Florecitas en La Piedad, III. Saira, Beatriz,Giovana

Florecitas en La Piedad, III. Saira, Beatriz, Giovana

Publicado el marzo 24, 2013 por silviano | Editar

Luego de asistir a una celebración en el santurio de El Señor de la Piedad, se ve a Saira Liliana Alatorre León, Beatriz Barrón Zendejas y Giovana Almanza López, en el jardín central. (Fotos de Silviano Martínez Campos)

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Contra el olvido del Espíritu Santo. Leonardo Boff

Contra el olvido del Espíritu Santo

06/03/2013

En un artículo anterior nos esforzábamos por rescatar la dimensión del “espíritu” muy ahogado en la cultura materialista y consumista de la modernidad. Ahora queremos rescatar la figura del Espíritu Santo, siempre al margen u olvidada en la Iglesia latina. Como es una Iglesia de poder, convive mal con el carisma, propio del Espíritu Santo. Él es la fantasía de Dios y el motor del cambio, todo lo que la vieja institución jerárquica no desea. Pero Él está volviendo.

El Concilio Vaticano II afirma enfáticamente: «El Espíritu de Dios dirige el curso de la historia con admirable providencia, renueva la faz de la Tierra y está presente en la evolución» (Gaudium et Spes, 26/281). El Espíritu está siempre en acción. Pero aparece con mayor intensidad cuando se producen rupturas instauradoras de lo nuevo. Cuatro rupturas, cercanas a nosotros, merecen ser mencionadas: la realización del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), la Conferencia Episcopal de obispos latinoamericanos en Medellín (1969), el surgimiento de la Iglesia de la Liberación, y la Renovación Carismática Católica.

Por el Vaticano II (1962-1965), la Iglesia acompasó su paso con el del mundo moderno y sus libertades. Especialmente estableció un diálogo con la tecnociencia, con el mundo del trabajo, con la secularización, con el ecumenismo, con otras religiones y con los derechos humanos fundamentales. El Espíritu rejuveneció con aire nuevo el crepuscular edificio de la Iglesia.

En Medellín (1968) se puso a caminar con el submundo de la pobreza y de la miseria que caracterizaba y sigue caracterizando al continente latinoamericano.  En la fuerza del Espíritu Santo, los pastores latinoamericanos hicieron una opción por los pobres y contra la pobreza y decidieron llevar a cabo una práctica pastoral que fuese de liberación integral: liberación no sólo de nuestros pecados personales y colectivos, sino liberación del pecado de opresión, del empobrecimiento de las masas, de la discriminación de los pueblos indígenas, del desprecio por los afrodescendientes y del pecado de la dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres desde el Neolítico.

De esta práctica nació la Iglesia de la liberación. Ella muestra su cara en la apropiación de la lectura de la Biblia por el pueblo, en la nueva forma de ser Iglesia de las comunidades eclesiales de base, en las diferentes pastorales sociales (de los indígenas, los afrodescendientes, de la tierra, la salud, los niños y otras) y en su reflexión correspondiente que es la Teología de la Liberación.

Esta Iglesia de la liberación creó cristianos comprometidos políticamente del lado de los oprimidos y en contra de las dictaduras militares, que sufrieron persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Es posiblemente una de las pocas Iglesias que puede contar con tantos mártires, como la hermana Dorothy Stang e incluso obispos como Angelleli en Argentina y Oscar Arnulfo Romero en El Salvador.

La cuarta irrupción fue el surgimiento de la Renovación Carismática Católica en Estados Unidos desde 1967 y en América Latina desde los años 70 del siglo XX. Ella trajo de vuelta la centralidad de la oración, la espiritualidad, la vivencia de los carismas del Espíritu. Se crearon comunidades de oración, de cultivo de los dones del Espíritu Santo y de asistencia a los pobres y enfermos. Esta renovación ayudó a superar la rigidez de la organización eclesial, la frialdad de las doctrinas y rompió el monopolio de la Palabra, en poder del clero, abriendo espacio a la libre expresión de los creyentes.

