro sino lo tupido. Pero en la frontera percibió que sí, que vale la pena, porque la palabra, La Palabra, realmente se está haciendo historia. ( (21 de Junio del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, a quien se le dio como representación (gráfica) el Planeta Azul visto y fotografiado por los astronautas desde la Luna, se tomó en serio aquello de la Nueva Tierra. La de aquí, la histórica, y la de allá, la de la Promesa. (5 de Agosto de 2007)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo vio la película, pero le fue borrada inmediatamente de su mente. Fue mejor, y se volvió más humilde, en eso del conocer. Y ante eso, percibió que la salida más humana es el ORAR, y el trabajar. Y luego también esperar. Porque de lo contrario, si leyera las cosas al revés, el mundo le parecería no sólo RARO, sino absurdo para el constructor de utopías. (6 de Septiembre de 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: el temor de aquel individuo era real, luego de haber incursionado, llevado o no hasta allí, por terrenos fronterizos donde se tambalean el ser y el sentido. Pero no estaba perdido. Allá, en el horizonte oscuro, surgió la Nueva Tierra, el planeta azul y blanco, como la Inmaculada, como el visto por los astronautas desde la Luna. (19 de Septiembre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se admiraba, desde lo hondo de si mismo, de que el día de la gran fiesta fueran vigentes tanto los bailes exóticos caribeños como las danzas pintorescas de los de Guerrero, los de Michoacán y de todas las geografías. Y que pasara el examen y cruzara la frontera, todo lo bueno que había hecho el ser humano en su búsqueda; pero no sólo las grandes creaciones artísticas, como dicen pensadores, sino cosas tan sencillas como el canto infantil La Víbora de la Mar hecho danza, ejecutada en vivo por adultos redimidos.(11 de Octubre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo percibía que los cuatro seres “antropomorfos” se habían congregado, veloces, desde las cuatro direcciones. Habían llegado a un altar, símbolo de lo sagrado. Uno de ellos simplemente dijo: “no sé, cuando yo vine, ya estaba aquí (el altar)”. Pero el altar, con fondo de tinieblas, apuntaba hacia arriba, hacia el no saber.(18 de Octubre del 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, que de alguna manera se percibía en situación anímica confusa, atípica, caminaba por la calle céntrica de la gran urbe, entre el ruido y el tráfago de las máquinas, poco más allá del templo de San Francisco, por Madero hacia Bolívar. De pronto se sintió transformado, o más bien poseído, en o por un cuerpo de luz bello, reluciente, tachonada su frente de joyas diminutas iridiscentes, coronada su cabeza de una diadema luminiscente mediante la cual recibía destellos de lo alto. Fue un momento y al tratar de cruzar la calle, esperó la luz del semáforo. El de la voz le había dicho simplemente: respeto sus reglamentos. Aquel individuo habría de entender después que en el ser humano lo atípico no es lo que viene, sino lo que está, no es lo de “adentro”, sino lo de “afuera” y que sí, en lo personal tanto como en lo comunitario “es el arquitecto de su propio destino” pero no sólo, porque le ha sido dada la gran palanca, la del sentido plenificante, para transformarse y para transformar su mundo. Y para el cristiano, esa gran palanca es Alguien como nosotros y algo más, Jesús a Quien confesamos como El Cristo, el Mesías. (25 Octubre 2007).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo de plano se hacía bolas con los nombres. Le decía licenciado a quien no era licenciado, le decía doctor a quien no era doctor, apoyándose en la promesa de que lo iba a curar, hasta que se le ocurrió el nombre de señor, dicho con extrañeza y con respeto. Pero el de la voz no repuso nada. A lo mejor no tenía nombre. Y a lo mejor le quedaba más bien el nombre de hermano. Y a lo mejor, también, los nombres son cosa humana, para entendernos, o para enredarnos…Y si son sólo siglas, huecas de contenido, está peor. (16 de Noviembre de 2007).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, II (Y…III)

Martínez Campos, 2–23/II/08

EL TALLER (De la Enciclopedia Libre Universal en Español)

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, II (…y III) Silviano Martínez Campos

(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Web. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo. Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

…IMAGINEMOS UN SUEÑO guajiro, rústico: 4 entidades o seres vagan por quién sabe dónde, por espacios insondables. De pronto llegan volando a un sitio en torno al cual se congregan. Es como altar, con su protuberancia como sagrario que apunta a las alturas oscuras del misterio. Uno de ellos dijo, tratando de explicar el “hallazgo”: no sé, cuando yo vine, ya estaba aquí. ( 12 de Agosto de 2004).


