DON RICARDO MALDONADO GUILLÉN. Silviano Martínez Campos

Martínez Campos, 1/XI/07

MI ZIQUITARO

DON RICARDO MALDONADO GUILLEN

Silviano Martínez Campos

¡Quién habría de decirme!, allá por aquellos meses lejanos de 1955 y 1956, que habría de escribir ahora, el 1 de noviembre de 2007, 52 años después, algo de don Rica, don Ricardo Maldonado Guillén.

Aquellas conversaciones con el anciano lleno de sabiduría, de Suave sonrisa, complaciente siempre con el entonces joven de 20, 21 años.

De esa edad era entonces y entonces como ahora, ya viejo, me gustaba y me gusta conversar también con ancianos y recibir de ellos de lo mucho que regalan: su visión de la vida, su paso por el tiempo, no importa dónde y cómo hayan transitado por él.

Bien recuerdo, hará también muchos años, mi conversación efímera con aquel anciano revolucionario en la capital, cuando me dijo: yo creo que a mí Dios no me va a perdonar. De inmediato le repuse: más tarda usted en pedirle perdón, que Dios en perdonarle.

Pero en el caso de don Rica, el encuentro era distinto, en escenario y hora. Casi siempre a la salida del sol, luego de la misa dominical.

Sentados sobre algunas piedras, él con su bordón a mano y yo junto a el. Frente, precisamente, a la sacristía del viejo, derruido, casi en ruinas y parte sin techo, viejo templo de adobe del cual conservé unas dos fotografías que tomé y las cuales ahora se encuentran en la página web Mi Ziquítaro.

Una de ellas, tomada desde el interior de la casa de mis padres, J. Encarnación Martínez Mejía y Benita Campos Cerda, a Roque, mi hermano adolescente, junto a la cerca del solar, frente precisamente a la sacristía del templo viejo, calle de por medio.

En aquel tiempo, porque el templo estaba a medio caer, las dos campanas (ahora en el templo nuevo) colgaban de las ramas del mezquite, en el patio de la casa que habían habitado los abuelos paternos Vicente Martínez del Río y Petra Mejía Campos.

Desde allí se convocaba en aquellos tiempos, con el tañer de las campanas, a las misas o doctrina; o a la queda, a partir de las 9 de la noche, por la partida militar que era autoridad entonces en el poblado, también en aquellos tiempos desde luego ahora superados.

Allí pues, frente a la sacristía, me gustaba platicar con don Rica, el benevolente anciano, benevolente en su sonrisa, sus expresiones y sus actitudes.

No eran tiempos, faltaban algunos años, para que quien escribe, o sea yo, incursionara en el oficio de escribir en el género literario llamado periodismo escrito.

Por tanto mi mente no iba encaminada a obtener informes de los interlocutores, pero sí a captar, a beber, a rumiar, a aprehender (aprender) de la vida, a través de la anécdota, la vivencia del otro, mayormente del anciano.

Así es que por eso ni por asomo tomaba notas ni era la intención elaborar informes o “notas” como le decimos en el gremio a los textos noticiosos, para los medios, particularmente, en los impresos, en los cuales me he desenvuelto durante ya 42 años; pero ahora también la incursión en esta página web Mi Ziquítaro, en la maravilla comunicativa de la herramienta Internet.

VIEJO SABIO Y ARTISTA POPULAR

Y la sabiduría de don Rica allí quedó, y espero haya asimilado yo su magisterio de viejo sabio y artista popular.

Porque sabía que don Ricardo Maldonado componía versos y, desde luego, había escuchado tocar a su conjunto de músicos, en fandangos caseros o fiestecillas comunitarias.

Fue, creo que mi papá Chon, a quien escuché aquellos versos atribuidos a don Rica, hayan sido de su autoría o no y él solamente intérprete. Decían que sí, que eran de él. Esos versos eran una cancioncilla a una tal musa, muy probablemente, llamada Fídula, o La Fídula.

Lo que recuerdo de ellos, es lo siguiente:

(Estribillo) Por ti mi amada Fídula

Por ti lo venzo todo,

Y si quieres este mundo de otro modo,

Te lo puedo componer (o transformar)

Yo me atrevo a bajar a los infiernos

Y a sacar a los diablos de la cola,

Dar a cada uno su pistola

Y traerte a Lucifer

Por ti mi amada Fídula, etc.

Yo soy teórico, retórico, apostólico,

Reirífico, letífico y científico

Por ti mi amada Fídula, etc.

