Actitudes frente a la crisis actual. Leonardo Boff

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Actitudes frente a la crisis actual

2013-01-11

Nadie puede quedar indiferente frente a la crisis actual. Urge una  decisión y encontrar una salida liberadora. Aquí presentamos varias  actitudes para ver cuál de ellas es la más adecuada a fin de evitar  engañarse.

La primera es la de los catastrofistas: la fuga hacia el fondo.  Estos enfatizan el lado de caos que encierra toda crisis. Ven la crisis  como catástrofe, descomposición y fin del orden vigente. Para ellos la  crisis es algo anormal que debemos evitar a toda costa. Sólo aceptan  ciertos ajustes y cambios dentro de la misma estructura. Pero lo hacen  con tantos peros que recortan cualquier irrupción innovadora.

Contra estos catastrofistas ya decía el buen papa Juan XXIII,  refiriéndose a la Iglesia, pero es aplicable a cualquier campo: «La vida concreta no es una colección de antigüedades. No se trata de visitar un museo o una academia del pasado. Se vive para progresar, si bien  sacando provecho de las experiencias del pasado, pero para ir siempre  más lejos».

La crisis generalizada no tiene que ser una caída hacia el abismo. Es  válido lo que escribió un suizo que ama mucho a Brasil, el filósofo y  pedagogo Pierre Furter: «Caracterizar la crisis como señal de un colapso universal, es una manera sutil y pérfida de impedir los cambios por  parte de los poderosos y de los privilegiados, desvalorizándolos de  antemano».

La segunda actitud es la de los conservadores: la fuga hacia atrás. Estos se orientan por el pasado, mirando por el retrovisor. En vez de  aprovechar las fuerzas contenidas en la crisis actual, huyen hacia el  pasado y buscan viejas soluciones para problemas nuevos. Por eso son  arcaizantes e ineficaces.

Gran parte de las instituciones políticas y de los organismos económicos mundiales como el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-20, pero también  la mayoría de las Iglesias y de las religiones buscan dar solución a los graves problemas mundiales con las mismas concepciones. Favorecen la  inercia y frenan soluciones innovadoras.

Dejando las cosas como están, éstas nos llevarán fatalmente al fracaso, a una crisis ecológica y humanitaria inimaginable. Como las fórmulas  pasadas agotaron su fuerza de convencimiento y de innovación, acabarán  transformando la crisis en una tragedia.

La tercera actitud es la de los utopistas: fuga hacia delante.  Estos piensan resolver la situación-de-crisis huyendo hacia el futuro.  Se sitúan dentro del mismo horizonte que los conservadores solo que en  dirección contraria. Por eso, pueden llegar fácilmente a acuerdos con  ellos.

Generalmente son voluntaristas y se olvidan de que en la historia solo  se hacen las revoluciones que se hacen. El último slogan no es un  pensamiento nuevo. Los críticos más audaces pueden ser también los más  estériles. No es raro que la audacia contestataria no pase de ser una  evasión para no enfrentarse a la dura realidad.

Circulan actualmente utopías futuristas de todo tipo, muchas de  carácter esotérico como las que hablan de la alineación de energías  cósmicas que están afectando a nuestras mentes. Otros proyectan utopías  fundadas en el sueño de que la biotecnología y la nanotecnología podrán  resolver todos los problemas y hacer inmortal la vida humana.

Una cuarta actitud es la de los escapistas: huyen hacia dentro. Se dan  cuenta del oscurecimiento del horizonte y del conjunto de las  convicciones fundamentales, pero hacen oídos sordos a la alarma  ecológica y a los gritos de los oprimidos. Evitan la confrontación,  prefieren no saber, no oír, no leer y no cuestionarse. Estas personas ya no quieren convivir. Prefieren la soledad del individuo pero  generalmente conectado a internet y a las redes sociales.

Finalmente, hay una quinta actitud: la de los responsables: hacen frente al aquí y al ahora. Son los que elaboran una respuesta, por eso los llamo responsables. No  temen, ni huyen, ni se evaden, sino que asumen el riesgo de abrir  caminos. Buscan fortalecer las fuerzas positivas contenidas en la crisis y formulan respuestas a los problemas. No rechazan el pasado por ser  pasado. Aprenden de él como un repositorio de grandes experiencias que  no deben ser desperdiciadas, pero sin eximirse de hacer sus propias  experiencias.

Los responsables se definen por un a favor y no simplemente por un contra. Tampoco se pierden en polémicas estériles. Trabajan y se comprometen  profundamente en la realización de un modelo que corresponda a las  necesidades del tiempo, abierto a la crítica y a la autocrítica,  dispuestos siempre a aprender.

Lo que más se exige hoy son políticos, líderes, grupos, personas que se  sientan responsables y fuercen el paso del tiempo viejo al nuevo tiempo.

Página de Boff en Koinonía

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