HABLEMOS DE SUEÑOS guajiros, rústicos: un pobre mortal deambula por una calle de la ciudad de México, la urbe tan agitada como las que más en el mundo. Pongámoslo en la calle Madero, por ejemplo. En medio del tráfago se siente poseído por u n ser, que parece ser él mismo, bello, luminoso, con luminosidad multicolor donada, de arco iris, su cabeza coronada con diadema luminiscente que recibe a su vez luminiscencias por bellas, insondables, de lo alto, o de lo profundo. Se ve tentado a cruzar la calle, antes del alto del semáforo, atenido a su belleza pero una voz le advierte: respeto sus reglamentos. Sueños guajiros que apuntan, si acaso, a afirmar que lo que es para uno, es para todos y el ser humano es bello, bello, bello. Y a pesar de los pesares, tiene futuro. Después de todo, en estos tiempos de desfondamiento, lo improbable parece ser lo más cierto. (19 de Agosto de 2004).


UN SUEÑO GUAJIRO, rústico: un planeta extraviado está a punto de despeñarse en los abismos siderales muy oscuros. Pero unos caporales echan mano de sus reatas, lo lazan, lo rescatan y lo vuelven a su lugar. (2 de Septiembre de 2004).


…YA ME ENREDÉ con esto, mejor hago referencia a un sueño guajiro, rústico, más simple y menos enredado: en una caverna dorada, como de fuego pero sin quemar, danzan lenta, pausada, silenciosamente unos como seres humanoides con armaduras, a la manera de los guerreros medievales pero esos “uniformes” son modernizados estilizados. No bailan sino se mueven pausada, rítmicamente sin que nadie les toque ni los dirija. Surge en el fondo de uno de esos seres la visión de su interior, uno como esqueleto, en realidad su estructura ¿o algo , o alguien aprisionado?, ¿Sería la muerte? Quién sabe. ¿O será la muerte anunciada para la robotización radical? Quén sabe. Con eso de que estas cosas de la muerte, que conmemoramos el martes, son tan simples en su expresión: somos mortales. De lo demás no sabemos…Pero esperamos. (27 de Octubre de 2004).


SE ME FUE el santo al cielo (más bien el “espacio” electrónico en la pantalla) y este Mosaico me salió totalmente ambiental y se hace tarde para “enviarlo” a GUIA donde son tan benevolentes en la espera (siempre que su servidor no abuse). Por tanto, lo terminaré con un sueño guajiro, rústico: Aquel individuo veía la imagen de una especie de caporales astronautas o extraterrestres, que rea en mano lazaban al Planetita Extraviado para que no cayera en el abismo. Debieron lograrlo, porque surgió después la Nueva Tierra, como la vieron los astronautas desde la Luna, reluciente, blanca y azul . Morena como la Guadalupana; blanca y azul como la Inmaculada. Una Nueva Tierra regenerada después de sus dolores de parto ecológico. ¡Uf!…Siempre hay lugar para la Esperanza (pero la Esperanza activa, según la idea del sicólogo Erich Fromm). (9 de Junio de 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO, que apunta “hacia arriba y hacia delante”: aquellos 4 seres míticos, antropomorfos, se congregaron, corriendo de prisa, desde todos los confines, en medio del caos y la penumbra y confluyeron frente a un altar, cuyo sagrario apuntaba hacia lo oscuro del misterio. No sé “dijo” uno, cuando yo vine, ya estaba, aludiendo al misterioso altar. Lo que sugiere que así estamos hechos, necesitamos algo, a Alguien que, no puede ser menos que amoroso, nos supere…Si no, nos invade el miedo violento. (10 de Junio del 2005)