Alguna vez, escuché un fragmento de estos versos, al denominado arqueólogo de la canción, Oscar Chávez y no recuerdo haber escuchado que le diera crédito a don Rica, por esos versos.

No lo he indagado, no soy académico, obviamente, mi oficio es el escribir periodístico, género literario expresado antes en la llamada letra de molde, periodismo escrito, desde luego, y ahora también la letra electrónica.

Pero soy admirador del campo académico, y para mí el autor de cada trabajo que leo, en torno a mis aficiones u oficio, es un maestro.

Digo esto a propósito de que llegó a mis manos un folleto, cuya copia me proporcionó Martín Campos Hernández, trabajo de la estudiosa Guadalupe García Torres, titulado “Los corridos de Inés Chávez García: Lírica de una leyenda moderna”.

Y dentro de ese trabajo académico, una reseña bajo el subtítulo de “Ricardo Maldonado Guillén, compositor de corridos chavistas”. Una referencia, pues, a don Rica, nuestro paisano, para muchos desde luego y para un servidor, de agradables recuerdos.

El trabajo de la estudiosa Guadalupe García Torres, al que hago referencia, viene incluido dentro de una serie denominada:

“AZTLAN, Series (¿) A JOURNAL OF CHICAGO STUDIES. Special Issue: El Corrido. Volume 22 NUMBER ONE SPRING 1997”, y con el título precisamente de Los Corridos de Inés Chávez García: Lírica de una leyenda moderna”, de Guadalupe García Torres.

CHAVEZ, PERSONAJE POLEMICO

Hace referencia el escrito a opiniones contradictorias entre historiadores en torno a si Chávez era revolucionario, o por el contrario bandolero, lo que se refleja en las narraciones y corridos.

Nació Chávez en Puruándiro, en el rancho de Godino, de la tenencia de Zurumuato en 1886 y sus incursiones con su grupo fueron en amplia región michoacana y en las cercanías de Jalisco y Guanajuato.

Al referirse propiamente a “Ricardo Maldonado Guillén”, compositor de corridos chapistas”, la estudiosa Guadalupe García Torres consigna que al investigar sobre Chávez en localidades michoacanas de Penjamillo, y sus comunidades de Ziquítaro, La Luz, Patambarillo, así como en Zamora, hubo referencias constantes al músico Ricardo Maldonado, “compositor de la mayoría de los corridos que narran combates importantes entre chavistas y fuerzas federales”.

Y menciona la información que le proporcionó el señor José Maldonado Madrigal, hijo de don Ricardo, que su padre cantaba cuando Chávez desertó del gobierno junto con su asistente, acampó en el cerro de Santa Inés y bajó al pueblo de Ziquítaro en busca de herrero.

Allí en Ziquítaro, la tierra de don Ricardo Maldonado, éste puso en contacto a Chávez con el compadre del primero, Federico Alvarez y mientras éste herraba los caballos, “Chávez los invitó a una cerveza y señaló los motivos de su deserción”.

Y “Una vez que el herrero terminó, Chávez dijo: Miren, yo era oficial del gobierno, pero me degradaron y yo me voy a rebelar contra el gobierno. Si algún día llego a ser alguien en contra del gobierno, aquí en Ziquítaro no voy a hacer nada, voy a protegerlo”. Según se asegura en el estudio mencionado.

Luego que Chávez regresó a Ziquítaro, se puso de nuevo en contacto con don Ricardo Maldonado, quien le tocó las canciones de su predilección, según el estudio de García Torrres, en el que se consigna que “Don Ricardo Maldonado era un compositor lírico. Analfabeto gran parte de su vida, aprendió a leer y escribir en forma autodidacta. Tocaba el bajo sexto, instrumento de dieciséis cuerdas y doble endosado o guitarra de seis cuerdas”.

Y fue así que dadas las habilidades del músico de Ziquítaro, Chávez le encomendó hacerle corridos de cada combate, según contó a la investigadora José Maldonado.

Y la señora Adelaida Amaya (así en el estudio: ¿será Maya?) Maldonado, expresó a la investigadora: “Don Inés sacaba a mi primo Ricardo y lo sacaba para aquel cerrito que está en aquella nopalera, del lao de arriba, por el camino que va al cerro del Metate, donde tenía la casa José Bolaños; era una nopalerita, todavía no había casas. Entonces como nosotros vivíamos en El Rincón, pos bien que se oyía. Decía mi mamá: –¿estás despierta, hija? –Sí mamá, estoy despierta, ¿qué oye?—Ay, pos a mi hermano, fíjate que le está cantando los versos a don Inés. Y los versos se los estaba cantando en aquella nopalera. En la noche, casi de madrugada llegaba ese hombre, pero no robaba, pedía tortillas y qué comer, pero era todo”.