Estos cuatro eventos sólo se evalúan bien teológicamente cuando se ponen bajo la óptica del Espíritu Santo. Él irrumpe siempre en la historia y de forma innovadora en la Iglesia, que entonces se hace generadora de esperanza y de alegría de vivir la fe.

Hoy en día vivimos en la, tal vez, mayor crisis de la historia humana. Es su mayor crisis, porque puede ser terminal. En efecto, nos hemos dado los instrumentos de auto-destrucción. Hemos construido una máquina de muerte que puede matarnos a todos y liquidar toda nuestra civilización tan costosamente construida a lo largo de miles y miles de años de trabajo creativo. Y con nosotros podrá morir gran parte de la biodiversidad. Si esta tragedia ocurre, la Tierra continuará su camino, cubierta de cadáveres, devastada y empobrecida, pero sin nosotros.

Por esta razón, decimos que nuestra tecnología de muerte ha abierto una nueva era geológica: el Antropoceno. Es decir, el ser humano se está mostrando como el gran meteorito rasante amenazador de la vida. Él puede preferir autodestruirse a sí mismo y dañar perversamente a la Tierra viva, Gaia, a cambiar su estilo de vida y su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra. Como una vez en Palestina los judíos prefirieron Barrabás a Jesús, los enemigos actuales de la vida pueden preferir Herodes a los niños inocentes. Se mostrará en realidad como el Satanás de la Tierra en lugar de ser el ángel guardián de la creación.

En ese momento invocamos, suplicamos y gritamos la oración litúrgica de la fiesta de  Pentecostés: Veni, Sancte Spiritus et emite coelitus, Lucis tuae radio: «Ven Espíritu Santo y envía del cielo un rayo de tu luz».

Sin la vuelta del Espíritu, corremos el riesgo de que la crisis deje de ser una oportunidad de acrisolamiento y degenere en una tragedia sin retorno. En las comunidades eclesiales se canta: «Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la Tierra».

Traducción de María José Gavito Milano

POR UN HERMANO. Alfonso Sahagún de La Parra


Padre Alfonso Sahagún

Julio Sahagún de la Parra nació en Cotija, el 20 de noviembre de 1923 y murió en la ciudad de México, su sitio de residencia, el 14 de febrero pasado.

Cuando ocurre la muerte de una persona conocida y, más en especial, si es cercana por sangre, amor o amistad, experimento la sensación de que yo también he muerto en parte con ella. En el caso, me queda la gran satisfacción de tratarse de una persona cuya vida fue novedosa, creativa y, creo, plena.

Tuvo una preparación académica envidiable, ya que obtuvo licenciaturas en Letras Castellanas, en Filosofía y Sociología Familiar, más una maestría en Ciencias Sociales.

Después de cursar la secundaria y la preparatoria en colegios de jesuitas, entró como religioso de la Compañía de Jesús. Una vez ordenado presbítero, su vida se dividió en dos partes: la primera como religioso jesuita y la segunda como laico, católico ilustrado y activo.

Fueron15 años los que ejerció su ministerio presbiteral. De ellos se puede destacar su labor magisterial en instituciones de su Congregación, su desempeño como asesor nacional del Movimiento Familiar Cristiano y viceprovincial de la Provincia de los jesuitas en México.

En su segunda etapa, ya secularizado, trabajó en una empresa grande de la que llegó a ser el director.

Una vez jubilado, se propuso llevar una vida sencilla y de cierta austeridad. Además, surgió en él su espíritu de jesuita. Comenzó a ser invitado por elementos de congregaciones femeninas a impartirles  pláticas, retiros y aun ejercicios, todo conforme al método ignaciano.  Tal cosa ocurrió con elementos de las Congregaciones zamoranas de las Hermanas de los Pobres y Siervas del Sgo. Corazón y con las de la Sgda. Familia, cuyas dirigencias lo invitaron también a ayudarles a reestructurar, a actualizar sus Constituciones fundantes, labor ésta a la que le dedicó mucho tiempo y esfuerzo. A partir de entonces comenzó a ser llamado por religiosas de varias Congregaciones en la ciudad de México para que les diera pláticas, retiros y ejercicios espirituales. Tal labor la desarrolló también en Chiapas. Una vez fue también a un pueblo de misiones, en Ecuador, donde trabaja un grupo de hermanas de la citada Congregación de la Sgda. Familia, a impartir sus conocimientos sobre la vida espiritual. Al menos en una ocasión, dio los ejercicios espirituales a presbíteros en el D.F.