NO ME ALCANZÓ el espacio para mis rollos mosaiqueros habituales. Sólo he de afirmar que el planeta extraviado lazado por los caporales del espacio, al que hice referencia en el sueño guajiro, rústico, anterior, a pesar de sorpresa de nubarrones, tormentas y cambios climáticos, surgirá luego como una Nueva Tierra: blanca y azul como la Inmaculada. La ventaja de los sueños guajiros (las utopías), es que no son ni comprobables ni refutables. Allí no vale más que la “ciencia” de la Esperanza. (8 de Septiembre de…).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: a veces decimos que entendemos, pero no entendemos nada. Lo que pasa es que hacemos afirmaciones perentorias, “definitivas”, “irrefutables”, contundentes, sobre todo en cuestiones políticas, ideológicas, y nos cerramos a la razón del otro. Y resulta que aun cuando lleguemos a la conclusión del sabio griego en aquello de que “sólo sé que no sé nada”, no lo aceptamos, por lo menos en público. Por eso aquel individuo de plano se enredó en “la dimensión desconocida”, más truculenta que en la serie cinematográfica del mismo nombre. Y eso por haber naufragado en las profundidades del si mismo. Fue aquí que se encontró con, o fue encontrado, por alguna Presencia. Y fue entonces cuando le preguntó al de la voz: “¿En qué me vas a convertir, en cucaracha”, nada más que no pierda mi conciencia”. Pero el de la voz desde luego le replicó: “Se quedará a ayudar al Homo Sapiens”. SIEMPRE, SIEMPRE, HAY una Benevolencia salvadora. Con tal de que extendamos nuestra mano para aceptar la caricia, el refugio, la invitación a la vida, de la mano tendida hacia la nuestra, y salgamos de los abismos en los que nos metemos o nos meten…Sea como entendamos la mano tendida: el ser querido, el próximo, el discurso en el libro, en el medio de comunicación, o en el llamado del Angel de la Vida, quien tiene mil recursos para hacerlo con cada quién. Porque como dice el sabio (Sto. Tomás, y no recuerdo dónde): “quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur”, lo que quiere decir que según el sapo es la pedrada. O más literalmente expresado: lo que se recibe, se recibe a la manera de quien lo recibe…PD: sean personas, sociedades o pueblos y, ¿por qué no?, el mismísimo Homo Sapiens (Demens, dicen algunos). (24 de Noviembre del 2005).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo se vio de pronto envuelto dentro de un Universo Robótico. Seres maquinales, luminosos en matices amarillentos y rojizos, equipados con cascos a la manera de astronautas. Su penetración en la mente sugería proporcionar informaciones sobre las medidas de lo real, tan grades o más, que las usadas por astrónomos en sus mediciones de parsecs y kiloparsecs. Algo tan grande, algo tan inmenso, que el individuo prefirió el tocar un cuerpo humano que alcanzar una estrella, el tararear una tonada infantil o un motivo clásico, que escudriñar el infinito. Y aquel individuo descubrió después el valor de ser vivo, de ser hombre. Y luego agradeció y adoró. (5 de Enero de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo, al haber traspasado la dimensión del discurrir centrado en el sí-no, hacia el discurrir comunitario, “cibernético”, se dio cuenta que en aquella red se podía regresar a una base de datos más amplia y podía detectarse, en la “computadora” compartida, por ejemplo, santo y seña de un ancestro del Renacimiento, verificar con la información actual y luego expresarlo, traducirlo, a diferentes lenguas y signos. La “red” subjetiva de la que hablan parasicólogos (Oscar G. Quevedo), más “poderosa” y más humana y plenificante que la entrelazada por los satélites y las máquinas de los guerreros que lanzan con ellas sus tremendas bombas “inteligentes”. La red, que tal vez espere, siglos o milenios más delante, al ser hombre si éste sobrevive a sus propias locuras. (2 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo vio sobre la región michoacana a las palomas mensajeras, advertidas de que si van al paraíso, “sopre él volando están”. Milenios después, la codicia y la complicidad del poder caciquil con el dinero, convirtieron al paraíso prehistórico en casi un desierto…Salgo de la realidad virtual hacia la “realidad real” y escucho el concierto mañanero, en los prados cercanos, de las torcacitas, las conguitas. Nuestra Tierra, averiada y todo, es realmente un paraíso…perdido en las inmensidades. (16 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se había enredado de tal modo0 por siglos de condicionamientos en torno a personas y situaciones, que no encontraba la salida razonable para contestar, cuando el de la voz le preguntó qué opinaba sobre Benito Juárez. El individuo sólo acertó a destacar el mérito del personaje, de haberse remontado desde su origen indígena a las cimas del poder. Pero en el fondo le quedó al individuo el sentimiento desconcertante: en su duda para la respuesta, quedaba de manifiesto el enredo en que se había metido durante dos mil años de historia “del pensamiento”, o más. Entonces no lo percibía, pero tampoco era descabellado el hecho de estar pasando por un “juicio universal”, en el sentido histórico de estar revisando todo su pasado y su presente y su “porvenir”. Se le había movido el tapete, y un cambio de paradigmas, de modelos de representarse las cosas y de rehacerlas en todas las dimensiones de la vida, apuntaba hacia una nueva era, la nueva etapa en la aventura de ser humano… (23 de Marzo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo ya no veía lo duro sino lo tupido, en su incursión en las profundidades del sí mismo. El de la voz le preguntó: por qué cambió de ruta. El individuo no supo qué contestar. Pro es de recordarse el comienzo de la Divina Comedia del Dante: “en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura por haberme apartado del camino recto”, aplicable a personas, a grupos y a la especie, creo. (6 de Abril de 2006)