DON RICARDO SE DESPIDIO DE CHAVEZ

Se refiere el estudio al paso de Chávez por Penjamillo y luego asegura que don Ricardo Maldonado, tuvo la oportunidad de despedirse de Chávez después del combate de Peribán, en 1918. Cuando pasó por Ziquítaro, le comunicó a don Ricardo que iba enfermo y herido y que se dirigía a Purépero. Esto dio lugar, según eso, al último corrido de don Ricardo, sobre Chávez.

“Años después, Ricardo Maldonado formó un grupo con su hijo José tocando la guitarra, Francisco Aguiñiga el violín, y Refugio Garnica el bandolón. Este grupo hizo viajes a Michoacán, por el rumbo de Apatzingán, popularizando los corridos de Inés Chávez”, asegura el trabajo de Guadalupe García Torres.

Y luego menciona los corridos que relatan los hechos de Chávez: “El Combate de La Piedad; Luis Cárdenas; El combate de Zacapu; Pueblo Nuevo, Degollado; Inés Chávez; Combate de Numarán; Los versos del Zapote; Los versos de Peribán o Los Versos de Nares; La muerte de Chávez”. Algunos de ellos son atribuidos a don Ricardo.

Entre ellos, el corrido los “Versos del combate del Zapote” o “Corrido de La Piedad”, que narra un encuentro entre chavistas y federales cerca de Numarán, el 30 de marzo de 1918. Y según el estudio, se canta en pueblos de Guanajuato, Jalisco y desde luego Michoacán, incluidos Ziquítaro, Patambarillo y La Luz, del municipio de Penjamillo.

Otro corrido chavista, atribuido a don Ricardo Maldonado, es el del Combate de Peribán, en el que se reivindica a los chavistas de Penjamillo, representándolos como hijos del pueblo que rescatan su dignidad armados y con valor, según el estudio mencionado.

Dice así: “Corrido de la Derrota de Chávez (versión de Lorenzo Mendoza):

Las columnas de Chávez cruzando

Por el Bajío pasan derrotadas

El gobierno los venía alcanzando

Varios soldados les venía matando

En Purépero pueblo lucido

Terminó Inés García su carrera

Desde entonces todo fue al contrario

Ni el talento disponía la guerra

En Purépero pueblo lucido

A su estado mayor recomienda

Que su cuerpo pues ai le sepulten

En lo más oculto de la sierra

Penjamillo en un tiempo pasado era

El odio de los carrancistas

Cuando Chávez había dominado

Como Nares con varios villistas

Luego los hijos del pueblo

En un tiempo fueron desterrados

Se llenan de valor y fuego

A su pueblo se vienen armados.

En el estudio de referencia, la mayor parte de los corridos chavistas se atribuyen a don Ricardo Maldonado, pero también se hace mención a corridos antichavistas del polémico personaje, de diversos autores. Algunos de esos corridos son: La Hacienda de Guaracha, Quitupan, Degollado Jalisco, Uriangato, Huandacareo, El Chivo Prieto Encantado y Peribán, algunos compuestos en fechas posteriores.

En una de las páginas finales del estudio, la autora se refiere a que “Las historias y corridos chavistas y antichavistas dejaron huella entre el pueblo campesino que en un momento dado llegó a aborrecer el movimiento armado por los abusos de las tropas del gobierno y de los alzados, rebeldes, chinacos o bandidos, como quiera que se les conociera”.

Y en el aparato de notas, Guadalupe García Torres se refiere a que para su trabajo, entrevistó en Ziquítaro a José Maldonado Madrigal, a Adelaida Amaya (¿Maya?) Maldonado, en Ziquítaro, en 1993; a Crispín Suárez Hinojosa, en La Luz, municipio de Penjamillo; a Luis Quesada y Josefina Murillo en La Luz también, en 1992. Y hace referencia, además, a las entrevistas de Adelaida Ayala (¿Maya?) Maldonado y a José Maldonado Madrigal, consignadas en su archivo personal. Y, desde luego, a muchas otras fuentes y a otras especializadas en historia de nuestro territorio michoacano.

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