Al mismo tiempo, se dio tiempo para instalar en su casa lo que llamó “entrenamientos”, no cursos, especie de talleres, “camino hacia la libertad y paz interior”. Se trataba de un estudio e intercambio durante una mañana, una vez al mes, durante 13 meses; les dejaba tarea, entre otras cosas, la de leer determinados libros. Así, fueron desfilando, durante años, grupos y grupos. Entre 1986 y 2001 formuló una síntesis de sus conocimientos y experiencias y, como resultado, escribió el libro PLENITUD DE VIVIR, que ha tenido varias ediciones. También aparece en Internet:semanarioguia. com.mx

En la misa de exequias, alguien comentó que la casa de Julio era una Betania, siempre abierta a la amistad y a la sabiduría.

Backyard jumps with my dog, at the cabin (snowboarding)

Backyard jumps with my dog, at the cabin (snowboarding).

vía Backyard jumps with my dog, at the cabin (snowboarding).

¿Una nueva alianza entre ciencia y religión?. Leonardo Boff

¿Una nueva alianza entre ciencia y religión?

22/02/2013

Cada época cultural establece su diálogo con la naturaleza. Un día hace hincapié en su carácter imponderable y por eso mágico, otro día capta su simetría profunda y por lo tanto la naturaleza como cosmos, y otras veces incluso su aspecto creativo, irreductible a la lógica lineal. Según Alexandre Koyré e Ilya Prigogine, el diálogo experimental constituye la práctica específica de la ciencia moderna. Hoy más allá de ella, parece ser la práctica holística la que caracteriza el enfoque contemporáneo de la naturaleza. Todas las representaciones del mundo son complementarias y ayudan a descifrar aquello que es más que el enigma de la naturaleza, es decir, su verdadero misterio.

Para la visión contemporánea, el universo es cada vez más una realidad incognoscible. Ella está continuamente desafiada a conocer un proceso que no tiene fin. Por esta razón, es importante tomar en serio las distintas ventanas que los distintos saberes abren a la comprensión de la naturaleza. De ahí su carácter holístico (totalizador y sintético).

De todas formas, la lectura del mundo pertenece al complejo cultural del tiempo y se inscribe en el concierto de las demás prácticas. Del diálogo del ser humano con la naturaleza surgen varias cosmologías.  Y cada cosmología se orienta por una imagen del mundo resultante de los más distintos saberes.

Curiosamente, cada cosmología plantea la cuestión de Dios. Y con razón, porque como decía el gran físico David Bohm (Premio Nobel): “La gente intuye una forma de inteligencia que organizó, en el pasado, el universo, y la personalizaron llamándola Dios”.

La cosmología antigua veía el mundo a través de la metáfora de la pirámide. Dios ahí encajaba perfectamente, como la cumbre de todos los seres. En la cosmología moderna de A. Newton y G. Galilei el mundo era visto como una máquina que funciona con sus leyes deterministas. Dios entra como el arquitecto del universo que pone a funcionar la máquina al principio y ya no tendrá que acompañarla. La cosmología contemporánea ve el mundo como un juego o un baile o un tejido o una red. Desde hace décadas, se reconoce que el universo es un inmenso juego de las fuerzas en interacción, una danza cósmica de partículas siempre interdependientes, formando campos de materia y de energía cada vez más ordenados hasta adquirir en los seres vivos autorregulación, que escapa a la segunda ley de la termodinámica: la entropía. La flecha del tiempo, en lugar de conducirnos al desorden máximo y a la muerte térmica, nos lleva hacia niveles cada vez más altos de sentido y de creatividad. Es la visión de Ilya Prigogine (premio Nobel) con sus estructuras disipativas.