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo estaba totalmente derrotado en su mente, confuso y sin horizontes: allí sí era real el dicho de que se encontraba en u n callejón sin salida. Por eso no podía identificar al de la voz y lo trató de licenciado. No soy licenciado, se le dijo; sí, doctor, ¿no dice que me va a curar?; no soy doctor, se le repuso. Y aquel individuo no buscó más títulos y se dio por vencido, sólo acertó a decirle: Sí Señor. Lo que quiere decir que la verdadera curación de la semillita dañada al cruzar su cielo antes de aterrizar, no está en la máscara, en la apariencia, sino en el fondo; no en la superficie, sino en las profundidades…¡Uf!. (18 de Mayo de 2006).


SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Sarita nos dejó turulatos a Lupita y a mi, cuando de buenas a primeras dijo: “Cuando yo nací, había poca gente. Yo redimí al mundo… (hizo breve pausa)… y así me fue”. Desde su enfermedad mental expresó algo que aún no digiero, ni digeriré. ¿Una incursión en el inconsciente colectivo?. ¡Quién sabe!. Con eso que hay tantos enigmas en la dimensión desconocida. Tan insondable, como los agujeros negros. Pero al menos dicha dimensión sí permite que salgan de ella destellos de la palabra, o quizás de La Palabra…(21 de Febrero de 2008)


…Y III ELABORADO PARA, Y DEDICADO ESPECIALMENTE A EL TALLER

EL TALLER.- Aquel individuo, desde la postración en las oscuridades del sí mismo, oía los golpeteos metálicos reales en la noche del taller real, en la redacción del diario. Por no sé qué mecanismos en los subterráneos de sus propias fuerzas telúricas, parecía entender dichos golpeteos como la fragua en el construirse desde sus propias profundidades. Habría de captar después que el ser hombre (especie) además de una llamada, una voca–ción a lo mismo, es una forja. Y que los golpeteos en los viejos yunques de la fragua no son castigo, sino duros moldeos para dejar luego el modelaje delicado, en el taller del alfarero. O en el delicado trabajo del decorador, que aromatiza con azahares lo que será, a fin de cuentas, el nuevo cuerpo, el cuerpo real. O en el pincel del artista–pintor, para que retrate lo que es o parece y diseñe mediante el instrumental de sus sueños, lo que podría ser. O en el músico–artista que se monta con su asombro en la sinfonía de lo real para decirnos en el canto, o en la orquesta, que el ser hombre también es ser creador de sinfonías, aun cuando de momento parezca todo desentonar por la tragedia del desamor, o la falta de entendimiento entre nosotros mismos. O en el esquema siempre nuevo de quien escudriña los sentidos, para darnos un vislumbre no de lo que podría ser, sino de lo que realmente será. O en el cronista de lo trágico, que nos da cuenta de las infamias de la historia guardadas en la memoria, o en los escondrijos de la desmemoria de cada pueblo y de las que tal vez nadie pueda lanzar primeras piedras. O en el cronista de lo actual que da cuenta de las infamias de quien le teme al otro y por eso estructura poderíos o ídolos potentados o imperios de por sí perecederos. O más bien se teme a si mismo, podría decirse, y se espanta de su propia grandeza. O en el poeta que canta al amor, a veces con canto devaluado por la palabrería ambiental. Pero más bien, en el poeta de la vida que lo practica en los arrabales de la condición social humana y vuélvese el amante del otro, llámese, ese amante, Francisco, Vicente, Damián o Juan o Martin Luther King o Teresa de Calcuta, o Nelson Mandela, o las miríadas de amorosos, preclaros o anónimos que han tejido la historia con fibras de Esperanza. El taller, pues, de la raza, la única, la humana. La raza humana que hace actual aquello que se dijo sobre los dolores de parto, ahora en la clínica redonda de la Tierra. Imagen siempre actual y referida a lo grande, al nuevo hombre, más que colectivo, comunitario que nace llorando, dando alaridos en su asombro, al asomarse, entre los escombros que deja el poder–dominador, a una nueva vida diseñada y puesta en práctica por el soñado poder–servicio. La transformación, o metamorfosis del sí mismo, personal o comunitario. Siempre acompañado, pero ahora lo sabe, con el resto de los vivientes en este insondable y delicado sistema que el sabio bautizó como Gaia, pero desde siempre muchos lo han referido como la familia humana, o la creación. Grande, cósmica idea, tampoco contradicha, ahora, por los aleteos iniciales del Big-Bang, cuando se diseñó todo con los instrumentos de La Sabiduría y El Amor, aun cuando hubiese sacudimientos insondables con la gran explosión, el gran grito del parto inicial. La energía seminal paterna que siembra mediante fuerzas insondables universos, galaxias, estrellas, planetas y lunas. Y los conductos y senos maternos amorosos que la riegan y la cultivan con la leche nutricia de Su Vida… Y COMO TODOS estos pensamientos van hoy hacia EL TALLER, los dedico desde luego, como mi homenaje–agradecimiento a quienes primero me acogieron: LadyInGrey, KillOrDie (ATW-KOD), Lourdes Cardenal, Roy Fokker. Y luego a todos quienes con su arte y su pensamiento, que aquí también es arte, participan en esta forja que se hace con diseños, letras, fractales, pinceles electrónicos, intercambios, debates, cantos…..Y sueños. (La Piedad, Mich., México, mañanita del sábado 23 de Febrero del 2008. Silviano Martínez Campos).

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, IV

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, IV Silviano Martínez Campos

=(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:45 11 jun 2010 (UTC). Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos)

SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Al individuo aquél (smc)–Silviano Martínez Campos 16:58 11 jun 2010 (UTC), por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, y a la vez regocijante experiencia, a pesar de las tres décadas y media transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante: “en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer podría también permitir encajarlo en la gran crisis de la que ahora era testigo; porque al fin y al cabo todo indicaba, se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le permitía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no culminaba en afán adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo. La vida “real”, en todo caso, más gratificante que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él). Había llegado a la convicción de que, Quien es soberano, sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, y no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa, donde la firma personal, aun cuando “cibernética” es definitiva, según así parece, por cuanto se incursiona en el país del amor y de la verdadera condición de hombres libres. Y esto, por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo, en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien deveras las puede. Porque la Potencia, amorosa, de seguro no tendría límites si de ayudar al hombre atribulado se tratara. Aquel individuo habría de considerar después, en su búsqueda de explicaciones al embrollo del sí mismo, que después de todo, el poeta puede tener razón, y parafraseándolo, podría pensarse que entre más grande el riesgo de hecatombe planetaria, más cercano está Quien salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarse, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida, más de tres décadas después, se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla donde quiere. También por eso, tal vez, Su soplo amoroso vaya dirigido a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, la cual es, en rigor, hoy por hoy, el planetita extraviado. (5—I—010)

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=SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo ni por asomo hubiera pensado que aquellas cosas sucedieran en la calle, y en plena urbe desde entonces caótica. Porque luego del templo de San Francisco, por Madero y cerca de Bolívar, fue transformado en ser luminoso y bello, capaz de recibir destellos de lo alto. Después habría de pensar, y creer, que el hombre unidimensional fue un invento de la sociedad tecnológica y capitalista y, por el contrario, el ser humano, como las tradiciones lo han afirmado desde siglos y milenios, camina construyendo su historia, pero incursionando siempre, a tientas desde luego, en la dimensión desconocida, más plenificante que en la película del mismo nombre. (1–X–09)

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SUEÑO GUAJIRO RUSTICO: aquel individuo, en la postración, en la oscuridad del centro de si mismo, se percibía como parte de un juicio universal. Y tal vez fuese cierto, pero en algún momento salió del lado oscuro del si mismo, para encontrarse que el sueño había terminado con un amanecer luminoso (5—XI—09