Lo que más fascina a los científicos es la constatación de la armonía y la belleza del universo. Todo parece haber sido montado para que de la profundidad abismal de un océano de energía primordial (vacío cuántico), surgiera el campo de Higgs, los bosones, las partículas elementales, después la materia ordenada, luego la materia compleja que es la vida y por último la materia en completa sintonía de vibraciones, formando una suprema unidad holística: la conciencia (condensado Bose-Einstein de tipo Fröhlich/ Prigogine).

Como dicen los formuladores del principio antrópico (fuerte y débil, Brandon Carter, Hubert Reeves y otros): si las cosas no hubieran ocurrido como ocurrieron, no estaríamos aquí para hablar de ellas. Es decir, para que nosotros pudiéramos estar aquí, fue necesario que todos los factores cósmicos en todos los 13,7 mil millones años se hayan articulado y hayan convergido de tal manera que fuese posible (aunque no es necesario) la complejidad, la vida y la conciencia. De lo contrario nada de lo que existe hoy en día existiría.

Ha habido un minucioso ajuste de las constantes fundamentales sin el cual nunca habrían surgido las estrellas ni eclosionado la vida en el universo. Por ejemplo, si la fuerza nuclear fuerte (la que mantiene la cohesión de los núcleos atómicos) hubiera sido un 1% más fuerte, jamás se habría formado el  hidrógeno, que combinado con el oxígeno nos da el agua, imprescindible para los seres vivos.

En cada cosa  encontramos el todo, el caos siendo creativo, las fuerzas interactuando, las partículas articulándose,  la estabilización de la materia sucediendo, la apertura a nuevas relaciones dándose, y la vida creando órdenes cada vez más sofisticados y autoconscientes.

La verificación de este orden del universo hace surgir en los científicos como Einstein, Heisenberg, Bohm, Prigogine, Swimme y otros, el sentimiento de asombro y reverencia.  Nos abre a los espacios infinitos de la indagación humana: ¿Qué existía antes de la existencia temporal del universo? ¿Por qué existe el ser y no la nada? ¿Qué esa Realidad que se presenta como la creadora y sustentadora de todos los fenómenos?

Ella tiene un nombre, el de nuestro respeto y nuestra devoción. Un filósofo como Jean Guitton podía decir, “no me atrevo a nombrarla, pues cualquier nombre es imperfecto para designar al Ser sin semejanza”. Un teólogo se atreve más: la llama Dios: Energía de todas las energías.

Balance anual de lo micro: brotes en el desierto. Leonardo Boff

Texto de Leonardo para el domingo 6 de enero.
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Balance anual de lo micro: brotes en el desierto

2013-01-06

Desde San Agustín (“en cada hombre hay simultáneamente un Adán y un  Cristo”), pasando por Abelardo (“Sic et non”), por Hegel y Marx, hasta  llegar a Leandro Konder, sabemos que la realidad es dialéctica. Es  decir, es contradictoria, porque los opuestos no se anulan sino que se  tensionan y conviven permanentemente, generando dinamismo en la  historia. Esto no es un defecto de fabricación, sino la marca registrada de lo real. Nadie lo ha expresado mejor que el pobrecito de Asís al  rezar: “donde haya odio que yo lleve amor, donde haya tinieblas que  lleve la luz, donde haya error que lleve la verdad…”. No se trata de  negar o de anular uno de los polos, sino de optar por uno, el luminoso, y reforzarlo hasta el punto de impedir que el otro, negativo, sea tan  destructivo.

¿A que viene esta reflexión? Con ella quiere expresarse que el mal nunca es tan malo que impida la presencia del bien; y que el bien nunca es  tan bueno que suprima la fuerza del mal. Debemos aprender a negociar con estas contradicciones. En un artículo anterior intenté hacer un balance de lo macro, negativo: así como estamos vamos de mal en peor. Pero  dialécticamente hay un lado positivo que importa realzar. Un balance de  lo micro nos revela que estamos asistiendo, esperanzados, al brote de  flores en el desierto. Y esto está ocurriendo por todas las partes del  planeta. Basta frecuentar los Foros Sociales Mundiales y las bases  populares de muchas partes para notar que hay vida nueva que está  abriéndose en medio de las víctimas del sistema e incluso en empresas y  en dirigentes que están abandonando el viejo paradigma y se ponen a  construir un Arca de Noé salvadora.