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: en un momento dado, aquel individuo percibió, o le fue dado hacerlo, que también un son tarasco (purépecha), una danza guerrerense, un baile caribeño, o una danza infantil, eran rescatados del tiempo para la eternidad. Para la Vida verdadera, en la Nueva Tierra que sería colocada para regocijo, frente al Gran Fuego. Se trataba de hacerla, así, el corazón del mundo. (8—X—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: no les gustó mi mundo, háganlo a su manera, pareció entender aquel individuo que le decía el de la voz. Pero el individuo aquel después habría de entender que también es un gran peso el ser libre, y que la tentación de la fuga por evasión, para dejarle el paquete a los que vienen, también es grande (12—XI—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: Aquel individuo se quedó turulato, aturdido, desconcertado, cuando creyó entender que el de la voz le decía, algo así como ¡quién le dijo que se suicidara!. Y aquel individuo no supo qué contestar, porque llegó al límite del no saber. Pero en las oscuridades del sí mismo, ya había percibido que en esta vida no todo es tinieblas. Y ante las amenazas del naufragar en el océano de las profundidades del sí mismo, no en lo oscuro, sino en lo luminoso, le dijo al de la voz: me voy a volver loco. Pero el de la voz sencillamente le dijo: nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. Y aquel individuo afirmó su convicción de que el que se lo dio (ese mensaje), no falla. Y ha de ser, porque como dijo el poeta, entre más cercana está la amenaza, mas cercano está lo que salva. O dicho en otras palabras, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer, como también suele decirse. Y aquel individuo luego habría de llegar a considerar que la humildad no ha pasado de moda, ni tampoco las siete obras de misericordia. Sólo que habrían de traducirse al hombre tecnotrónico. (17—XII—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: en la zona fronteriza entre el suelo de la Madre Tierra donde se ponen los pies, y los abismos de las profundidades del sí mismo, aquel individuo veía despeñarse al planetita extraviado, pero la salvación venía de los caporales extraterrestres que la lazaron para rescatarla. Lejos estaba, aquel individuo, de pensar que, décadas después, a ese proceso de salvamento del planetita extraviado, estarían sumados centenas, miles, millones de mujeres—hombres que no querían más adorar al dio$ de e$te mundo. Porque ya empezaban a distinguir las fronteras, entre los dos países, el país del ser y el país del tener, donde estaba el intríngulis de las cosas (30—VII—09)

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SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo, extraviado en las profundidades del sí mismo, había perdido el Norte, la brújula de su orientación. No dejó de ser reconfortante para él percibir que su Tierrita fue colocada frente al gran círculo de fuego, para hacerla, como planeta vivo, el corazón del cielo. Le había servido de referencia para captarlo, la portada de aquel librito denominado “Dios llega al Hombre”, en cuyo diseño estaba el planeta y sobre su esfera el diseño de la gran cruz, plantada, clavada precisamente sobre el astro, y apuntando desde luego hacia las alturas. Para aquel individuo, su Tierrita era el ombligo del mundo. (24—IV—08) +++++

Yo, el autor de este trabajo, (Silviano Martínez Campos) lo publico por este medio bajo la licencia de Dominio Público Esto es válido internacionalmente.

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Silviano Martínez Campos 16:57 11 jun 2010 (UTC)

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SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, V

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, V–Silviano Martínez Campos 22:43 11 jun 2010 (UTC) +++++

SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS, Silviano Martínez Campos =(NOTA: Estos pequeños textos son extraídos de las columnas MOSAICO, del autor, o sea su servidor, publicadas en diversas fechas en el semanario GUIA, de Zamora, Mich., México y reproducidas algunas en la página Mi Ziquítaro, Silviano’s Weblog y otros sitios. Guajiros por “fantasiosos” por aquello de que cuando uno sueña se le atribuyen “sueños guajiros”; y rústicos, por eso, por rústicos, por sencillos y “transparentes” en su expresión…En su significado, no tanto, pues quién sabe, porque todos fueron sacados de un pozo, no siempre de aguas transparentes, del pozo del sí mismo de aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 16:45 11 jun 2010 (UTC). Sacados un poco de contexto, pero aún así pudieran tal vez decir algo y encontrar la benevolencia de un posible lector (a) en estos campos electrónicos más propios del Siglo XXI y su tercer milenio, que del XX y su segundo. Están ordenados dichos textos, por orden de aparición y la fecha es del día, en la hora mañanera en que se escribieron. Deben faltar otros que se traspapelaron o se cuatrapearon o perdieron en esto del cambio de tecnologías, o en la zona siempre difusa entre el Soñar y el Despertar, ya sea dormidos o despiertos) ++++ SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO. Aquel individuo (smc)–Silviano Martínez Campos 22:43 11 jun 2010 (UTC), por más que lo había intentado, no le había sido posible borrar de su mente aquella tremenda, a la vez que regocijante experiencia, a pesar de las décadas transcurridas. Más de alguna vez se le había ocurrido adjudicarse aquel primer versito del Dante:”en medio del camino de mi vida, me perdí en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”. Pero especulaba que si bien podría aplicarse a sí mismo dicho pensamiento, el acontecer bien podría también llevarlo a encajar aquel versito en la gran crisis de la que ahora era testigo en de alguna manera; porque al fin y al cabo todo indicaba se había perdido el rumbo en algún momento de su historia, la misma del la del Homo Sapiens. Si bien la experiencia campirana le hacía rememorar tormentas en pleno día y luego tras ellas presenciar el espectáculo del Arco Iris, su atrevimiento no llegaba a tanto en un plan adivinatorio, o precognitivo y se contentaba con rememorar, como testigo de lo incierto, aquella su gran experiencia de haber incursionado, o llevado al fondo del sí mismo para luego regresar, agradecido, al mundo del recuerdo, más gratificante, éste de la vida “real”, en todo caso, que las aventuras en un mundo de laberintos, sí, pero también de luminiscencias. Y aun cuando en épocas de la propia biografía, no del todo equilibrada, había dejado de orar, ahora podía hacerlo también, fuera por necesidad de afirmación o por sentimiento de confianza, dirigiéndose al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de nuestro Señor Jesucristo, Dios de todos nosotros, Dios también personal ( de él). Había llegado a la convicción de que a ese Dios soberano, Quien sin embargo solicita para sus fines amorosos, cooperación voluntaria de la criatura, no se le pueden poner condiciones, aun cuando bien que se presta al diálogo. Por eso aquellas experiencias en la dimensión oscura, pero también, y además en la dimensión luminosa donde la firma personal es definitiva, según así parece. Y esto , por muy descabellada que dicha especulación pareciera, al fin y al cabo ya podía aceptar que no es descabellado imaginar un Universo ( o más universos) multidimensional, sea robótico, o maquinal, con extraterrestres, y seres innúmeros. Pero tampoco desdeñaba su tradición poblada de ángeles, bienaventurados, u hombres y mujeres de buena voluntad a través de quienes Quien de veras las puede, puede comunicar sus mensajes, y aún desde la yerba, el pájaro, el monte, las estrellas y todo cuanto existe, cuantimás desde las profundidades del sí mismo. Aquel individuo había llegado a considerar además, que el Señor soberano lo es también, y sobre todo, en las profundidades del sí mismo humano , en los laberintos de la mente extraviada y, a pesar de todo, lo que parece locura, sea temporal o permanente, quizá también sea un modo, un vehículo para Quien, como El sepa, o a través de sus mismas criaturas, dé mensajes al hombre atribulado y con su poder los haga extensivos a todo el Homo Sapiens, a quien sus errores históricos le han hecho hacerse merecedor también, en los últimos tiempos, de Homo Demens, por cuanto él mismo se amenaza con el propio suicidio contaminador y depredante. Pero aquel individuo haría de considerar también que, como se dice, entre más oscura es la noche, más cercano está el amanecer. Porque después de todo, el poeta puede tener razón, entre más grande el riesgo de hecatombe planetaria, más cercano está lo que salva. O hablando a lo cristiano, el Cristo Cósmico, el Señor del Universo también es humano y por eso mismo, no ajeno a los sufrires de su hermano, sea el hombre concreto, sea el hombre comunitario, o aún planetario, porque al fin y al cabo a El se le atribuye haberlo dicho: tengo compasión de esta multitud. Y les dio de comer, el pan diario, pero también el “epipisousios”, el supersustancial, el de allá, el de otras dimensiones, como dicen los sabios de la Tierra. Pero no, desde luego, el que con sus engaños pregonan los poderosos que también contribuyen a destruir con sus químicas a la trama de la vida, y al pan de los pobres, de los limitados. Aquel individuo creyó que se le daría la manera de expresarlo, la fue encontrando, y en el ocaso de su vida se atrevió también a considerar que sí, pueden tener razón quienes dicen que Dios es Pantocrator, por soberano y que el viento sopla por donde quiere. Porque, su Espíritu agita no sólo las aguas turbias de hombres destructivos, sino también comunidades o multitudes o continentes, siempre que haya un soplo, entre todas ellas, de espíritu vital que busca la plenitud de todo lo viviente. Pero también convulsiona y agita, a ese que ahora se llama el Planeta Extraviado, o más claramente, a quien a sí mismo se ha denominado Homo Sapiens, en riesgo de perderse , por haberse extraviado del camino recto. Sería también porque clavó demasiado sus ojos en el suelo utilitario, o porque los fijó demasiado en las lejanas estrellas. Pero la gran sacudida le hizo ver que sí, su porvenir es el Cielo, pero hay tiempo aún, para arreglar su Tierrita, el cual es, en rigor, el planetita extraviado. (1—I—010)