Anotamos aquí algunos puntos de mutación que podrán salvaguardar la vitalidad de la Tierra y garantizar nuestra civilización.

El primero es la superación de la dictadura de la razón instrumental  analítica, principal responsable de la devastación de la naturaleza,  mediante la incorporación de la inteligencia emocional o cordial, que  nos lleva a implicarnos con el destino de la vida y de la Tierra,  cuidando, amando y buscando el vivir bien.

El segundo es el fortalecimiento mundial de la economía solidaria, la  agroecología, la agricultura orgánica, la bio-economía y el  eco-desarrollo, alternativas al crecimiento material vía PIB.

El tercero es el eco-socialismo democrático que propone una forma nueva  de producción con la naturaleza y no contra ella y una necesaria  gobernanza global.

El cuarto es el bio-regionalismo que se presenta como alternativa a la  globalización homogeneizadora, valorando los bienes y servicios de cada  región con su población y cultura.

El quinto es el buen vivir de los pueblos originarios andinos que supone la construcción del equilibrio entre los seres humanos y con la  naturaleza a base de una democracia comunitaria y el respeto a los  derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra o el Índice de Felicidad  Bruta del gobierno de Bután.

El sexto es la sobriedad compartida o la sencillez voluntaria que  refuerzan la soberanía alimentaria de todos, la justa medida y la  autocontención del deseo obsesivo de consumir.

El séptimo es el visible protagonismo de las mujeres y de los pueblos  originarios que presentan una nueva benevolencia hacia la naturaleza y  formas más solidarias de producción y de consumo.

El octavo es la lenta pero creciente acogida de las categorías de  cuidado como condición previa para una sostenibilidad real. Esta está  despegándose de la categoría desarrollo y es vista como la lógica de la  red de la vida que garantiza las interdependencias de todos con todos  asegurando la vida en la Tierra.

El noveno es la penetración de la ética de la responsabilidad universal, pues todos somos responsables del destino común, el nuestro y el de la  Madre Tierra.

El décimo es la recuperación de la dimensión espiritual, más allá de las religiones, que nos permite sentirnos parte del Todo, percibir la  Energía universal que todo penetra y todo sostiene y nos hace cuidadores y guardianes de la herencia sagrada recibida del universo y de Dios.

Todas estas iniciativas son más que semillas. Son ya brotes que muestran la posible floración de una Tierra nueva con una humanidad que está  aprendiendo a responsabilizarse, a cuidar y a amar, lo que afianza la  sostenibilidad de este pequeño planeta nuestro.

Vea L. Boff y M.Hathaway El Tao de la Liberación, explorando la ecología de la transformación (Vozes 2012).

Balance anual de lo macro: vamos de mal en peor. Leonardo Boff

Texto de Leonardo para el fin de año, 31 de diciembre.
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Balance anual de lo macro: 

vamos de mal en peor 

2012-12-31

La realidad mundial es compleja. Es imposible hacer un balance  unitario. Voy a intentar hacer uno referente a la realidad macro y otro a la micro. Si consideramos la forma en que los dueños del poder se están enfrentando a la crisis sistémica de nuestro tipo de civilización  —organizada sobre la base de la explotación ilimitada de la naturaleza,  la acumulación también ilimitada y la consecuente creación de una doble  injusticia: la social con sus perversas desigualdades a nivel mundial, y la ecológica con la desestructuración de la red de la vida que  garantiza nuestra subsistencia—, y si tomamos como punto de referencia  la COP 18 realizada en este final de año en Doha (Qatar) sobre el  calentamiento global, podemos sin exageración decir: estamos yendo de  mal en peor. De continuar por este camino, vamos a encontrarnos, a no tardar mucho, delante de un «abismo ecológico».