+++++ SUEÑO GUAJIRO, RUSTICO: aquel individuo se quedó desconcertado por aquella visión de la pareja primordial. “El” desparramaba su semilla generadora de galaxias, constelaciones y estrellas a la manera de un rehilete de fuego pirotécnico. “Ella” rociaba con su feminidad y con su leche materna, aquel manto estrellado para darle vida generadora de afectos y amores, según aquel individuo alcanzó a entender la metáfora. (2—III—010) +++++ SUEÑOS GUAJIROS, RUSTICOS: aquel individuo muy probablemente fue instruido, o eleccionado para que su mensaje fuera difundido de alguna determinada manera, porque el individuo aseguró: sé distinguir los planos. Aquel individuo no comprendió la hondura de aquellas expresiones, aun cuando aceptó la afirmación del de la voz que le decía, algo así como usted me enseña el lenguaje (rústico) y yo le enseño el lenguaje (de las alturas). Aquel individuo sintió la hondura de su enajenación y por eso le dijo al de la voz: si voy al hospital, nadie me va a creer. Por fin se dio por vencido, dio el sí, y de inmediato se sintió un Quijote enjaulado, en carreta de leños rústicos, no rumbo a su casa solariega del señor Quijano, sino al hospital siquiátrico. (20—V—010). +++++ Martínez Campos, 27/V/010 GUIA MOSAICO Silviano Martínez Campos LA PIEDAD, 27 de Mayo.- DADO QUE NUESTRO mundo humano (no el astronómico) está totalmente alrevesado, ahora comienzo este MOSAICO al revés, o sea alrevesado. Con dos sueños guajiros, pues, pero de esos sueños comunes, no de esos sueños más profundos, de las oscuridades del sí mismo. Y los cuento, tal como “me los contó aquel individuo”. Resulta que el individuo aquel llegó a un monte rodeado de penumbra, a la cima que más parecía una zona arqueológica. Porque allí estaba un monolito (de piedra, claro) con un dibujo en relieve, de un ave con sus alas extendidas. El individuo aquel, curioso, quería saber quién era, o a quién representaba, aquel diseño artístico puesto allí por no sé quién. Miró hacia arriba y se encontró en las alturas con un pequeño sol, dorado, que le envió el mensaje telepático: es diosa. El enigma estaba descifrado. El otro sueño es más enredado porque, le adelanto, se trata de una rápida, vertiginosa carrera, rumbo al “sueño americano”. Aquel individuo se situaba en un llano, en medio de la penumbra y de pronto sintió el apremio de huir, porque alguien a quien no identificaba, le daba una corretiza. Pero en un momento, si aquí puede hablarse de momentos, se le unió Salvador (un amigo de la infancia). Ambos continuaron la carrera, llegaron a una especie de tobogán, de resbaladilla de esa de los parques infantiles, se deslizaron por ella y llegaron a una estancia elegante, como despacho de abogado, con las paredes adornadas con motivos cuadrados. Ya la hicimos, como que pensó aquel individuo, una estancia muy apropiada para el reposo, con libros para leer muy quitado de la pena, huido del mundanal ruido. Pero no, vino otro apremio y hubo necesidad de lanzarse contra las paredes elegantes, romper una de ellas, salir y continuar la carrera. Individuo y guía, que lo conducía hacia el país de la abundancia, llegaron a un estanque oscuro, se echaron ambos un clavado y se sumergieron en las aguas negras (nada más de color, no de olor). Allí se perdió el guía, y el individuo se encontró en otra estancia, con un sillón ejecutivo de cuatro gajos y un cetro, un librito amarillo de esos que dicen “Dios llega al Hombre” y un grupo de mujeres enlutadas, una de ellas que lo esperaba. Esa era la meta, y no el llamado sueño americano. Yo no sé qué diría el señor Jung de todo esto, pero lo que sí sé decir es que mejor cambio de frecuencia, luego de afirmar que en estas cuestiones el individualismo sale sobrando, porque se trataría, en todo caso, de una aventura compartida. (27—V—010)

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Yo, el autor de este trabajo, (autor) lo publico por este medio bajo la licencia de Dominio Público Esto es válido internacionalmente.

Copyright (c) año autor. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

  Esta obra está bajo la licencia Creative Commons; ver licencia:Attribution 2.5

Silviano Martínez Campos 04:52 26 abr 2011 (CEST)

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