Hasta ahora no se han tomado las medidas necesarias para cambiar el  curso de las cosas. La economía especulativa sigue floreciendo, los  mercados son cada vez más competitivos —lo que equivale a decir cada vez menos regulados—, y la alarma ecológica, materializada en el  calentamiento global, dejada prácticamente de lado. En Doha sólo faltó  dar la extremaunción al Tratado de Kyoto. Irónicamente se dice en la  primera página del documento final que nada resolvió, pues pospuso todo  para 2015: «el cambio climático representa una amenaza urgente y  potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el  planeta, y este problema necesita ser afrentado con urgencia por todos  los países». Y no está siendo afrentado. Como en los tiempos de Noé,  continuamos comiendo, bebiendo y recogiendo las mesas del Titanic que se hunde, escuchando todavía la música. La Casa está en llamas y mentimos a los otros diciendo que no lo está.

Veo dos razones para esta conclusión realista que parece pesimista.  Diría con José Saramago: «no soy pesimista; la realidad es la que es  pésima; yo soy realista». La primera razón tiene que ver con la premisa  falsa que sustenta y alimenta la crisis: el objetivo es el crecimiento  material ilimitado (aumento del PIB), realizado sobre la base de la  energía fósil y con un flujo totalmente liberado de los capitales,  especialmente especulativos.

Esta premisa está presente en los planes de todos los países, incluido  el brasilero. La falsedad de esta premisa reside en la total falta de  consideración de los límites del sistema-Tierra. Un planeta limitado no  soporta un proyecto ilimitado. No tiene sostenibilidad. Es más, se evita la palabra sostenibilidad que viene de las ciencias de la vida;  ella no es lineal, se organiza en redes de interdependencias de todos  con todos, que mantienen funcionando todos los factores que garantizan  la perpetuación de la vida y de nuestra civilización. Se prefiere hablar de desarrollo sostenible, sin darse cuenta de que se trata de un concepto contradictorio porque es lineal, siempre creciente, y supone  la dominación de la naturaleza y la quiebra del equilibrio ecosistémico. Nunca se llega a ningún acuerdo sobre el clima porque los poderosos  consorcios del petróleo influencian políticamente a los gobiernos y  boicotean cualquier medida que les disminuya las ganancias, por eso no  apoyan las energías alternativas. Sólo buscan el crecimiento anual del  PIB.

Este modelo está siendo refutado por los hechos: ya no funciona ni en  los países centrales, como lo muestra la crisis actual, ni en los  periféricos. O se busca otro tipo de crecimiento —que es esencial para  el sistema-vida, pero que debemos hacerlo respetando la capacidad de la  Tierra y los ritmos de la naturaleza—, o encontraremos lo innombrable.

La segunda razón es más de orden filosófico y por ella he venido  luchando desde hace más de treinta años. Implica consecuencias  paradigmáticas: el rescate de la inteligencia cordial o emocional para  equilibrar el poderío destructor de la razón instrumental, secuestrada  hace siglos por el proceso productivo acumulador. Como nos dice el  filósofo francés Patrick Viveret, «la razón instrumental sin la  inteligencia emocional puede perfectamente llevarnos a la peor de las  barbaries» (Por uma sobriedade feliz, Quarteto, 2012, 41);  recuérdese la remodelación de la humanidad proyectada por Himmler que  culminó con la shoah, la liquidación de los gitanos y de los  discapacitados.

Si no incorporamos la inteligencia emocional a la razón  instrumental-analítica, nunca vamos a sentir los gritos de la Madre  Tierra, el dolor de las selvas y los bosques abatidos, ni la devastación actual de la biodiversidad, del orden de casi cien mil especies por año (E. Wilson). Y junto con la sostenibilidad debe venir el cuidado, el  respeto y el amor por todo lo que existe y vive. Sin esta revolución de  la mente y el corazón iremos, sí, de mal en peor.

Ver mi libro: Proteger la Tierra-cuidar de la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía 2011.
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